La libertad está en peligro. La fraternidad sin libertad es, simplemente, una imposición. Las ideologías totalitarias siempre sacrifican la libertad con la excusa de la fraternidad. La crisis del coronavirus es aprovechada por los censores socialistas y de los comunes para intentar esconder la gravedad de la crisis con llamamientos al silencio. No están solos, porque una corte de articulistas, tertulianos y supuestos académicos los apoyan. Lo advertía hace unos días Vicent Partal en un contundente editorial. El Intento desesperado de la soldadesca tuitera de tapar la boca a quien osa criticar el gobierno de coalición “progresista” es el anuncio de lo que nos espera si no conseguimos separarnos de una España cada vez más nacionalista y más autoritaria. La derecha promovió la aplicación del 155 con el concurso de la izquierda. Ahora, la izquierda, con el concurso de la derecha y de la extrema derecha (que solo se exclama porque querría más militares en las calle y más caña), impone un estado de alarma inoperante hasta ahora para convertir a la ciudadanía en soldados y amenazar el estado de derecho y la seguridad de las personas. Las medidas que ha tomado el gobierno español son políticas y no sanitarias. Apenas fue el pasado sábado que Sánchez decidió crear un Comité Científico del Covid-19. La Generalitat, en cambio, ha seguido el consejo de los científicos desde el primer día.

Los que, movidos por el resentimiento o por el odio, aprovechan cualquier cosa para atacar al presidente Torra, no salen de su asombro cuando han constatado que el Molt Honorable ha afrontado la crisis, incluso infectado, con más cordura y anticipación que Pedro Sánchez. Torra reclamó enseguida el confinamiento de Cataluña, como se estaba haciendo en otros lugares. En las Islas Baleares, sin ir más lejos. En Cataluña gobierna el independentismo, en las Baleares el PSOE. Se entiende, ¿verdad? Los articulistas republicanos y sus adláteres que practican vudú con Torra, se rieron del anuncio presidencial porque no podía aplicar la medida. No negaré que hubiera acertado si el presidente hubiera dicho, por ejemplo, que la medida que tomaría el Gobierno de Cataluña, si  tuviera la competencia, seria confinar el país y que por lo tanto reclamaba al gobierno español que cerrara las fronteras, los aeropuertos y etcétera, etcétera. Puesto que al presidente Torra le salió la vena tarradellista y pujolista, que consiste en magnificar el poder de la autonomía, pareció que anunciaba una quimera. Enmendó el tiro enseguida y desde entonces todo el mundo ve la diferencia entre la respuesta catalana y la española a la crisis. Ayer, después de las respectivas comparecencias, también. ¡Qué contraste! El gobierno español se niega a satisfacer la demanda del presidente catalán de confinar Cataluña por puro centralismo jacobino y por aquella tendencia tan española de apelar a la gallardía patriótica que no ha servido para parar la infección de la cúpula de Vox, de Podemos o de la mujer del presidente Sánchez. Sánchez reacciona como los de España Ciudadana, la plataforma nacionalista impulsada por Ciudadanos, que se ha gastado una morterada de dinero para iluminar la torre Burj Khalifa, en Dubai, con propaganda patriótica. Les ha costado entre 68.073 y 95.285 dólares o incluso más. Nacionalismo banal en el sentido más literal del término. Igual que el de los militares escoltando a las autoridades civiles.

En manos de los nacionalistas extremistas, la patria es el escudo de los inútiles. Los militares que el “gobierno más progresista” manda a Cataluña para “marcar paquete” son puro nacionalismo militarista. En vez de hacerse fotos en las instalaciones del Prat, estos “guerreros” tendrían que estar controlando las vías de entrada y salida internacionales para convertir en real un confinamiento que salve vidas humanas. Margarita Robles, que cuando era juez parecía razonable, se ha convertido en una especie de Cruella de Vil que abuchea a los disidentes. Me sale de dentro soltarle aquel celebrado “¿por qué no té callas?”, si no fuera que la admonición dirigida a Hugo Chávez salió de la boca de un rey tanto o más corrupto que el caudillo bolivariano. Los demócratas de izquierda y republicanos solo pueden ser antimonárquicos y antipopulistas. La militarización de la vida pública no es históricamente solo patrimonio de la derecha. Cuba, Venezuela o... la URSS  son un buena muestra de ello. Si en 1630, como explicó Carlo M. Cipolla en un librillo delicioso, las autoridades civiles, con el apoyo de los soldados, tuvieron que luchar contra los prejuicios de la iglesia para afrontar la epidemia de peste en Monte Lupo, un pueblecito de la Toscana; ahora deberíamos deshacernos de los militares para volver el poder a los científicos y al gobierno de los civiles.

El independentismo se ha convertido en la punta de lanza de la reacción correcta para atajar la expansión de la enfermedad. Los científicos catalanes, y concretamente el virólogo Oriol Mitjà, del equipo del Dr. Bonaventura Clotet, son atacados desde la prensa amiga del gobierno Sánchez-Iglesias, por sus supuestas posiciones políticas. Mitjà ha tenido que salir al paso de las calumnias con un artículo que es una vergüenza que se haya visto obligado a escribir. Los virus no distinguen entre ideologías ni tampoco entre territorios, repiten los legionarios de papel, pero el gobierno Sánchez-Iglesias distingue entre científicos buenos, que son los que les “asesoran”, y científicos malos y desafectos al régimen —con las consecuencias presupuestarias evidentes—. Cuando la presión del estado amenaza la libertad y la ciencia, la respuesta cívica es una demostración extraordinaria de resiliencia. Con las multas contra los políticos soberanistas ocurrió lo mismo. La campaña #YoMeCorono que puso en marcha el Dr. Mijà para desarrollar el tratamiento precoz del coronavirus, recaudó 200.000 euros en 24 horas. A estas alturas, ha conseguido recaudar casi 600.000. La solidaridad ciudadana contrasta con la tacañería gubernamental. España no mata, para desmentir las mentiras de los nuevos “novios de la muerte” antiindependentistas. Mata la ineficiencia de un gobierno español altivo, insolidario y militarista. El temor del gobierno español es que el confinamiento total que reclama Torra convierta Cataluña en un territorio aparte, autogobernado. Al final resultará que la resistencia estatal a aprobar lo que es racional va a ser lo que ampliará la base de los desafectos. Entonces los legionarios de papel no podrán hacer nada. Acabo el artículo con la afirmación con que empezaba el suyo George Monbiot en The Guardian: “Las peores personas están al frente del gobierno en el peor de los tiempos posibles”. Él se refería a Boris Johnson y a Scott Morrison, el primer ministro de Australia. Nosotros sufrimos la ineficacia del tándem Sánchez-Iglesias.

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