Pawel Adamowicz fue alcalde de Gdansk, cuna del sindicato Solidarnosc, durante 21 años, hasta que murió apuñalado el domingo cuando participaba en un acto benéfico que se hace tradicionalmente después de Navidad. El alcalde era de Plataforma Cívica, el partido liberal al que pertenece Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, y ahora superado por los conservadores de Ley y Justicia de Lech Kaczynski. Miles de personas se reunieron en silencio en el centro histórico para protestar contra los mensajes de odio. El alcalde fue víctima de un loco, pero muchos polacos piensan que también lo ha sido del señalamiento de las organizaciones nacionalistas aliadas del gobierno. Esta es una noticia que en los tiempos en que importa más el cotilleo que el fondo de las cosas, ha pasado más desapercibida de lo que debería, porque lleva implícito un aviso para navegantes, ahora que un fantasma recorre Europa y ha entrado en España por Andalucía . Pero cuidado, porque el señalamiento lo practican en España medios de comunicación y políticos convencionales desde el “a por ellos”, primero contra independentistas, antes contra los podemitas, y ahora también contra feministas, el colectivo LGTBI o los inmigrantes.

Vivimos tiempos de trumpismo, pero también en los que el poder ya no es el poder. Ya no es para siempre ni lo que era

A veces hay que dejar de mirarse el ombligo y levantar la vista hacia las páginas de internacional. Se entienden mejor las amenazas. Y las dudas. E, incluso, las soluciones. Buena parte del soberanismo aplaudió a David Cameron cuando pactó el referéndum de Escocia. Y lo ganó, por cierto. La vía Cameron o la vía escocesa, reivindicaba el independentismo. Después, Cameron cayó en desgracia porque quiso volver a ganar una batalla política, esta vez contra los euroescépticos, con un referéndum de permanencia o salida de la UE que perdió. Inconsciente, le dijeron. No fue capaz de leer los nuevos tiempos, los de la indignación alimentada por el populismo. Pero, al final, se comportó como un demócrata. Él y Theresa May. Brexit means Brexit. La primera ministra no acaba de encontrar la salida. Pero de la situación puede emerger una solución que hay que apuntar de nuevo: otro referéndum sobre el Brexit. La solución, una vez más, es votar. O reiterar el Brexit o cambiar de opinión. O, incluso, situar el acuerdo de May con la UE que el Parlamento de Westminster le ha tumbado, a escrutinio de los británicos. Esta es la vía también para Catalunya. Que sirve para los que consideran que el referéndum ya se hizo. Y para los que consideran que no. Se puede votar reiterar la independencia o se puede votar un acuerdo. Se trata de poner imaginación y buscar una solución política. Para Catalunya, pero también para España. Votar, votar y votar. No hay otra salida.

Todo esto, sin embargo, no se puede hacer con una vida política condicionada por irresponsables que atizan el odio. Se impondrá otro tipo de discurso, otra manera de hacer política. Que existe. Al igual que en Polonia existe Tusk o la ultraderecha o en Estados Unidos existe Donald Trump pero también Alexandria Ocasio-Cortez, que ya se hizo célebre en las elecciones de medio mandato, pero a quien los ataques del trumpismo han lanzado al estrellato internacional atacándola por sus bailes de universitaria. Como si la alegría estibiese reñida con las convicciones. Ocasio-Cortez ha enamorado por sus bailes y su estilo, pero el fondo que nos debe importar es su feminismo y su lucha a favor de una educación y una sanidad universal. Vivimos tiempos de trumpismo, pero también en los que el poder ya no es el poder. Ya no es para siempre ni lo que era. Es tiempo también en que mujeres como Ocasio-Cortez pueden irrumpir en la política americana. Y la buena noticia es que de Ocasio-Cortez también las hay en España. Y también las hay en Catalunya.

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