Tal día como hoy del año 778, hace 1.248 años, el ejército carolingio de Carlomagno, de regreso a los dominios francos, sufría una devastadora derrota en el desfiladero de Roncesvalles a manos de las tropas vascas, que, hasta poco antes, habían sido sus aliadas (durante la primera parte de la operación de invasión de Al-Taghr, la frontera superior de al-Ándalus, que abarcaba la práctica totalidad del valle del Ebro). El proyecto expansivo carolingio, forjado en tiempos de los monarcas carolingios Pipino el Breve y Berta del Pie Grande (padres de Carlomagno), pasaba por ganar el dominio del territorio entre los Pirineos (al norte) y la orilla del Ebro (al sur), con el objetivo de crear un espacio colchón para detener una posible invasión árabe del reino franco.
Con este propósito, Carlomagno reunió un gran ejército que, durante la primavera del 778, cruzó los Pirineos por el lado occidental. Para garantizar el éxito de esta operación, la cancillería carolingia pactó una alianza con los vascos (que se organizaban en pequeños dominios tribales a ambos lados del Pirineo occidental) y con el poder andalusí de la zona (Abú-Tawr, valí de Huesca, y Hussain ibn Yahya, valí de Zaragoza), que llevaba tiempo enfrentado al poder central cordobés. Carlomagno llegó hasta Zaragoza, pero, contra lo pactado, el poder local árabe no abrió las puertas de la ciudad, porque ya había resuelto sus diferencias con el emir cordobés Abd-al-Rahman I.
Las tropas vascas que habían acompañado al ejército carolingio hasta Zaragoza se retiraron porque temían que, si la operación no culminaba con éxito, tendrían que sufrir las represalias de los árabes, reconciliados con su poder central. Con este escenario, totalmente contrario a lo previsto, Carlomagno renunció a la operación y deshizo el camino. Pero al pasar por Pamplona (la ciudad principal de las tribus vascas) la arrasó —asesinando a docenas de personas— para castigar lo que él consideraba la deslealtad de los vascos. Después de aquellos hechos, las tropas vascas se reunieron de nuevo y emboscaron y masacraron la retaguardia del ejército franco en los desfiladeros de Roncesvalles.
Carlomagno perdió lo mejor de su ejército en dicha emboscada. Y a partir de aquel momento la cancillería carolingia priorizaría la penetración en la península ibérica a través de los pasos orientales. El proyecto de Marca Hispánica quedaría enterrado, para siempre, en un cajón; en cambio, la progresión a través del Pirineo oriental —que contaría con el apoyo de las sociedades indígenas del territorio— culminaría con la creación de la Marca de Gotia, que abarcaba el arco mediterráneo entre la desembocadura del Ródano (Nimes) y la del Llobregat (Barcelona) y que se convertiría en el distrito más meridional del Imperio carolingio (785-843) y del primitivo reino de Francia (843-987).