A lo largo del artículo defenderé cosas de las que, cuando las digo en las tertulias, algunos de mis compañeros de mesa discrepan y que me piden que justifique. Para ahorrarme ese trabajo, ahora pondré un poco de contexto del momento en el que me he puesto a escribir. Esta mañana (ayer para el lector) ha prestado declaración en la Audiencia Nacional el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz. Y en la Audiencia Provincial de Badajoz, el abogado del hermano del presidente español, en el turno de cuestiones previas. El exministro declaraba por el caso Kitchen: una presunta operación parapolicial impulsada desde el gobierno Rajoy para espiar la información que tenía el tesorero del PP sobre la corrupción del PP y evitar que dicha información llegara a la justicia. El abogado de David Sánchez declaraba ante las acusaciones de tráfico de influencias y prevaricación administrativa por un puesto de trabajo hecho a medida en la Diputación de Badajoz. Ha dicho que “no ir a trabajar nunca ha sido delito en España”. Este es el contexto. No hace falta que justifique por qué pienso que la corrupción es estructural en el Estado español. Lo es presuntamente en la política, presuntamente en la justicia —que es quien hace política— y también presuntamente en la Corona.
La corrupción en España es estructural y asumida como un mal menor por todo el mundo. Por eso, ante las nuevas acusaciones de corrupción que afectan al PSOE y sobre si estas deberían suponer elecciones en España, yo me inclino por el no. Al menos de momento. ¿Por qué? Porque quien debería convocarlas es el autor de un libro que se llama Manual de Resistencia. Y sobre todo, porque aunque casi todo el mundo lo quiere políticamente muerto, nadie tiene la llave para hacer que eso ocurra de forma rápida. Estamos entre el “susto o muerte”. Los partidos a la izquierda del PSOE ya se han posicionado. Ponen mucha cara de enfadados pero ya han dicho que la alternativa a la corrupción del PSOE es la corrupción de la Gürtel y de la Kitchen. Y que entre “susto o muerte” escogen susto. También escogen seguir formando parte del gobierno de España, cosa que de otro modo sería imposible. Pero eso no lo dicen. Muchos interpelan a Junts y al PNV. ¿La legislatura está muerta? De acuerdo, pero ¿por qué deberían suicidarse ellos? También escogen susto. El PP tampoco opta por presentar una moción de censura. Ni siquiera instrumental. Tendría “susto” porque Feijóo no saldría bien parado del debate y también “muerte” ya que no prosperaría. Por tanto, mejor esperar mientras el PSOE se asa lentamente.
Aunque casi todo el mundo quiere al PSOE políticamente muerto, nadie tiene la llave para hacer que eso ocurra de forma rápida
¿Y el PSOE qué hará? Pues intentar resistir como sea. Y esperar que en este año que falta hasta la fecha de las elecciones las cosas puedan mejorar. Aunque de momento no se descarta que todavía puedan empeorar más. Pero el tiempo es oro. Aunque a largo plazo se demuestre que haber convocado elecciones antes habría sido más provechoso para quien tenía que tomar la decisión, casi nunca se adelantan unas elecciones si sabes que lo más probable es que las pierdas. Gobernar para resistir. Por tanto, si todo el mundo parece que de momento opta por el “susto”, ¿a quién le toca la “muerte”? Pues a la democracia, al Estado de derecho. Y seguramente a la economía, si se consolida la idea de que España no reúne los estándares democráticos que debería cumplir. ¿No hay nadie en el Estado español dispuesto a levantar la bandera de la no corrupción? ¿No hay nadie dispuesto a decir alto y claro que en una democracia no se puede dar por hecha la corrupción? ¿Nadie dirá que quien debe morir es el sistema corrupto del 78? Los partidos tienen ideales, pero sobre todo intereses. Desde el independentismo catalán y vasco esto debe de estar valorándose bien, supongo. Pero haría falta definir claramente qué es “susto” y qué es “muerte” para asegurarnos de que no nos estamos equivocando.
