No sabría decir cuál de las dos elecciones que se celebran hoy es más importante para nuestras vidas. Las de Castilla y León parecen quedarnos lejos a los catalanes, pero la rebelión de la llamada “España vaciada” contra el vampiro madrileño, que absorbe personas, energías y dinero de todo lo que tiene a su alcance, es la condición sine qua non para que España haga el cambio estructural que Catalunya necesita, tal como pronosticó Pasqual Maragall hace 20 años. Sin embargo, todo apunta a que estas elecciones aún no provocarán ningún cambio importante, así que vale la pena dedicar el artículo a las otras elecciones, las del Barça, segura y significativamente de más interés para los lectores de este diario.

Las elecciones a la presidencia de un club deportivo son, de entrada, un acontecimiento privado que, en un país normal, no debería afectar a la vida de las personas. Sin embargo, Catalunya no es un país normal y por eso un club deportivo debe ejercer la anomalía de ser más que un club y ejercer como tal. Últimamente, no obstante, la función social del Barça ha adquirido una nueva dimensión. Hemos tenido guerras y tragedias humanitarias; el presidente de los Estados Unidos nos amarga la existencia; la crispación política española nos deprime y la política catalana nos aburre… Y cuando más lo necesitábamos, individual y colectivamente, el Barça nos ha procurado momentos de evasión con efectos antidepresivos, así que sí, el Barça afecta a nuestras vidas, lo cual aumenta el interés y la trascendencia de las elecciones que se celebran hoy.

Cuando más lo necesitábamos, individual y colectivamente, el Barça nos ha proporcionado momentos de evasión con efectos antidepresivos, así que sí, el Barça afecta a nuestras vidas, lo cual aumenta el interés y la trascendencia de las elecciones de hoy

Se enfrentan dos candidaturas, pero en realidad se trata de un referéndum sobre el presidente Joan Laporta. El hasta ahora presidente tiene a los partidarios que ha cultivado aprovechando que, bajo sus mandatos, el Barça ha vivido los mejores momentos de su historia. Su contrincante, Víctor Font, seguramente inspira confianza a quienes han podido conocerlo, pero no son suficientes como para ganar. No se percibe una masa crítica de victorfontistas, así que su argumento principal es el cambio, es decir, el no a Laporta. Desbancar a Laporta para que Font asuma la presidencia. Font es un empresario de éxito, lo que lo acredita como gestor, pero no tiene expediente como dirigente de una entidad con las características del Barça, así que más allá de declaraciones de buenas intenciones, su discurso no puede ser otro que desacreditar la labor realizada por el presidente saliente. La mayor parte de la gente que lo vote no lo hará tanto a favor suyo como en contra de Laporta. Su táctica consiste, pues, en agrupar y movilizar a todos los socios que, piensen como piensen y sean como sean, detestan al personaje Laporta. La cuestión es si existe un movimiento antilaportista y por qué.

Laporta tiene en contra simultáneamente al madridismo institucional y a buena parte del establishment catalán, político, empresarial y mediático. Tiene un punto de líder subversivo que forma parte del encanto del personaje

En política, la propuesta electoral de cambio siempre da buenos resultados cuando las cosas van muy mal, pero cuando van bien los discursos catastrofistas suelen fracasar. Es lo que le ocurrió al PP contra Felipe González y al PSC contra CiU en los años 80 y 90. El cambio suele producirse cuando la situación es mala. Por eso sorprende una propuesta de cambio precisamente cuando el Barça ha superado la crisis más grave de su historia. Laporta heredó la peor situación económica, deportiva e institucional del club y, a trancas y barrancas con maniobras creativas pero complicadísimas, ha resucitado una entidad al borde de la quiebra; los equipos han vuelto a ganar y lo más impresionante es que, con las arcas vacías, Laporta ha tenido el coraje de afrontar la construcción de un estadio nuevo, porque el antiguo también amenazaba ruina. Con este balance casi milagroso, los contrarios a Laporta no pueden serlo por la labor realizada sino por otros motivos.

Sin embargo, el mundo del fútbol es demasiado opaco y hay demasiados intereses como para poner la mano en el fuego por nadie, y no se puede obviar que Joan Laporta es un personaje controvertido. Ciertamente tiene una forma de hacer algo grotesca y una cierta habilidad para crearse enemigos, pero sobre todo enemigos más poderosos. Por uno o por muchos motivos, Laporta tiene en contra simultáneamente al madridismo institucional y a buena parte del establishment catalán, político, empresarial y mediático. Fue muy significativa la entrevista a Xavi Hernández, en la que el exentrenador ajustaba cuentas con Laporta, publicada a toda prisa la noche antes del debate de RAC1. La publicó La Vanguardia y se apresuraron a reproducirla Ara y El Periódico. ¿Por qué van todos contra Laporta? Porque, para bien o para mal, Laporta es un líder con ese punto entre disruptivo y subversivo que le genera detractores, pero también es precisamente lo que alimenta el encanto del personaje.