Larry Summers, ex secretario del Tesoro americano y profesor de Harvard, viene advirtiendo desde hace un tiempo que la economía global ha caído en una situación que se podría calificar de "estancamiento secular", algo que ya ocurrió en los años 30 del siglo XX después de la Gran Depresión. El estancamiento se produciría por un aumento del deseo de ahorrar y una disminución de la propensión a invertir.
Cuando eso ocurre, no llega dinero fresco a la economía, no salen productos nuevos y el ahorro tiende a fluir hacia la bolsa, hacia la compra de acciones bursátiles que se sustentan sobre negocios tradicionales, o hacia los bonos, causando alzas muy fuertes en sus precios. Pero el crecimiento es insuficiente y lento para mantener viva la economía.
El Fondo Monetario Internacional ha aceptado este planteamiento y en su último informe de verano, el economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, indicó que "las expectativas de crecimiento potencial a largo plazo han disminuido".
Previamente, y ante un escenario de debilidad económica, primero la Reserva Federal y después el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el BCE comenzaron a rebajar de una manera drástica los tipos de interés, sumando a esto la compra de deuda pública a través de la expansión cuantitativa o QE (quantitative easing). A través de la política monetaria se conseguiría ir saliendo del túnel. Las alzas bursátiles estimularían a su vez el efecto riqueza y el consumo.
Parecía que las cosas iban relativamente encarriladas cuando el último dato de crecimiento americano fue de tan sólo un 1,2% cuando los mercados esperaban un 2,5% en el segundo trimestre. La reciente noticia tuvo los efectos de una bomba. No tan sólo por la decepción sino, además, porque el valor de las acciones se apoyaba en la hipótesis del 2,5%. Es decir, que un crecimiento inferior de más de la mitad del esperado se mostraba incapaz de sostener tales niveles de precios de los activos. Y el problema adicional es que en momentos complejos como los actuales una crisis financiera puede provocar una grave crisis económica.
El FMI ha recomendado el recurso a las políticas fiscales más expansivas
Expertos y organismos como el FMI han recomendado el recurso a las políticas fiscales más expansivas aprovechando además que los tipos de interés son muy bajos. Un estímulo de la demanda aumentaría además la inflación, y en cierto modo, facilitaría el pago de unas deudas que siguen creciendo.
Muy bien. ¿Pero quién pondría el cascabel al gato? La alarma saltó al ver los descensos de las bolsas estos últimos días. En Wall Street se estimaba que el potencial de crecimiento americano era tan sólo del 1% anual. ¿Y ese 1% es muy diferente del 0% en términos prácticos?, se preguntaban. La urgencia de actuar se impuso.
En Estados Unidos es difícil levantar el pie del pedal de freno del gasto público, porque el Partido Republicano, que controla el Congreso, ha puesto candados al Gobierno de Obama. En Japón, el Gobierno ha implementado un plan de estímulo que se ha tenido que reducir a la mitad a causa del grave endeudamiento del país.
¿Quién entonces? Alemania. Su consejo de ministros ha decidido esta semana destinar 270.000 millones de euros hasta 2030 para mejorar vías de transporte, vías de ferrocarril, carreteras u obras de canalización de agua, entre otras medidas.
Las políticas de austeridad de Alemania le permiten ahora apostar por una expansión paulatina y controlada
El control riguroso de gastos y el mismo proyecto de déficit público cero para 2017 permiten a Alemania convertirse en el financiador y protagonista del cambio. Han sido la aplicación de sus políticas de austeridad lo que le permite ahora apostar por una expansión paulatina y controlada.
Algo parecido ocurrió en los años 70 del siglo XX cuando se produjeron las graves crisis del petróleo. Eran tiempos de inflación y los países de la OPEP aprovecharon la circunstancia para subir significativamente los precios del barril de crudo. Europa y EEUU recurrieron a la expansión monetaria para compensar a los ciudadanos la pérdida del poder adquisitivo que habían sufrido. ¿Qué pasó? A la vista de la reacción de los gobiernos occidentales, los países subieron aún más los precios. Y así se llegó a una fuerte inflación, que produjo posteriormente un estancamiento al tener que subir después los tipos para frenarla. De todo aquello sólo se salvó un país: Alemania, y eso porque requirió a sus ciudadanos soportar estoicamente el dolor para evitar daños mayores. De aquel avatar, Alemania salió como una gran potencia y el Bundesbank como el banco central modelo para Europa.
"¿La nueva política fiscal anunciada por el Gobierno Merkel será el comienzo de la armonización fiscal europea?", se pregunta Jaume Puig, director general y economista jefe de Gaesco. Supondría un gran avance para la Unión Europea, ahora mismo estancada tras el Brexit. Nuevos senderos se abren en adelante con el liderazgo alemán reafirmado. No era Londres. Es Berlín el centro.
El buen dato de empleo americano con una creación de 255.000 puestos de trabajo en julio muestra que, con sus vaivenes, EEUU es el país indispensable en el camino hacia la recuperación. Se trata, sin duda y en definitiva, de un esfuerzo compartido por todos, Europa, EEUU y Asia.
