"Aunque sea un acto inútil, el esfuerzo que le pones se queda dentro de ti"
Haruki Murakami
No sé si la potencia de los petardos les llega, pero cada rueda de prensa del Consejo de Ministros es como una fiesta de la pólvora, una mascletá legislativa, una traca de anteproyectos: mucho ruido y mucho humo. Nada. Sería entretenido y hasta un nuevo motivo para que el turismo acampara en la carretera de A Coruña (A6) si no fuera un escandaloso recordatorio de la parálisis, la ineficiencia y la improductividad de este gobierno. Y menos mal. Al final, hasta los del núcleo duro de la M-30 se están convenciendo de que Junts nos está salvando del precipicio o, al menos, de un batiburrillo ideológico legislativo que podría acabar en desastre democrático.
Los anteproyectos que agitan serán como huevos hueros, embriones sin futuro, sin posibilidad cierta de salir adelante en el Congreso, ya que a la negativa manifestada con toda dureza por Nogueras —que determina la incapacidad de legislar de Sánchez— se une ahora el talegazo que le han metido a Coalición Canaria, que sostenía el voto capaz de salvarles en caso de abstención de los juntaires en casos de mayoría simple. Adiós, votos; hola, agitación ministerial.
Dado que es gratis, que son esfuerzos abocados a la melancolía parlamentaria, da la sensación de que los socialistas han quitado las barreras a los delirios colectivistas de los ministros comunistas de Sumar. Ya no hay riesgo de que salgan, dirán, así que una campaña electoral de Mónica García, de Sira Rego y los demás tampoco sale demasiado cara. Ahí estamos. Desde enero se han aprobado en Consejo de Ministros unos quince anteproyectos de ley destinados al fracaso, pero susceptibles de propaganda. Basta con que la prensa acrítica se líe a poner titulares que digan: "El gobierno aprueba la nueva ley de Sanidad o la ley que obligará a oír a los menores o… El gobierno, en una democracia parlamentaria, no aprueba leyes. ¡Qué más les da! Tracatrá. Pimpampún. Más ruido para que parezca que hacemos.
Y menos mal. Porque en la tormenta de ideas de los ministros de la izquierda verdadera se han colado todos sus sueños húmedos de colectivización. No se trata solo de defender la sanidad pública, sino de excluir cualquier participación con la privada. Privado, malo. Ya dijo Mónica García que "la rentabilidad de la sanidad es un concepto peligroso. Solo puedes aumentar la rentabilidad si disminuyes en dar salud". No la saquen de ahí o le da un ictus. Además, con tal premisa, no hay hijo de madre que tome cartas en una mala gestión de lo público, que, por lo visto, solo puede ser absolutamente deficitario para dar buena calidad de servicio.
La mascletá en Moncloa cada martes hace el ruidito justo para alimentar la máquina de titulares, mientras nos arrastramos, sin iniciativa y sin arreglar nada, por una legislatura vacía
La norma nonata pretende incluso la reversión de concesiones y conciertos sanitarios, aunque se trata de un extremo que nunca figuró en el acuerdo de gobierno entre Sumar y el PSOE y sí en el anterior insomnio de Sánchez con Iglesias. No solo se trata de ayudar a dar marcha atrás "a las comunidades con tendencia privatizadora, como Madrid y Catalunya", sino de no aumentar las inversiones para la sanidad pública, dado que todo lo que sea aumentar el presupuesto supone llenar los bolsillos de los malvados grupos privados. Lo de que hayamos subido varios millones de individuos en población y cobertura no lo metan en la ecuación. De paso, aprovecha y exhibe al coco capitalista, que en Madrid se llama Quirón y en Barcelona ya lo preguntaré.
A esto le añade la dialogante García —a la que, como habrán comprobado en estos años, considero un dechado de virtudes políticas— unas reformas en los tramos del copago farmacéutico, ese que abogaron por retirar, por el que se enfrentaron a un PP desalmado e inhumano, pero que debe ser que no se pueden abolir. No me ha quedado claro el porcentaje que pagarán los crónicos, aunque si de una vez por todas mejorara ese desastre, se lo aplaudiría como fórmula excepcional.
Todo así. Sira Rego se explayó la semana pasada aprobando un anteproyecto de reforma de la ley de protección a la infancia que vendía como novedad la motivación del interés superior del menor, la exclusión del SAP, la escucha de los menores en los procesos, todas ellas cuestiones que son de uso forense habitual en los juzgados españoles. Bomba de humo de colores. Yolanda, sin embargo, más pato cojo que otra cosa, parece haber desistido de sus cohetes grandes y coloridos. Total, para lo que le queda en el convento… aunque aún no se baja del todo y nos propone un anteproyecto de ley de riesgos laborales de escaso recorrido.
Las explosiones no harán daño a nadie, hasta Sánchez lo sabe, así que les deja encender sus petardos, que, en la mayor parte de los casos, ni siquiera veremos fracasar en un pequeño estallido de humo. De paso, le brindan agitación y quizá una leve esperanza de que recaben algunos votos que sumar a los socialistas allá cuando le dé por convocar elecciones. La mascletá en Moncloa cada martes hace el ruidito justo para alimentar la máquina de titulares, mientras nos arrastramos, sin iniciativa y sin arreglar nada, por una legislatura vacía. Todo sea porque ellos sigan siendo ministros y él presidente. Esa es la traca final que esperemos no lo reviente todo.
