Salvador Illa, todavía convaleciente de la enfermedad, pero plenamente reincorporado al tajo, asegura que tiene cuerda (proyecto) para diez años más, o sea dos legislaturas a sumar a la actual, que este año llegará al ecuador. ¿Para hacer qué? Según confesión presidencial, en una entrevista a El País este domingo, para “estabilizar” Catalunya, como si ya no hubiéramos tomado suficiente dosis de anestesia. También tiene clarísimo el president que no será candidato a la Moncloa —le faltó añadir “después de habérmelo pensado mucho”— y que el aspirante a desbancar a Pedro Sánchez, esto es, el popular Alberto Núñez Feijóo, no lo conseguirá. ¿Habrá, pues, Sánchez para diez años más? Los presupuestos y la financiación no parece que le preocupen mucho: en el primer caso, porque cree que no hay alternativa a aprobarlos y, en el segundo, que puede defender el modelo pactado con ERC “desde Algeciras a Girona”. ¿Rodalies? Por ahora, circulación lenta, pero todo llegará. ¿Viviendas? Se harán a docenas: 30.000 hasta 2030. En realidad, ahora mismo, Illa no tiene ni presupuestos. Y tiene el riesgo de que, detrás de la vehemencia, puede parecer que hay más humo que fuego. Pero, si lo analizamos bien, veremos que es en la debilidad de su Govern, un gobierno en minoría que depende de las jugadas de otros actores, Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, donde reside precisamente su fortaleza.
Salvador Illa tendrá presupuestos si a) en las próximas horas, Sánchez llama a Junqueras y le garantiza la recaudación del 100% del IRPF que el viernes le negó en persona en otra reunión en la Moncloa y b) si Junqueras, que no se ha levantado de la mesa a pesar de congelar la negociación, da finalmente un sí pragmático porque mejor unos millones en mano para vender políticas de izquierdas, como los Comuns con el plan contra la especulación inmobiliaria, que una nueva financiación volando. Es posible que no pase ni a) ni b): que Sánchez se mantenga en el “no es no” y que Junqueras se pregunte qué sentido tiene continuar pagando las fantas. Pero, ¿alguien cree que Salvador Illa hará como Pere Aragonès si este año o el que viene —cosa muy probable, dado que será año electoral— no consigue aprobar los presupuestos? ¿Alguien cree que Illa, eventual último bastión de poder socialista en las Españas, tirará la toalla? No: hoy por hoy, los venerables espejos del Palau de la Generalitat no devuelven a su actual titular la imagen de su antecesor cuando pasa por delante. El gobierno Illa no es el gobierno Aragonès aunque, a veces, lo pueda parecer. Incluso, aunque el anterior Molt Honorable ya supere al actual en presupuestos aprobados (el primero, el del conseller de Junts Jaume Giró, cuando tocaba, 8 meses después de la investidura). Mientras haya suplementos de crédito que Junqueras pueda exhibir como medallas olímpicas, fluirán los dineros para que la máquina (de Illa) continúe funcionando. He ahí la mejor garantía de la década prodigiosa que se avecina. Como diría el bueno de Freddie Mercury, show must go on!, y mañana será otro día.
Junqueras se ha hartado de defender un pacto de financiación con el PSOE que iba cojo. Es el riesgo de creerse las propias expectativas
El problema no lo tiene Illa, sino Junqueras. El president y líder del PSC no engaña a nadie: es obvio que no dará el no por respuesta a recibir el 100% de la recaudación del IRPF. Entre otros motivos, porque sería él quien administraría el mayor avance en autogobierno para Catalunya desde los pactos del Majestic. Pero el líder de ERC se ha hartado de defender un pacto con el PSOE, el de la nueva financiación, que ahora se ve con claridad meridiana que iba cojo. Es el riesgo de creerse las propias expectativas. La cesión de la recaudación del 100% del IRPF, el aspecto que verdaderamente implicaría un giro copernicano en el sistema, ni está por ningún sitio, ni, por lo visto, se le espera. Tampoco parece que el consorcio para garantizar la ejecución de las inversiones de los presupuestos del Estado en Catalunya, todo un sarcasmo en sí mismo, sea suficientemente revulsivo. Por eso se imponía la frenada en las negociaciones, después de que ERC cediera el lunes con la retirada de la proposición de ley en el Congreso sobre el IRPF y su conversión en una enmienda a la negociación global de la financiación.
En el frente de Aragón, la financiación autonómica ha sido munición de grueso calibre anticatalanista y anti-Sánchez y factor clave en el revolcón electoral del PSOE: por eso, la ministra de Hacienda y candidata a la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, se resistirá tanto como pueda a la cesión. A la vez, y visto el antecedente del motín de los maquinistas ferroviarios contra la Generalitat en el momento más duro de la crisis de Rodalies, el gobierno Sánchez alejará tanto como pueda un boicot de los inspectores de la Hacienda estatal al traspaso de la recaudación total del IRPF a Catalunya. ¿Quién pesa más en los platillos de la balanza de los intereses de Sánchez? ¿Montero o Junqueras? En el peor de los casos, Salvador Illa, que ha cedido el protagonismo al líder de ERC en la negociación directa con Sánchez, siempre podrá decir que él se ha dejado la piel por Catalunya. Como Aragonès, a quien abrasó la sequía, pero sin pelarse.