La fuerza política y mediática de la resolución que el Parlament debatirá el lunes por la mañana y que pretende ser el inicio del proceso de desconexión de Catalunya con España, ha dejado en un segundo plano la primera sesión de investidura del president de la Generalitat en funciones, Artur Mas, que se celebrará el mismo día por la tarde. Los resultados electorales del pasado 27 de septiembre dejaron un mapa político con demasiados interrogantes, algunos de los cuales, cuarenta días después, aún no se han resuelto. La candidatura ganadora de Junts pel Sí obtuvo 62 escaños, la CUP 10 y el resto de partidos de la oposición, 63 diputados. Es ahí donde radica, desde la misma noche electoral, el problema angular para la sesión de investidura, que debe dar paso a un nuevo gobierno. Los diez diputados de la CUP no están, en principio, dispuestos a votar a Artur Mas y, en consecuencia, al candidato de JxSí le faltan dos escaños para llegar a los 64. Una cifra mágica que superaría a los 63 del resto de la oposición y con la que podría salir investido en segunda votación, ya que para la primera votación, que tendrá lugar el martes, necesitaría sumar 68, la mayoría absoluta de la Cámara catalana. En estos momentos, no es exagerado señalar que todo apunta a una candidatura fallida para la próxima semana.
Sin embargo, hay elementos suficientes para pensar que no necesariamente las cosas tienen que ser así la semana próxima o en las fechas inmediatamente posteriores. En primer lugar, los acuerdos políticos que han suscrito JxSí y la CUP y que han dado pie a la resolución del lunes y al anexo complementario que presentaron el mismo viernes y que afecta a la política social. En segundo lugar, el movimiento público que hizo ayer en Perpinyà la organización anticapitalista apuntando su disposición a acordar e investir un candidato o candidata de Convergència que no sea Mas. El president en funciones tiene a su favor que ni en público ni en privado ninguno de los candidatos que configuraron la candidatura, ni de los dirigentes de su partido o de Esquerra, le han pedido que dé un paso atrás o al lado. Muy al contrario, Junts pel Sí se siente con suficiente fortaleza para aguantar el envite de la CUP hasta el plazo final para investir un president de la Generalitat, el 9 de enero.
¿Pero qué piensa Mas? Ahí es donde surgen mayores interrogantes y nadie se atreve a dar una respuesta contundente. En las últimas fechas ha tenido muchas conversaciones cruzadas, todas ellas discretas, con la cúpula de Junts pel Sí y también con dirigentes de la CUP, bien individualmente o con varios dirigentes. El hecho de que haya hablado más del proceso que tiene que realizar Catalunya y de sus enormes dificultades que de su candidatura, ha despertado múltiples conjeturas e interrogantes entre los asistentes que más creen conocer al president. Habrá que esperar unos días para salir de algunas de estas dudas y seguir con atención la sesión de investidura. El president en funciones ha dado muestras de sobra de ofrecer soluciones imaginativas e inesperadas en momentos políticamente clave de los últimos tiempos. ¿Será esta vez así?