Pedro Sánchez preside el gobierno de España desde que tumbó a Mariano Rajoy con una exitosa moción de censura multipartita en 2018 y, durante las cuatro legislaturas en que ha gobernado, solo se han aprobado 3 presupuestos generales del Estado, los de 2021, 2022 y 2023; los de 2026 no han superado el corte parlamentario, por lo que España continúa con las cuentas prorrogadas de 2023. Salvador Illa es president de la Generalitat desde 2024 y, si Oriol Junqueras no lo remedia antes de este viernes, cuando el Parlament celebrará el debate de totalidad de las cuentas, y retira la enmienda presentada por ERC, tendrá que continuar con los presupuestos prorrogados de 2023, exactamente igual que le sucede a Pedro Sánchez. Que, ante este eventual escenario de ruptura con ERC, Illa convoque elecciones, está por ver. No digo que sea imposible porque en política, y más en política catalana, pocas cosas lo son. Pero escribí aquí que Illa no es Pere Aragonès, y nada me hace pensar otra cosa.
Es cierto que el anterior president de la Generalitat, el primero de ERC desde 1939, convocó a las urnas después de que el no de los Comuns sentenciara sus presupuestos, que sí que había pactado con el PSC, entonces en la oposición, como los anteriores, que sí logró aprobar, los de 2023. Son los últimos aún vigentes y que podrían ser prorrogados por tercera vez. Por eso, precisamente, ahora el presidente reclama a Junqueras que aplique aquello de “hoy por mí, mañana por ti”, y le salve sus presupuestos. Pero el descarrilamiento de las cuentas de Aragonès para 2024 fue más el empuje final que no la causa del aborto de una legislatura sin alma que murió el día que Carles Puigdemont decidió que Junts saliera del gobierno con ERC. La pregunta es: ¿es ahora Pedro Sánchez, que se niega a certificar y ponerse manos a la obra con el traspaso del 100 % del IRPF reclamado por ERC como condición sine qua non para aprobar las cuentas de Illa, quien tirará por la ventana la legislatura catalana? Nada se puede descartar en política, pero, una vez más, no parece que Illa sea Aragonès y convoque unas elecciones anticipadas en Catalunya que solo él puede convocar y que tampoco interesan a Sánchez. Y, ¿entonces?
¿Habrá nuevos presupuestos? Illa tiene poco que ganar con unas nuevas elecciones, y Junqueras, aún menos
Es cierto que Junqueras ha llevado al límite su órdago a Illa, pero, también, que pide al president de la Generalitat una cosa, el traspaso del 100 % del IRPF, cuyo cumplimiento, a pesar de que figurara en el pacto de investidura, está en manos de Sánchez y su ministra-candidata en Andalucía, María Jesús Montero. Los presupuestos catalanes no se hacen en la Moncloa o no se deberían hacer allí. Lo contrario es admitir que la Generalitat es un decorado de cartón piedra. Eso debería permitir situarlos en un terreno propio, no digo aislado del contexto, en el que prime la gestión al politiqueo. Los ciudadanos lo agradecerían.
Otrosí, también es cierto que Salvador Illa no saldrá indemne de la crisis, aunque opte por continuar la legislatura con prórrogas presupuestarias, con suplementos de crédito o aplazando la presentación de las cuentas al mes de junio, como ERC le sugiere. A diferencia de lo que sucede con su compañero de partido y alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, que ha conseguido aprobar dos de tres presupuestos, los del 2024 y el 2026, Illa aún tendría por estrenar su primer presupuesto en un escenario global de alta inestabilidad, ahora a raíz de la guerra provocada por Trump en el Golfo Pérsico con el ataque a Irán.
Así, el fracaso presupuestario no sería la mejor credencial de Illa para ir a unas nuevas elecciones que nadie quiere en Catalunya. Tampoco ayuda la pertinaz crisis ferroviaria o el malestar en sectores como el de la educación o la sanidad y parte del empresariado. La tentación de cargar el muerto del bloqueo de 50.000 millones a ERC no resolvería nada, ni ahora ni, sobre todo, después de esos hipotéticos nuevos comicios. El PSC no ganaría nada con una ERC erosionada en las urnas después de los pactos sin cumplir con los socialistas; y la opción de responsabilizar a Junts, a la cual ni siquiera se ha ofrecido una negociación formal de las cuentas, al menos hasta ahora, es demasiado cínica.
¿Habrá nuevos presupuestos, pues? Illa tiene poco que ganar con unas nuevas elecciones en las cuales no tendría garantizada la investidura con un pacto de izquierdas en un Parlament hiperfragmentado y sometido al dictado de la extrema derecha. Y Junqueras, que difícilmente podría presentarse a los comicios si continúa inhabilitado por la sentencia del Tribunal Supremo y la amnistía en el aire, todavía menos.