En el mes de agosto se ha anunciado un gran cambio en el mundo económico americano. La era de la primacía de los accionistas, que ha dominado durante más de 20 años, ha terminado. Así lo han declarado los presidentes ejecutivos de 181 de las mayores compañías norteamericanas, que cuentan con más de 15 millones de empleados, con unos ingresos anuales superiores a los 7 billones de dólares y representan el 30% de la capitalización del mercado de los EE. UU.

La Business Roundtable, liderada por Jamie Dimon, presidente ejecutivo del banco JP Morgan Chase, quiere redefinir las reglas del capitalismo para asegurar su sostenibilidad a largo plazo dentro de un panorama cada vez más frágil cargado de graves problemas económicos y sociales. En esta tabla redonda se sientan desde Amazon hasta Xerox, pasando por Apple, Exxon Mobil, Ford o grandes firmas de comercio minorista como Walmart.

Según define la mesa, se trata de definir una nueva declaración sobre el propósito, o la meta, de una compañía, yendo más allá de satisfacer exclusivamente los intereses de los accionistas. Entre los propósitos de cambio están invertir en los empleados y apoyar a las comunidades en las que están asentadas las empresas, sin descuidar la de generar rentabilidad a largo plazo para los accionistas.

La economía americana tiene dos graves problemas: una baja productividad y un elevada desigualdad. Ahora funciona gracias a tipos de interés muy bajos. Y además está metida en una confrontación intensa con China por el liderazgo mundial, que se traduce en una guerra comercial. A nivel de la calle, los trabajadores están estresados por la jubilación y las pensiones, así como por el impacto de la revolución digital sobre el empleo. 

"Hemos pervertido la verdadera naturaleza del capitalismo estadounidense que incentiva el trabajo duro y la innovación". La crisis de los opiáceos es el punto negro que acompaña un panorama poco estable y estimulante.

Hasta ahora, los ejecutivos gozaban de incentivos para respaldar la estrategia de alcanzar la mayor valoración para los accionistas ya que ellos cobran bonos relacionados con su cuantía. Además, el alto valor de las acciones supone un escudo contra el riesgo de las adquisiciones.

Pero, la rebelión de los ejecutivos está relacionada con el poder creciente de los inversores institucionales, como Vanguard, BlackRock o State Street, que imponen su ley. Las recompras de acciones que proporcionan efectivo a los accionistas a expensas de invertir en el futuro de las empresas no son más que un tipo de operaciones que ponen en peligro el largo plazo. 

La declaración de Business Roundtable no es legalmente vinculante para sus firmantes, pero supone una semilla que, como señala el premio Nobel de Economía, Michael Spence, "necesita el apoyo de los gobiernos, que tienen la responsabilidad de crear espacio y proporcionar las herramientas para que las empresas con múltiples partes interesadas maximicen su impacto social positivo".

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