Junts per Catalunya y Carles Puigdemont tienen un grave problema: Aliança Catalana. El partido antimusulmán está erosionando las bases electorales de los herederos de Convergència de forma realmente voraz. Esto ocurre sobre todo en la Catalunya interior, donde los de Sílvia Orriols llevan tiempo haciendo un gran esfuerzo por extender lo máximo posible la organización. No es sencillo, y un buen puñado de personas les han dado calabazas. Sin embargo, también son muchas las que sí se han apuntado al equipo de Orriols, que es visto como un caballo ganador. A día de hoy, es difícil calcular hasta dónde puede llegar el ascenso de Aliança en las elecciones al Parlament de Catalunya previstas para 2024. Aun así, la primera sacudida para el mapa político catalán, y sobre todo para Junts, llegará antes, en las elecciones municipales previstas para dentro de un año. Sus alcaldes llevan tiempo muy nerviosos. En Junts hay inquietud, y Jordi Turull, con la ayuda de Ramon Casals, trabaja febrilmente para levantar en cada pueblo y ciudad diques de contención contra los efectos de la tormenta devastadora que se acerca. Turull y compañía —también Puigdemont— son perfectamente conscientes de que es del todo imposible detenerla.
Junts per Catalunya intenta, decíamos, mantenerse en pie en la Catalunya interior, donde se ve gravemente amenazado por los populistas de Orriols. Pero los quebraderos de cabeza no terminan aquí. Otro es su debilidad en el área metropolitana y, de forma muy evidente, la incertidumbre en cuanto a la capital del país, Barcelona. Por extraño e incluso increíble que parezca, los de Puigdemont todavía no disponen de cabeza de lista y aspirante a la alcaldía. Los de Junts no es que lleguen tarde, es que llegan tardísimo. Deberían tener alcaldable y estar trabajando en su promoción desde hace muchos meses. El hecho es que Puigdemont no ha podido conseguir la complicidad de ninguna personalidad de peso que hiciera posible pensar en la victoria. Recordemos que en los últimos comicios Xavier Trias logró imponerse, y que si hoy no es alcalde, es porque el PP apoyó al segundo clasificado, el socialista Jaume Collboni.
Puigdemont, tras recibir varias negativas —como la de Artur Mas—, apostó por Josep Rius. Sin embargo, Rius tiró la toalla al darse cuenta de que habría otros aspirantes y habría que enfrentarse a ellos en unas primarias. Dichas primarias están señaladas en el calendario para el próximo 21 de junio, y hay cuatro competidores: Jordi Martí, Pilar Calvo, Glòria Freixa y Jaume Alonso-Cuevillas.
Junts trabaja febrilmente para levantar en cada pueblo y ciudad diques de contención contra los efectos de la tormenta devastadora que se acerca
La candidata favorita de Puigdemont y su entorno es Pilar Calvo. Nada asegura, sin embargo, que logre la victoria. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que el concejal Jordi Martí, antiguo hombre de confianza de Trias, lleva tiempo trabajando para ser el alcaldable y ha dado claras muestras de su determinación. Al margen de esto, como decíamos, ninguno de los posibles alcaldables de Junts parece capaz de vencer a Collboni, que saca todo el partido posible de su condición de alcalde. Collboni ha buscado en todo momento situarse en la centralidad política, lo que ha reducido el potencial espacio de Junts per Catalunya en la capital.
Todas estas incógnitas y quebraderos de cabeza son el síntoma de la dislocación interna que sufre Junts, que no consigue transmitir a la sociedad un proyecto bien estructurado, potente y atractivo. Uno de los motivos radica en las circunstancias de su líder. Carles Puigdemont se ve obligado a dirigir el partido desde el extranjero a través de representantes, a veces solventes y a veces no tanto, que actúan en su nombre. Hasta ahora, la fórmula ha ido funcionando gracias a la gran influencia del expresident de la Generalitat sobre su primer anillo de colaboradores y la mayor parte de la dirección. Sin duda, nada es inmune al paso del tiempo y, a la vista de lo que ocurre en muchos pueblos y ciudades, parece que el control de Puigdemont sobre Junts se deshilacha. Que la amnistía aprobada hace más de dos años todavía no se haya aplicado a raíz de la fuerte oposición de la alta judicatura española contribuye notablemente a este debilitamiento. Oriol Junqueras tampoco ha sido amnistiado, ciertamente, pero, a diferencia de Puigdemont, el líder republicano está en Catalunya, lo que le permite gestionar el partido en primera persona, un factor decisivo para que las cosas puedan funcionar. Para colmo, un nuevo gobierno central con PP y Vox parece acercarse de forma ineludible y proyecta su sombra sobre el futuro de Puigdemont.
