En una pared de una escuela pública de mi pueblo hay una pintada hecha con espray que dice "Lluitar es educar" (sin acento). Le hice una foto porque me parece una buena imagen para ilustrar el momento en el que se encuentra el sistema educativo catalán. Tres palabras, una falta de ortografía. Y por más legítimo que pueda ser el mensaje que reivindica la pintada, se trata de una acción que va en contra de aquello que queremos que aprendan los niños y niñas: "respetad los espacios comunes", "cuidad el material". Para mí, lo más relevante que hemos visto en las huelgas y protestas de los maestros es el cambio sociológico que se ha producido en el sector educativo. Los profesores de ahora ya no son como los de antes. Ni en el fondo ni en las formas. Han cambiado mucho.
Pero antes de seguir adentrándome en el jardín en el que estoy dispuesto a entrar, conviene hacer una aclaración previa. Porque si voy a tener la oportunidad de subrayar algunas carencias de un colectivo, será por culpa de la poca habilidad del gobierno de la Generalitat. La gestión de la crisis con el sector de la enseñanza que han hecho primero el president Illa, después el conseller Dalmau y, finalmente, la consellera Niubó merece un suspenso. El gobierno socialista, en esta crisis, lo ha hecho todo mal. Para empezar, quisieron presentar como un acuerdo con el sector lo que en realidad era un acuerdo con dos sindicatos que, en el caso de la enseñanza, no son los mayoritarios. Después, infiltraron a dos agentes de los Mossos d'Esquadra en una reunión de los sindicatos en huelga.
Todo lo que vino después de eso tenía que ser necesariamente complicado. El terreno estaba abonado y llovía sobre mojado. Enfadados, y con razón, a muchos maestros debió de parecerles bien radicalizar las posturas, como algunos llevaban tiempo deseando. Conviene subrayar que a principios del año que viene habrá elecciones sindicales en el sector de la enseñanza. Este elemento ha pasado bastante desapercibido y casi nadie de los sindicatos, al menos públicamente, ha querido reconocer el peso que tiene: ¡mucho! Ya que, viendo el enfado general de los maestros, los sindicatos mayoritarios —más proclives a la negociación y al acuerdo—, por un mal cálculo electoralista, han cedido a las demandas y a las formas de los minoritarios y más radicalizados.
La USTEC, como sindicato mayoritario, cometió un grave error al someter su acuerdo con el gobierno de la Generalitat a referéndum de todos los profesores
Aquí es donde hemos entrado en la "cupización" del sector de la enseñanza. Nada nuevo respecto a lo que se vivió hace unos años en la política, y que los partidos mayoritarios tampoco supieron gestionar correctamente. "Lo que diga la asamblea", "los acuerdos mutan", etc. Nunca he sido un entusiasta del sindicato USTEC. No comparto algunas de sus tesis y a menudo me parece demasiado corporativista. Pero le reconozco la defensa de un sistema educativo catalán fuerte y la defensa de la inmersión lingüística. Como sindicato mayoritario, cometió un grave error al someter su acuerdo con el gobierno de la Generalitat a referéndum de todos los profesores. El acuerdo era bueno para ellos. Alcanzaba gran parte de sus objetivos. Pero ganar el referéndum era imposible.
Me gustó cómo asumieron la derrota al día siguiente. Pero falta por ver si han aprendido la lección: siempre sale más a cuenta pensar en las próximas generaciones que en las próximas elecciones. Ser mayoritario implica una gran responsabilidad, siempre. Ahora todo sigue en el aire. Empezando por los resultados, que van empeorando. Pero de esto tampoco quiere hablar nadie. Siempre hacen falta más recursos, menos ratios y más innovación. Y si no funciona, no es por el modelo. Es que hacen falta más recursos, etc. Es una forma de actuar, quejosa y victimista, que tiene habilidad para esconder el egoísmo bajo proclamas, grandes principios y, en este caso, la vocación. Pero lo que necesitamos son maestros que enseñen para mejorar la sociedad, no para vivir enfadados con ella.
