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Qué goce tan profundo el de titular una columna sin ningún tipo de escrúpulo. Pitas, pitas, pitas. Pero ahora que os tengo aquí, debo intentar contestar la pregunta en cuestión. A juicio de quien escribe, la "inauguración" del eclipse por parte del PSC y el caos de movilidad —sobre todo ferroviaria— posterior son dos caras de la misma moneda. Me explico: la prioridad de los socialistas no es, en ningún caso, mejorar la calidad de vida de los catalanes. Tampoco es, en ningún caso, la prosperidad del país en términos económicos, ni culturales. La prioridad de los socialistas es mantenerse en el Govern sin tener que abordar frontalmente ninguna de las urgencias —que son muchas— que a día de hoy presenta el país; por eso tiran de inauguraciones, y de macroeventos, y de victorias deportivas. Si ponemos como ejemplo el día del eclipse, podríamos preguntarnos qué ha hecho exactamente la denominada Comissió Interdepartamental de l’Eclipsi —aprobada en el acuerdo GOV/134/2025 del 20 de mayo de 2025— que el Govern creó para organizar la movilidad el pasado 12 de agosto. En las carreteras, colas de más de cuarenta kilómetros. En la estación de Rodalies de Tarragona, horas de espera infernales. En el Govern de los socialistas, mientras tanto, confeti y triunfalismo, como si el hecho de que la Luna pase por delante del Sol fuera mérito del señor de la Roca del Vallès que sufrimos de president. Rascan de donde pueden para, más o menos, tapar las consecuencias electorales de los agujeros, pero los agujeros se hacen cada vez más grandes y, políticamente, ya les va bien.

La suya es la política de la propaganda totalitaria blandita, una especie de marketing populista infantilizador —valga la redundancia— que tiene por función la de infantilizar. Si tratas a los ciudadanos como a niños, los ciudadanos asumirán que este es el trato que les corresponde como gobernados. En este contexto de anestesia y desamparo, el precio de no enfrentarse a las urgencias políticas será lo suficientemente bajo como para que la opción rentable sea —de momento— inaugurar el eclipse, en vez de centrar la acción política en actualizar una red ferroviaria que maltrata psicológicamente —y pronto, físicamente— a los catalanes. Saliendo del ejemplo del eclipse y los trenes, esta estrategia es la misma para el sistema sanitario, para la crisis en el sistema educativo, para el cuerpo de bomberos o para la gestión de los bosques, para la vivienda y para el modelo económico del ladrillo, el turismo y los sueldos bajos que nos acabará ahogando a todos.

La Catalunya de los diez millones, el crecimiento desmesurado de población anunciado con el mismo tipo de triunfalismo que el eclipse, solo es una vía de aceleración del naufragio

¿Por qué, pues, los socialistas son tan incompetentes? Porque la prioridad que les servía de motor para alcanzar el Govern era la pacificación del conflicto político y no la competencia y la gestión, a pesar de que en campaña hicieran ir ambas ideas de la mano. Son incompetentes porque pueden y, sobre todo, porque quieren. Su incompetencia política es programada: los ingredientes del colapso, en Catalunya, ya estaban ahí. Lo único que hacía falta para que la comunidad autónoma que disputaba económica y políticamente el poder a Madrid dejara de disputárselo, para que la comunidad que creía tener más incentivos y razones materiales para pensar que su independencia le resultaría más favorable que la dependencia española dejara de tenerlos, era no hacer absolutamente nada y esperar a que el cerdo engordara solo. Y eso es lo que hacen los socialistas: se aprovechan de la dejadez, la ineptitud y la cobardía de los Governs anteriores, también en términos culturales y lingüísticos, y no hacen nada. La Catalunya de los diez millones, el crecimiento desmesurado de población anunciado con el mismo tipo de triunfalismo que el eclipse, solo es una vía de aceleración del naufragio

Son incompetentes porque la incompetencia en la gestión es la mejor garantía para la consecución de sus objetivos nacionales. Porque precarizar Catalunya la hace más fácil de españolizar. Y para blanquear la incompetencia ante su electorado y electorado potencial —un electorado que ya está lo bastante dispuesto a aceptar la disfunción de los servicios con tal de que Catalunya sea española—, emplean el confeti y el nacionalismo banal para perpetuarse. Hay que admitir que, para llevar a cabo esta incompetencia programada, Illa fichó para el Govern a una gente que son auténticos profesionales de la cosa. El casting fue excelente, president. Albert Dalmau, Esther Niubó o Sílvia Paneque son incompetentes en la gestión política del país porque no pueden ser nada más, pobrecitos. No fallan nunca. Pero no debemos compadecernos de ellos: esto los convierte en los auténticos sicarios de la derrota, en los ejecutores idóneos del hundimiento del país. Los socialistas son incompetentes individualmente por cortedad, pero lo son políticamente en coherencia con la Catalunya que quieren. Y a todos los que pasaron por el Govern antes que los socialistas y se lo dejaron dispuesto para que lo único que hiciera falta fuera no hacer nada, hasta que no admitan su responsabilidad, habrá que tratarlos de cómplices.