"El hombre superior se culpa a sí mismo. El hombre inferior culpa a los demás".
Don Shula
Hagan el favor de tenerle un respeto a Marruecos. A Marruecos sin pruebas fehacientes no se le acusa de nada. De que Marruecos esté detrás, por acción u omisión, de una violación de frontera precisamente sobre el territorio que su irredentismo reivindica no se les ocurra decir nada. No hay evidencias. El Gobierno solo funciona con hechos y no con especulaciones. Marruecos es leal —líbrense de parejas y socios con esa interpretación de la fidelidad—. Marruecos es amigo. Marruecos colabora. No le toquen las narices a Marruecos porque sin su colaboración no hay posibilidad alguna de enderezar este desastre y, sobre todo, nos la puede volver a liar en cualquier momento.
Así de claro lo ha dejado el Gobierno.
Ahora bien, siempre es bueno tener cerca un niño para echarle la culpa y un malvado ruso, trufado con un judío, para salvar la cara de lo insalvable. Comprenderán que, menos reconocer que hizo caso omiso de todos los avisos, que ha tocado las narices a medio mundo para ser un campeón y que, por lo que sea, está atado de pies y manos para criticar a Marruecos, menos eso, a Sánchez le vale todo. Resumiendo: no hay que echarle nada en cara al lugar del que procedía el ataque híbrido, al país que reivindica ese territorio, al que pudo detenerlo; pero pueden lanzarse alegremente a responsabilizar en público a Rusia, a Israel, a la internacional ultraderechista y hasta, cómo no, a Elon Musk. No han tardado ambos países en hacer pública su indignación por el hecho de que un gobernante extranjero los responsabilice de una acción de guerra híbrida. La portavoz de Exteriores rusa lo ha retado a dar datos concretos y le ha afeado que, en caso de tener alguna queja, no se hayan dirigido a su embajador. Los israelíes, por su parte, también se han desmarcado.
El caso es que el comodín ruso le ha salido rana a Sánchez. Casi igual que aquello de los diez mil soldados que iban a desembarcar en las costas catalanas. Y no es solo que cualquiera que haya seguido en redes el episodio sabe perfectamente que las llamadas iniciales a marchar sobre Ceuta —"Harraga" o "Hijma Sebta"— no tuvieron ningún origen en los países que cita el presidente, y que solo tras la invasión de 80.000 personas comenzó la explotación de la circunstancia por cuentas movidas, esta vez sí, desde el sector ultra norteamericano, cuentas israelíes y, por supuesto, bots rusos. Así lo confirma la propia Comisión Europea, que admite la existencia del informe secreto del que habló el presidente, pero matizando la versión de Sánchez: el informe del Servicio Europeo de Acción Exterior sí identifica campañas rusas relacionadas con Ceuta, pero las sitúa después del 30 de julio, cuando ya se había producido la entrada masiva. Es decir, quedan acreditadas la explotación y la amplificación, no que Rusia desencadenara la avalancha. Sobre Israel, Bruselas no dice ni mu.
Siempre es bueno tener cerca un niño para echarle la culpa y un malvado ruso, trufado con un judío, para salvar la cara de lo insalvable
¿A qué viene entonces liarla con Putin? Como el gobierno tenga que seguir echando balones fuera, vamos a acabar enemistados hasta con los másteres del universo. Y Putin sí que es un enemigo de la UE, claro. Ciertamente tiene todo el interés del mundo en dividir y fracturar a los socios europeos, lo que no lo convierte en muñeco del pimpampún de toda crisis que nuestro presidente tenga que resolver. Tampoco es el mejor momento y no sé cómo Sánchez y sus asesores no son capaces de verlo. Durante el mes de agosto, Trump se ha visto obligado a enviar al director de la CIA a Moscú porque los informes sobre la intención rusa de llevar a cabo un ataque contra un país de la OTAN, ya menos gris que los que conocemos de drones, son compartidos por muchos servicios secretos, incluidos los polacos, y suponen un riesgo real de escalada. Lo que han detectado los espías —que funcionan, incluidos los españoles, por más que los tire por tierra el propio Gobierno— es que en la escalada de provocación y división practicada por Putin, el próximo paso sería llevar a cabo un ataque contra alguno de sus países fronterizos, probablemente Letonia, Lituania o Estonia. Sería un tipo de ataque lo suficientemente grave para no poder hacer la vista gorda y no lo suficiente como para que todos los miembros de la OTAN tengan clara la aplicación del artículo 5 del tratado. Fractura y vencerás. Tanto la CIA como los servicios europeos afirman tener información de que lo están preparando para una ventana que se abre este otoño y se extendería hasta 2030. Cuatro años de margen.
Europa tiene que tomarse en serio el futuro. En un mundo en el que ya impera la ley del más fuerte, en el que existen gobernantes que sueñan con expandir sus fronteras —"su espacio vital"—, en el que nos hemos convertido en un oasis económico y de bienestar, permanecer ajenos a la realidad de que vienen a por nosotros —por las buenas o por las malas— es abrir la puerta a que lo consigan. El ataque de zona gris contra Ceuta, ese que Sánchez teme que se pueda repetir en cualquier momento si les toca las narices y que lo obliga a achantarse, es solo un peldaño más. Un peldaño ya demasiado alto.
