Hay que rendirse a la evidencia y aceptar la excepción china en esta crisis del coronavirus. El Imperio del Centro no conoce la segunda ola de la pandemia como sucede en Europa o en EE.UU. Sólo la China escapará de la recesión este año. Apoyándose en estos hechos y datos favorables, se espera que en la quinta sesión plenaria del Comité Central de Partido Comunista chino, que tendrá lugar entre el 26 y el 29 de octubre, el presidente Xi Jinping muestre su visión de la "modernización socialista" con la que se pretende superar a EE.UU. como la economía más grande del mundo en 2030.

Xi no cederá ningún terreno ideológico a los "valores occidentales". Pekín no renunciará a su "fe en el marxismo, el socialismo y el comunismo", dijo el líder. La economía china ha crecido el 4,9% en el tercer trimestre y su PIB alcanzará en 2020 el 2%, según su banco central.

China va muy fuerte y Xi advirtió este mes que "la economía mundial está en reflujo y el comercio y la inversión internacionales se han reducido drásticamente". Los inversores  "deben prepararse para un mundo menos acogedor".

En este esquema, donde China debe convertirse en un "país socialista modernizado" para 2049, año en que la República Popular celebrará su centenario, junto a Pekín el centro del cambio estará de ahora en adelante en Shenzhen, ciudad sede de Huawei, que "debe llevar la iniciativa en la revolución tecnológica mundial". Además, Shenzhen será fortalecida en el ámbito financiero, al alojar un mercado de futuros, de modo que sustituya a Hong Kong, a la que se desea relegar a la sombra.

Shenzhen será el símbolo del futuro en que Xi quiere cambiar el equilibrio llevando la tecnología, la inversión y el poder chino al mundo

Xi quiere alejar a China de los proveedores extranjeros de componentes cruciales, como chips de silicio, producción cuya tecnología involucrada es diabólicamenrte compleja de dominar, según los expertos. Es igual, dio a entender Xi. "La importancia de Shenzhen para la psique nacional es mucho mayor que su importancia económica", insistió. Creada por el anterior presidente Den Xiao Ping, "Shenzhen" será el símbolo del futuro en que Xi quiere cambiar el equilibrio llevando la tecnología, la inversión y el poder chino al mundo.

Pero no todos los vientos son favorables para el gigante chino. Encuestas PEW realizadas en países desarrollados revelan una gran desconfianza hacia un país con una política y una economía estrictamente controladas por el Estado. También el conjunto de sus países vecinos ven con temor y recelo sus ambiciones con el mar Meridional que comparten.

Para George Magnus, de la Universidad de Oxford, el plan del gobierno chino para 2035 "sigue siendo cuestionable". La China de Xi Jinping está duplicando los métodos tradicionales de las empresas estatales (a los que se quiere dar una dimensión mayor) con el control centralizado y autocrático". Y agregó: "Si Pekín se queda corta en términos de crecimiento, se volverá más nacionalista". Y para otros expertos, más asertiva y hostil.

El hecho de que pocos días después —el 3 de noviembre— tengan lugar las elecciones americanas carga las conclusiones del cónclave chino. Este mismo martes, el 20 de octubre, se celebró en Pekín el 70 aniversario de la entrada en guerra en Corea de la “China roja” de Mao contra las tropas estadounidenses del general McArthur, lo que hizo a Xi Jinping celebrar la resurrección del ”espíritu de combate” preparando el país para una nueva “agresión americana”. La paz no está ni siquiera asegurada. 

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