El diagnóstico está bien hecho. Las izquierdas necesitaban organizar cuanto antes el artefacto electoral de las próximas generales. El "piloto rojo" fue el informe Santos Cerdán (en julio). IU, sabedores de la hegemonía de lo orgánico, empezaron mucho antes las reuniones discretas. El resto fue cediendo en la conversación hasta anunciar la coalición a cuatro (de partida). La izquierda necesita un frente amplio y armarlo cuanto antes. No llegan tarde, pero casi. Hay demasiados partidos sufriendo por conseguir representación en el ciclo autonómico y la Ley D’Hondt afila el cuchillo hacia la parada final. Que hay espacio a la izquierda del PSOE lo muestran las dos últimas autonómicas, donde Unidas por Extremadura y Chunta Aragonesista rondaron el 10% de voto.
Las debilidades son varias. Primero, la división. Una balcanización que puede acabar bien, pero va con mucho ruido. Hay dos fechas simbólicas de lanzamiento esta semana: el 18 y el 21 de febrero. Por un lado, Gabriel Rufián y Emilio Delgado (diputado autonómico de Más Madrid); por otro, IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar (bloque de investidura). Ambas propuestas son de partida incompatibles. Y cada uno tiene lo que le falta al otro. Rufián y Delgado no tienen el apoyo de las direcciones de sus partidos. Y a la futura candidatura Sumar 2027 (si aguanta la convocatoria a esa fecha) le faltan nombres vibrantes y le sobran roces. También faltan partidos por pronunciarse. Chunta y Més per Mallorca no estarán en la presentación del sábado de la alianza de la coalición Sumar, pero tendrán que confluir a medio plazo.
Gabriel Rufián es un liderazgo eléctrico capaz de confrontar a la extrema derecha con sus coordenadas
Gabriel Rufián es un liderazgo eléctrico capaz de confrontar a la extrema derecha con sus coordenadas. También al Gobierno con alguna de sus vergüenzas. Pero es un candidato sin siglas, sin plataforma, incapaz de articular una candidatura. Obsesionado con el poder digital, a riesgo de que lo atropelle el poder real. El malestar interno de los suyos por una propuesta que rechazan de plano lo puede dejar “sin trabajo” —por usar sus palabras—. No se bajará esta semana de la apuesta por la gira nacional, aunque ERC vaya como ERC. Bildu haya dicho lo mismo. Igual que BNG (el que más se puede mover). Rufián avanza hacia una gira sin organizadores.
La vicepresidenta segunda Yolanda Díaz no descarta retirarse cuidando los tiempos. No puede hacerlo pronto y debilitar su vicepresidencia y el Ejecutivo. IU no quiere que repita, pero tampoco andan sobrados de contrapesos para imponer nombres. El acto de la octava firma del SMI este lunes ha sido un gesto. La primera vez que Pedro Sánchez iba al Ministerio de Trabajo, con Díaz cediendo protagonismo ante un amplio plantel de ministros, para escenificar fortaleza de Gobierno. “Estás en el lado bueno de la historia”, le dijo a Sánchez. Y compartieron foto.
Al acto de Rufián y Delgado irán miembros de la alianza de las izquierdas, pero Rufián no irá al del sábado —sí lo hará Delgado—. Una imagen de la dificultad de encajar ambas iniciativas y de la resistencia de Rufián para abandonar una propuesta que no concreta, sin encaje y confusa en su futura relación con el Sumar 2027. Aunque no vaya a llamarse Sumar, porque el nombre y el candidato (candidata previsiblemente) están por debatir y anunciar. En ninguno de los actos estará Podemos. Agazapados en la idea volátil de Rufián —la que ven más favorable— pueden quedarse solos en la carrera.
Las izquierdas van desenchufándose del poder. La lista de los generales para la próxima legislatura, adversa con o sin Vox en el Gobierno, lo es todo. Sin poder territorial, sin gobiernos autonómicos, previsiblemente sin Ejecutivo, será lo único a repartir y el terreno donde jugar. La coalición del grupo plurinacional en el Congreso no ha funcionado. Podemos, BNG y parte de Compromís acabaron en el Mixto. En cada negociación legislativa, han negociado prácticamente por separado. Yolanda Díaz no consiguió nunca la disciplina de discurso y voto, ni los grupos la pretendían. Por eso ahora necesitan ser más claros y no armar la alianza al toque de campaña, como ocurrió en 2023.
Pasarán cosas por el camino estas semanas, con riesgo alto de convertirse en el enésimo debate sobre sus diferencias orgánicas, estructuras, nombres, compatibilidad de militancias o líneas rojas cruzadas. Pasarán cosas y no pueden olvidarse de una máxima muy bien definida por Rufián: “Si no nos ponemos de acuerdo, nos van a matar por separado”. Si en 2023 les pareció que cedían mucho, ahora el precio por no ceder a tiempo será más alto.
