En 2020, veinticinco años después del referéndum de Quebec, Paul St-Pierre Plamondon, actual líder del Parti Québécois (PQ), publicó el libro "Reconstruir el campo del sí" para reconstruir políticamente el independentismo quebequés. En 1995, el sí a favor de la independencia de Quebec perdió el segundo referéndum por 54.000 votos: No 50,58 %; Sí 49,42 %. El primero fue en 1980, cuando el No ganó con el 60 %. La frustración fue larga e intensa dentro del movimiento.
Del libro de PSPP, siglas con las que se conoce al líder del PQ, pueden extraerse cuatro grandes ideas: modernizar los argumentos soberanistas, preservación lingüística y cultural, nacionalismo cívico por encima del nacionalismo étnico y estrategia política directa. Estos bloques agrupan las siguientes acciones: basta de nostalgia, planteamientos vigentes, adaptarse al contexto global, salvar la lengua, controlar la inmigración, ser inclusivos, diversidad de orígenes, valores compartidos, movilización y calendario claro. Las encuestas señalan que el Parti Québécois tiene posibilidades de ganar las próximas elecciones, previstas para octubre de este año. Y se presenta con el compromiso de convocar un tercer referéndum durante la legislatura si gobierna, aunque esta semana ha anunciado que lo aplazaría hasta después de la presidencia de Donald Trump.
Todo esto de Quebec viene a cuento porque algunos de los planteamientos de Paul St-Pierre Plamondon son muy próximos al momento político que vive Catalunya. Primero: propone un soberanismo en términos prácticos, sobre todo en inmigración, ya que es una cuestión que tiene consecuencias sobre la lengua, los servicios públicos, la vivienda y la cohesión social. Segundo: vincula soberanismo y responsabilidad. Propone dejar de buscar culpables fuera y asumir la responsabilidad de la gestión.
Nosotros discutimos mucho sobre qué debe ser Catalunya y quizás demasiado poco sobre qué debe hacer para acercarse a ello y finalmente conseguirlo. ¿Qué debemos hacer con la inmigración, la energía, los trenes, las infraestructuras o la cultura, por ejemplo? Reclamar las competencias en cada uno de estos ámbitos no debe implicar de entrada querer ser más permisivo ni más restrictivo. Es querer decidir para gestionarlo. Y me parece que este podría ser un punto de encuentro con la mayoría política del país.
La soberanía no es solo el horizonte de una Catalunya independiente, sino la herramienta imprescindible para gobernar el país de una manera responsable y moderna
Como hemos dicho, la inmigración incide en la escuela, la sanidad, la vivienda, los servicios sociales, la seguridad, el mercado laboral o la lengua. Si Catalunya administra buena parte de estos ámbitos, tiene sentido que quiera gobernar también esta variable. Lo que no tiene sentido es lo que ocurre en Rodalies, donde una administración planifica, otra tiene las vías, una empresa pone los trenes y otra controla la infraestructura y, cuando el servicio falla —cada día—, la responsabilidad se diluye.
Por eso responsabilidad y soberanía son inseparables. Un gobierno debe tener las herramientas para gobernar y, una vez que las tiene, debe responder por el resultado. Tan absurdo es exigir responsabilidades a quien no tiene poder como tener poder y culpar siempre a los demás. La misma lógica sirve para el aeropuerto, los puertos, el agua, las fuentes de energía, los impuestos o la lengua. Problemas distintos del país de hoy que siempre nos llevan al mismo lugar: ¿qué capacidad de decisión queremos que tenga Catalunya?
Obtener esta capacidad de gestión debería ser el punto de encuentro del catalanismo, ya que defenderla no anticipa el resultado. Soberanía energética no significa llenarlo todo de molinos. Del mismo modo que tener competencias en inmigración no significa cerrar fronteras. Significa algo más sencillo y exigente: que decidamos nosotros y que respondamos nosotros. Porque la soberanía no es solo la capacidad de decidir, sino la obligación de responder.
Quizás sea así como hay que explicar la soberanía después del procés. La soberanía no es solo el horizonte de una Catalunya independiente, sino la herramienta imprescindible para gobernar el país de una manera responsable y moderna. Reconstruir el espacio del sí seguramente consiste en eso: dejar de hablar de la soberanía que algún día queremos tener y encontrar consensos para construir la que hoy queremos ganar. Acumular soberanía, reducir dependencia. Hasta la independencia.
