"Una de las grandes ironías de por qué mueren las democracias es que como pretexto para su subversión se alega su propia defensa"
S. Levitsky y D. Ziblatt

Se ha armado la de Dios es Cristo porque Feijóo ha comparado la deriva iliberal provocada por Orbán en Hungría —de la que húngaros y europeos esperamos que se recuperen tras las elecciones— con la degradación democrática a la que está siendo sometido nuestro país. No solo no es una locura, sino que es una comparación justa y necesaria. De hecho, todo el capítulo séptimo de mi nuevo libro, Cómo matan, a mordiscos, nuestra democracia, que sale a la venta la semana que viene, parte de esa comparación, y se titula "Receta para hacer goulash con la democracia". Así que no me queda más remedio que decir que Feijóo lleva razón y que en sus declaraciones me falta la insistencia perpetua en el compromiso de revertir el daño causado al sistema durante las últimas décadas. Hasta el momento, el único parapeto que ha librado a la democracia española de una degradación aún mayor ha sido la decisión de Junts de no votar las leyes más insidiosas y peligrosas presentadas.

Lo que escandaliza es que haya ciudadanos que no se den cuenta de esa comparación evidente, que prefieran que la democracia se gripe, siempre y cuando la gripen los suyos, y si se apalancan para siempre, mejor. Esto último es importante porque, si contemplas la posibilidad de que esas reformas caigan en manos de tus adversarios para que te las apliquen a ti, seguro que no las querrías. El populismo iliberal no tiene ideología o, lo que es lo mismo, puede ser implementado por iluminados cesaristas de cualquier signo. El narcisismo no tiene otra patria que el ego.

Pensarán algunos que Orbán empezó a cargarse la democracia húngara manu militari, pero no es así. Todo empieza defendiendo la democracia para ir envenenándola poco a poco. Una de las primeras acciones de Orbán tuvo que ver con los jueces: cambió el mecanismo de nombramiento de los miembros del Tribunal Constitucional y aumentó su número para lograr una mayoría que siempre fallara a favor de sus reformas. Después hizo una purga de jueces de otra "sensibilidad" bajando la edad de jubilación obligatoria a 62 años, con una fórmula de apariencia legal y constitucional, que la propia UE le revocó después de que se los hubiera quitado de en medio.

Si tu hermano, tu mujer y tus dos manos derechas en el partido y en el gobierno tienen problemas con la justicia, tú también deberías tenerlos ante la ciudadanía y tus electores

De los jueces, saltó a los medios de comunicación. Convirtió la televisión pública en un órgano de propaganda de su gobierno, utilizó recursos aparentemente legales para hacerse con medios privados o forzó el cierre de los que no se dejaron hacer. En 2017, más del 90% de los medios húngaros estaban controlados por el gobierno de Orbán. Castigó a decenas de pequeños y medianos medios y creó un Consejo Mediático repleto de partidarios de Fidesz, que aplicaron a su gusto la legislación. Hecho este destrozo, fue a por el sistema electoral. Redefinió circunscripciones, prohibió poner publicidad en medios privados, mientras él usaba los públicos y otro sinfín de trapacerías. No será porque aquí no hemos visto cambios de las reglas del CGPJ, limitación de sus funciones, aprobada con Podemos, y otras que se quedaron en puertas por falta de apoyo catalán, pero no por ello menos deseadas: Ley para la protección de la participación pública frente a la judicialización abusiva (la ley Begoña, para librarla, acabando con la acusación popular), intento de reforma para adjudicar la instrucción a los fiscales y darles el monopolio penal, reformas para modificar la entrada de jueces a la carrera —incluyendo a licenciados con solo diez años de experiencia y sin oposición—, ninguna de las cuales mejoraba el control democrático del poder mediante la justicia.

Por último, llegaron también los intentos de neutralizar a los mensajeros, con aquel anteproyecto para la mejora de la gobernanza democrática en servicios digitales y medios de comunicación, que Junts dejó también en la estacada. La mera retahíla orweliana debiera ponernos en alerta. La ley proyectada no buscaba reforzar la democracia y reordenar el discurso público desde el poder. Ya ni les menciono el intento de regular a peor el secreto profesional de los periodistas.

Y es que a Sánchez y a su gobierno no les gustan los controles democráticos, ni respetar las barreras institucionales. Arremeten contra los periodistas críticos —yo lo he sufrido, y no soy la única—, riegan los medios afines, ciegan los ingresos de los demás y siembran su propaganda entre una pléyade dispuesta a aplaudir al poder sin freno. Tampoco les gusta que controlen sus excesos o su corrupción los jueces. De forma insólita, se usa la comunicación del Consejo de Ministros para arremeter contra un juez concreto, con la finalidad sumisa de cumplir con el jefe. Lo que deberían haber hecho es valorar qué supone, en términos políticos para su presidente, que todo su entorno, el familiar y el profesional, esté en el banquillo o a punto de sentarse en él. Si tu hermano, tu mujer y tus dos manos derechas en el partido y en el gobierno tienen problemas con la justicia, tú también deberías tenerlos ante la ciudadanía y tus electores.

Lo de Orbán, por último, deja una esperanza abierta. Y es que un candidato surgido del partido del líder matademocracias ha sido capaz de vencerle, incluso con las instituciones, los medios y el sistema electoral degradado por él. Ni que decir tiene que la izquierda apoyó que el candidato conservador demócrata llegara al poder. Solo hace falta ser un demócrata leal y darte cuenta de cómo te asomas al abismo. Lo mismo podría suceder aquí si dentro del PSOE quedaran políticos responsables y sensibles a los principios democráticos. No es que comparta que Peinado haya metido una frase sobre Fernando VII en un auto, pero sí creo que la felonía está presente en la esfera pública.

Difícil enmienda le veo al Orbán ibérico, sobre todo ahora que sé que pretende que España se alinee con China para estar en "el lado bueno de la historia". Es lo que tienen las simplezas. No creo que la falta de libertad; el control de Internet; la persecución de uigures, con visos de genocidio; las cárceles para presos políticos; los represaliados; el insidioso poder blando que quiere controlarnos, sean un costado al que arrimarse desde una democracia liberal. Menos sin un debate parlamentario. Otra deriva más.

Si no quieres que te llamen el Orbán ibérico, no te comportes como tal.