Hoy es 18 de enero y, según me confirman fuentes municipales, en Ripoll todavía no ha nacido ningún bebé este año. Es un dato tan silencioso como significativo. Y, sobre todo, mucho menos mediático y aparatoso que los del 1 de enero, cuando se está pendiente de quién es el primer catalán en nacer, de qué municipio es, cómo se llama y, sobre todo, quiénes son y de dónde son sus padres. El caso es que han transcurrido casi tres semanas de este 2026 y Ripoll todavía no tiene su primer bebé del año. El año pasado, la primera ripollense del año fue Jannat Echaoui, que nació el 7 de enero de 2025. El Ajuntament le dio el lote bebé; un obsequio que contenía productos de higiene y para la atención del recién nacido, una bolsa de Ripoll, una pegatina para el coche, una tarjeta para anotar los datos del nacimiento y entradas para la piscina para su familia, ya que Jannat tiene hermanos mayores.
La entrega del lote bebé por parte del Ajuntament de Ripoll a Jannat Echaoui se hizo más de dos meses después de su nacimiento, el 24 de marzo de 2025, y se realizó aprovechando la celebración del llamado consistorio infantil, una sesión mensual en la que niños y niñas de Ripoll hablan de las cuestiones que más les afectan. En la nota de prensa del Ajuntament de Ripoll se deja claro, en el texto, que en el acto de entrega del lote bebé a Jannat Echaoui estaban la alcaldesa Sílvia Orriols y la concejala de Bienestar Social y Familia Anna Flores, que también es de Aliança Catalana. A pesar de la prolífica presencia audiovisual de Orriols —sobre todo en las redes—, en la nota de prensa no hay ninguna fotografía de la presencia de la alcaldesa en este acto de celebración por la primera conciudadana suya de 2025, Jannat Echaoui.
En Ripoll, en 2024 nacieron 71 bebés, murieron 125 personas y llegaron 323 inmigrantes
En el año 2024, el primero completo de la etapa de Sílvia Orriols como alcaldesa de Ripoll, y el último del que se disponen datos, en Ripoll nacieron 71 bebés. Por el contrario, ese 2024, en Ripoll, se registraron 125 defunciones. Con una población de unos 11.000 habitantes, la capital del Ripollès registra un nacimiento por cada dos defunciones. En Catalunya, en 2024 nacieron 53.802 bebés y murieron 67.254 personas. El crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y muertes) es negativo en Catalunya, pero en el caso de Ripoll es casi el doble.
Por contra, en 2024 (último año con datos oficiales del INE), a Ripoll llegaron 323 inmigrantes, es decir, un 31% más que en 2023 (año de las últimas elecciones municipales). Esto es un 76% más que en 2021. En el año 2023, de las 246 personas llegadas a Ripoll solo 18 tenían pasaporte europeo. Las 228 personas restantes son de otros continentes del mundo: de América llegaron 110 y de África 97. Dicho de otra manera, Ripoll registró —en pleno mandato de Aliança Catalana— la llegada de más africanos que nacimientos de madres residentes en Ripoll. Las mismas fuentes municipales, que están esperando con ansias el nacimiento del primer o primera ripollense del año 2026 para prepararle el acto de entrega del lote bebé, me indican que durante 2025 (en el segundo año entero con Sílvia Orriols como alcaldesa) también ha crecido el número de inmigrantes empadronados en el municipio, pero los datos están pendientes del cierre oficial. Con todo, en Ripoll ahora mismo hay una ligera disparidad técnica sobre la población exacta porque en el padrón del 1 de enero de 2025 constan 11.049 habitantes mientras que al INE se comunicaron 10.665. Sea como sea, del último dato consolidado (1 de enero de 2024), en Ripoll residían 10.773 habitantes, de los cuales 1.619 son de nacionalidad extranjera, es decir, un 15% de la población
La verdad es compleja y la realidad no se puede resumir ni resolver con un vídeo de 20 segundos en TikTok
Estos son los datos y cada uno que saque sus conclusiones, porque, con las cifras, poca moralina se puede hacer (ni tampoco es mi intención). Simplemente hay que subrayar que las cifras acostumbran a ser más tercas que determinados relatos y discursos (vengan de donde vengan). La natalidad autóctona baja y el agujero demográfico que dejan los catalanes se llena con la llegada de personas extranjeras. Es evidente, pues, que, si se quiere preservar la cohesión social, no hay más remedio que regular los derechos y deberes de los inmigrantes y, paralelamente, ejecutar políticas activas de promoción de la natalidad. Y también es cierto que entre enviar a toda la población extranjera a Guantánamo y dar papeles para todos hay un carril central de la sociedad que aboga por una política sensata.
Pero antes que nada, hay un principio elemental: aceptar que la verdad es compleja, que la realidad no se puede resumir ni resolver en 20 segundos de TikTok y que la gestión de lo público es una demostración de ello, como por ejemplo dar entradas para la piscina a la familia de Jannat Echouani, y no por el mantra de “los inmigrantes se llevan todas las ayudas”, sino porque simplemente Jannat fue la primera ripollense en nacer. Los problemas del país se empezarán a solucionar cuando se asuma que Jannat ya está aquí y que nadie la expulsará. Pero a Jannat tampoco se la puede meter en un gueto ni obligarla a llevar el velo si ella no quiere, porque, aquí, la ley le permite esta libertad. Si se hacen las cosas bien, de aquí a unos años Jannat será una mujer autosuficiente e integrada. Y seguramente, a diferencia de sus padres o abuelos, hablará catalán. Pero antes es necesario que todos —derechas e izquierdas— asuman que Jannat ya forma parte del presente y futuro de Catalunya. Y, a pesar de todo, también del de Ripoll.
