Tal día como hoy del año 1694, hace 332 años, en Valls (entonces veguería de Tarragona) y en Solivella (entonces veguería de Montblanc) estallaba una revuelta contra las cargas militares impuestas por la monarquía hispánica a las clases populares. Aquella revuelta se produjo en el contexto de la Guerra de los Nueve Años (1689–1697), que enfrentaba a las dos principales potencias del momento (las monarquías francesa e hispánica) por el dominio de Catalunya. La cancillería de Madrid —que había introducido unos 20.000 efectivos en Catalunya— obligaba a las clases populares catalanas a alojar y alimentar a las tropas hispánicas. Estos militares se comportaban como un ejército ocupante, robando, agrediendo, violando, mutilando y asesinando a la población civil catalana.
El llamado Avalot dels Pobres [Motín de los Pobres] fue una continuación —a escala local— de otros fenómenos precedentes de características similares como el Corpus de Sangre (1640), que culminaría con la Guerra de Separación y la independencia de Catalunya (1641-1652/59), como la Revuelta de los Barretines (1687-1689) o el Avalot de les Faves [Motín de las Habas], de Manresa (1688). Aquellas revueltas tenían en común su génesis y su desarrollo. Inicialmente, eran revueltas antifiscales que protestaban por las abusivas cargas tributarias que se imponían al pueblo para mantener al ejército hispánico, y antiseñoriales, que protestaban porque la Iglesia y la nobleza habían sido eximidas de estas cargas. Pero que, finalmente, derivaban siempre hacia un movimiento antihispánico.
El Avalot dels Pobres fue sofocado con violencia por las tropas hispánicas acuarteladas en el Camp de Tarragona, que en aquella operación represiva contarían con el apoyo de elementos colaboracionistas locales. La resistencia de este movimiento no sería posible porque la explosión espontánea de la protesta no había consolidado el componente político e institucional que le habría permitido sostener la revuelta en el tiempo. En la documentación hispánica de la época se describió a los sublevados como auténticos enemigos del Estado hispánico y se les estigmatizó con expresiones como "gente malentretenida", "hombres disolutos y atrevidos que lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación cierta" o "gentuza sin nombre".