Una de las situaciones más sorprendentes en que nos podemos encontrar es cuando preguntamos a una criatura qué está dibujando. Aunque sus dibujos nos parezcan garabatos de color sin significado, los pequeños ven en ellos soles, casas, perros y personas, y con una candidez encantadora nos van señalando los diferentes elementos de la imagen que representa lo que solo existe en su mente. A medida que se van haciendo mayores, los garabatos se vuelven más precisos y los dibujos ya son bocetos más fieles a la realidad, pero parte de la atracción que ejercen sobre nosotros, los artistas, es justamente esta capacidad de crear nuevas formas e imaginar figuras que pueden ser o no fieles a la realidad, pero que generan nuevas percepciones y evocan sensaciones. El arte nos quiere conmover, no nos quiere dejar fríos.

Siempre hemos considerado que entre las características que mejor nos definen como humanos está la capacidad para el pensamiento abstracto y la representación figurativa y simbólica. Actualmente, hemos creado máquinas (de hecho, algoritmos) que son mejores que nosotros en muchas actividades, como la rapidez en el cálculo y el análisis de muchos datos. La llamada IA o inteligencia artificial existe porque está basada en código, es decir, en un lenguaje (en este caso, informático/matemático) que permite codificar información, transmitir información y crear nueva, siempre que se la entrene con muchos datos. Porque, de hecho, lo que hace la IA es encontrar patrones; y la información y el lenguaje se basan en patrones, más o menos complejos, pero patrones, al fin y al cabo.

De hecho, nosotros hemos creado la IA como ingenieros que somos, optimizando metodología, mientras que la selección natural ha llevado a desarrollar nuestro particular cerebro, un cerebro que nos permita interpretar el mundo que nos rodea, que tiene circunstancias cambiantes y dinámicas, un cerebro relativamente flexible, capaz de aprender y tomar decisiones, y por eso debe ser capaz de interpretar patrones, predecir dinámicas y de adelantarse a ellas. Nuestro cerebro se siente tan cómodo encontrando patrones que, cuando no los hay, nos los inventamos, como ocurre con las supersticiones o las “manías”. No es de extrañar, pues, que hayamos creado una IA que sea muy buena detectando patrones, sobre todo si la entrenamos con datos que hemos generado nosotros, como el lenguaje, “alimentando” los algoritmos con millones y millones de frases y textos. También será muy buena generando música, que es otro lenguaje generado por los humanos, que tiene códigos concretos y límites físicos (percepción de las ondas auditivas).

¿Llegará el día en que los científicos ya no seremos necesarios y la única ciencia la harán las IA?

Por lo que dicen ciertos estudios científicos, la IA generativa ya es mejor generando texto literario que la gran mayoría de los humanos e, incluso, pueden generar nuevos textos imitando estilos de escritura característicos de ciertos autores. ¿Es actualmente la IA generativa más creativa que los humanos generando literatura? Se puede discutir que la IA no tiene intención de conmovernos y, por lo tanto, no la podemos considerar un agente creativo como lo son los escritores y artistas, pero, si el resultado final es indistinguible, la discusión es conceptual. Por otro lado, la IA generativa puede diseñar y escribir ciencia mejor que muchos humanos, y esto podría llegar a ser un problema. Muy recientemente, la revista Nature ha publicado un artículo sobre IA Scientist, una IA generativa pensada para diseñar y efectuar estudios científicos, de forma totalmente automatizada y sin intervención humana. Incluso ha publicado un artículo científico y ha pasado los controles de los revisores, que no sabían que todo el artículo había sido generado por una IA. ¿Llegará el día en que los científicos ya no seremos necesarios y la única ciencia la harán las IA?

