Aislado en Madrid un caso de fiebre hemorrágica Crimea-Congo, uno de los virus que más preocupa a los médicos. Se trata de un hombre de 68 años de Salamanca (Castilla y León), que este lunes fue trasladado al hospital Gómez Ulla de Madrid —el mismo donde hicieron cuarentena los cruceristas del hantavirus—. El individuo ha sido atendido en el hospital universitario de Salamanca con una picadura de garrapata, y permanece en estado estable, pero con la gravedad clínica que implica la enfermedad y las medidas tanto de aislamiento como de protección de los profesionales sanitarios previstas para estas situaciones.
Los contactos del hombre ya han sido identificados para poder hacer el seguimiento correspondiente, que consiste en vigilar periódicamente su temperatura corporal y comunicar a su epidemiólogo de referencia cualquier cambio en su estado de salud. Asimismo, se han remitido muestras sanguíneas del afectado al Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda (Madrid), del Instituto de Salud Carlos III —la entidad que ha confirmado que se trata de una infección por el virus Crimea-Congo—. En mayo y julio de 2025 ya se registraron dos casos más de la enfermedad en la provincia de Salamanca, también en hombres de 63 y 70 años, mientras que en mayo del año anterior murió otro por el mismo virus después de ser ingresado en el hospital salmantino. En julio de 2024 hubo un caso sospechoso en el Hospital Clínic de Barcelona, en una paciente de Estados Unidos, que finalmente fue descartado. De momento, no se ha notificado ningún caso en nuestro país.
Cómo se transmite, por qué preocupa y síntomas
La preocupación principal de los médicos es que la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es causada por un virus cuyo mecanismo de transmisión principal es la picadura de la garrapata del género Hyalomma, ampliamente extendida por Catalunya y el resto del Estado. Las autoridades sanitarias recuerdan la importancia de prevenir las picaduras de estos insectos con el uso de ropa y calzado adecuado para las salidas al campo, transitar por caminos y usar repelentes tanto para las personas como para los animales de compañía. También se puede transmitir de persona a persona por contacto con sangre o fluidos del enfermo, cosa que puede pasar sobre todo en personal sanitario si no está protegido como es debido.
La duración del período de incubación depende de la forma de contagio del virus, pero suele ser de uno a tres días después de la picadura, con un máximo de nueve días. Los síntomas comienzan de forma repentina, en forma de fiebre, dolor muscular, mareo, dolor y rigidez de cuello, dolor de cabeza, irritación de los ojos y fotofobia, y también puede haber náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y dolor de garganta al principio, seguidos de cambios bruscos de humor y confusión. Al cabo de 2 a 4 días, la agitación puede dar paso a somnolencia, depresión y debilidad. Otros signos posibles son taquicardia, adenopatías (inflamación de los ganglios linfáticos) y erupción petequial (erupción por hemorragia cutánea) en mucosas internas, como la boca, la garganta y la piel. Las petequias pueden dar paso a erupciones más grandes llamadas equimosis, así como otros fenómenos hemorrágicos. Normalmente, hay signos de hepatitis, y los pacientes muy graves pueden sufrir un rápido deterioro renal, o insuficiencia hepática o pulmonar repentina después del quinto día de enfermedad. La tasa de mortalidad asociada es de aproximadamente un 30%.