Durante la campaña electoral andaluza, el PP y Ciudadanos, con la participación como artista invitado de Vox, se dedicaron intensamente a atizar fuegos que poco tienen que ver con aquella autonomía. Entre tales asuntos hay uno sobre el que han vuelto una y otra vez, hasta el agotamiento: Catalunya.

Seguramente el episodio más vomitivo de todos es el que se produjo cuando, en el primer debate entre los candidatos, Juan Marín, de Cs, acusó falsamente al president Torra de haber dicho que los andaluces "tienen un gen menos que los catalanes" y "son más flojos y vagos". Cuando Torra anunció que estudiaba emprender acciones legales contra este individuo, Marín redobló la mentira y lo tildó de "racista", entre otras infamias.

Pablo Casado y Albert Rivera, al igual que sus respectivos compañeros de partido, no se han cansado de repetir que cuando manden aplicarán el 155 en Catalunya "sin complejos". Por supuesto, para ellos, los independentistas son "golpistas" y "supremacistas". Casado prometió que cuando sea presidente de España retirará las competencias de Enseñanza a las autonomías (Vox asegura ―obviando la Constitución― que lo que hay que hacer es acabar con todas las autonomías).

Por descontado, tanto PP como Ciudadanos no han cesado de acosar a Susana Díaz y al PSOE acusándolos de cómplices de "los golpistas". Ambos ―Cs con un autobús con una enorme y vejatoria imagen de Puigdemont y Junqueras (este último riendo)― han advertido mil veces al gobierno de PSOE contra un indulto a los líderes independentistas, tras una condena que dan por hecha. No les importa en absoluto que en el pasado diferentes gobiernos españoles hayan indultado a un montón de corruptos y de condenados por torturas.

Mientras Adelante Andalucía (Podemos e IU) se desmarcaba de este discurso del odio, Susana Díaz, en lugar de argumentar que es legítimo que Pedro Sánchez gobierne con el apoyo de los independentistas, se limitó, como siempre, a levantar la bandera del nacionalismo andaluz, un andalucismo que poco tiene que ver con el de Blas Infante y que, con los años, se ha convertido en una versión del nacionalismo español y se ha empapado de catalanofobia. En el debate en el que Juan Marín mintió sobre Torra, ella trató de defenderse subrayando que hubiera aplicado el 155 en Catalunya antes que Rajoy.

Política y electoralmente proyectar sobre Catalunya los demonios interiores y convertirla en cabeza de turco resulta rentable

Despotricar, insultar y mentir sobre los independentistas, pero, no es algo que se produzca en el vacío, sino que llega después de años, de decenios, a lo largo de los cuales políticos españoles de todos colores, a los que luego se añadió Ciudadanos ―un partido que ha contribuido como nadie al envenenamiento del clima político― y a continuación Vox, han cultivado esforzadamente la catalanofobia.

Si todo esto ha pasado y sigue pasando es porque política y electoralmente proyectar sobre Catalunya los demonios interiores y convertirla en cabeza de turco resulta rentable. Lo que es anti-catalán, sobre todo si además es anti-independentista, tiene desgraciadamente un gran público. Como la fórmula funciona, los políticos inmorales e irresponsables lo utilizan, y se sigue abonando de esta manera el terreno del prejuicio, que no hace más que reforzarse. Alimentando el ciclo del odio. También puede ser, sin embargo, y seguramente esta alternativa resulta peor aún, que muchos de los que, como Juan Marín, se refocilan en la catalanofobia no lo hagan cínicamente, sino que sencillamente estén dispuestos a creerse y repetir cualquier barbaridad contra los catalanes y Catalunya.

Son muchos los que señalaron que las elecciones en Andalucía son un preludio de lo que puede pasar en toda España. Aznar, padrino moral e intelectual de PP, Cs y Vox, advirtió estos días que lo que está en juego en España es si se mantiene o desaparece el actual orden constitucional. Viniendo de alguien que a finales de los años setenta se dedicaba a vituperar la Constitución, la afirmación es notable. En este contexto, ha puesto en duda que el PSOE de hoy se pueda considerar constitucionalista, ya que recibió los votos de los independentistas.

Comparó, además, la situación actual con los años treinta. Aunque no lo diga así, plantea lo que ocurre hoy como una reedición ―a otra escala― de la Guerra Civil. O Constitución ―sea lo que sea lo que entiende él por Constitución― o "desorden", concluyó en un acto en Barcelona, flanqueado ―cosas de la naturaleza humana― por Josep Piqué. Vox ha proclamado durante la campaña electoral que con ellos y en Andalucía comienza la "reconquista" de España.

Aznar expresó su confianza y su deseo de que ganen los que él llama consitucionalistas.

Yo quisiera que no volvieran a ganar los que ganaron la Guerra Civil.

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