En todo caso, la representación figurativa y simbólica es un aspecto de nuestra inteligencia humana que no tiene un lenguaje estructurado y codificado. Le podemos pedir a la IA generativa que dibuje un perro o una persona y lo hará, y actualmente lo puede hacer con un realismo extraordinario, pero le costará mucho entender un dibujo de un niño (en que una mano humana puede ser tanto un círculo, como dos rayas o muchas rayas saliendo de un punto), porque los elementos figurativos no tienen que ser necesariamente obvios —de hecho, pueden faltar muchos—, sino que es el conjunto el que evoca una imagen en nuestro cerebro, aunque le falten elementos. Es pura imaginación. ¿Podemos estudiar si la IA es realmente creativa cuando dibuja? Los humanos nos podemos inspirar en una nube o en unas líneas aparentemente aleatorias en el suelo para imaginar una imagen, pero, realmente, ¿cómo construye la IA una figura, cómo la imagina antes de hacerla? Esta es la pregunta que se hicieron un grupo de científicos especialistas en lingüística, neurobiología y cognición y ciencia de la visión por computador, inspirados a partir de un taller organizado con la Fundació Èpica de la Fura dels Baus, que quería unir los mundos de la ciencia, la tecnología y el arte.

En un estudio recién publicado en Advanced Science, este grupo de investigación interdisciplinario planteó el proceso creativo figurativo a partir de unos elementos básicos muy sencillos (un arco, dos líneas rectas…, ver Figura) y pidiendo a personas y a la IA generativa (Chat GPT-4o) que hicieran un dibujo. En cuanto a las personas, había un grupo de artistas visuales, personas no artistas; y en cuanto a la IA, también había dos grupos: una IA dirigida por instrucciones humanas y una IA autoguiada con muy poca guía humana. Se generaron una gran cantidad de dibujos, de los cuales después era necesario evaluar la creatividad. Esta creatividad fue valorada cuantitativamente respecto a diversas características: agrado (placer), viveza, originalidad, estética y curiosidad. Sin decir la autoría de cada dibujo (para evitar prejuicios y sesgos), de nuevo cuatro grupos diferentes de personas e IA (artistas visuales, población general, IA entrenada con los resultados de otros dibujos valorados por artistas e IA con muy pocas instrucciones humanas) valoraron los dibujos aportados. Cada dibujo fue valorado por múltiples personas e IA de cada grupo, por lo tanto, la valoración final es representativa. Podéis ver una muestra de las figuras y su puntuación en la Figura adjunta.

Figura. Figuras extraídas del artículo 'Rondini et al. Advanced Science (2026): e24142'. A la izquierda, los estímulos iniciales que servían de inspiración y, a la derecha, resultados representativos de la imaginación creativa de artistas, población general, Chat-GPT 4o guiada por humanos y Chat-GPT 4o autoguiada, con su valoración media.

Los resultados son abrumadores. En cuanto a creatividad e imaginación, todavía los humanos somos mucho mejores que la IA, tanto cualitativa como cuantitativamente. Además, los valores de la evaluación ordenaban, con una clara y estadísticamente significativa diferencia, en primer lugar, los dibujos creados por los artistas, seguidos por la gente no artista, después la IA guiada por humanos y, en última posición, la IA autoguiada.

Curiosamente, los humanos, artistas o no, eran mucho más consistentes en sus valoraciones. En cambio, Chat GPT-4o dio puntuaciones menos consistentes dentro del grupo y valoraba un poco mejor algunos de los dibujos generados por una IA. La IA generativa guiada y entrenada con valoraciones de dibujos por parte de artistas se acercaba un poco más a las valoraciones humanas. Claro, al final somos los humanos los que hemos definido los conceptos de creatividad e imaginación. A los humanos nos gusta lo que nos gusta de forma innata y, por eso, somos más compatibles en los gustos que Chat GPT con nosotros, que no sé hasta qué punto puede decidir que un dibujo le es más placentero que otro, porque el placer es una emoción, una opinión totalmente subjetiva. Así que, de momento, parece que los humanos somos más creativos e imaginativos que la IA generativa. ¡Todavía no lo tenemos todo perdido! De momento.