Como nombre propio, ya acuñado, del grupo integrado por los cinco condenados por abuso sexual en Pamplona, lo dejamos tal cual. Me propongo más que hacer un artículo, hacer unos rápidos apuntes, unas observaciones sobre la mucho más que preocupante sentencia navarra que ha condenado por abuso sexual continuado con prevalimiento en lugar de por violación.

Los hechos: un grupo de cinco hombres, casi en la treintena, cogen a una chica de 18, bebida (después de los hechos presenta una tasa de 0,91 de alcohol en sangre: una barbaridad y más después del tiempo transcurrido), la meten dentro del cubículo de un portal y le arrancan cinco felaciones, la penetran tres veces vaginalmente y una analmente. Sin olvidar los besos negros. Para obtener estas prácticas, cada vez la chica era sujetada por dos o más de los condenados. Abuso sexual, dice la sentencia.

Lo dice porque no aprecia ni fuerza ni intimidación. La lectura de los casi 90 folios de detalladísimos hechos probados manifiestan todo lo contrario: constan los vídeos de la agresión (excepcionalmente, el ataque está gravado con móviles de los perpetradores y difundido por ellos mismos a sus amigos), las declaraciones de las personas que la auxiliaron cuando se deshicieron de ella, los partes médicos, las pericias de los psicólogos que declararon en el juicio, la declaración de la misma víctima, incluso la de los agresores. Todo apunta a una violación.

Hubo consentimiento, se dice, viciado, ¿pero lo hubo? La no constancia de rechazo expreso por parte de la víctima es prueba de ello. Falso. En estas situaciones de violencia extrema y absoluto desequilibrio de fuerzas, tal como declararon los psicólogos y está perfectamente descrito en la literatura científica, la víctima permanece asustada, prácticamente inerme: bloqueo emocional, se dice; incluso espera que todo acabe rápido. ¡Nunca dijo sí!

Visto lo visto:

1) Si los mismos sujetos, en lugar de violar a la chica, le hubieran arrancado el bolso con el dinero, habrían sido condenados por robo con violencia y/o intimidación, sin lugar a dudas. Igual que si hubiera sido un chico.

2) Nadie diría que no ha existido robo porque la víctima, asustada, hubiera entregado ella misma ante la presencia de esta banda de brutos su billetera.

Más sobre el consentimiento:

¿La chica violada en Pamplona provocó a los chicos? Plantear el término de la cuestión así es criminalizar a la víctima. El generalizado top less en las playas, los microbikinis, las minifaldas, las transparencias y demás no son una invitación a ningún tipo de relación sexual.

Es más, llevar un encuentro ocasional al piso para hacer la famosa última copa y tener juegos sexuales, no es ninguna autorización para mantener, en contra de la otra persona, relaciones sexuales superiores. Todavía más: haber realizado de común acuerdo una práctica sexual genital, con penetración, no invita ni a repetirla por el mismo orificio corporal, otro o hacerla con auxilio de instrumentos más o menos ad hoc.

El agresor no tiene derecho a satisfacer su impulso o a liberar su fiebre por mucho que considere que la víctima lo haya excitado. Ni él tiene este derecho, ni ella o él tienen ninguna obligación de satisfacer o calmar las pulsiones, manías o humores de los otros: ni en el terreno sexual ni en ningún otro caso.

Si los mismos sujetos, en lugar de violar a la chica, le hubieran arrancado el bolso con el dinero, habrían sido condenados por robo con violencia y/o intimidación

Visto lo visto:

1) Nadie dirá que mostrar el contenido del bolso cuando se va a pagar en la carnicería, por ejemplo, es una invitación al ladrón para que se apodere de él.

2) La libertad es un derecho básico; es más, es un pilar del estado de derecho, de valor superior, habla el artículo 1. 1 de la Constitución. Si es así, toda conducta, como la agresión sexual que la ataca, es punible sin ambages ni edulcorantes.

Coda 1

La protección judicial, que se ha brindado a estos —de momento— abusadores sexuales, garantizando entradas clandestinas en la sala del tribunal o pixelando sus rostros, resulta inaceptable por arbitrario. ¿Quién ha pixelado la cara de Ana Julia Quezada (que era negra y extranjera) por el asesinato del niño Gabriel? ¿Quién ha pixelado la cara de El Chicle, en el caso de Diana Quer? ¿El status acomodado de la familia de víctima lo hacía indigno de esta protección?

Coda 2

Uno de los abusadores es guardia civil destinado en una unidad de lucha contra... la violencia de género. Lo que faltaba. Sus testimonios autograbados de lo que él creía una gesta no tienen pérdida. Alguien, si la violencia contra la mujer se tomara realmente seriamente por las autoridades que la tienen que prevenir, paliar y perseguir, tendría que revisar los procesos de selección para ingresar tanto en el cuerpo policial como en unidades tan sensibles como estas.

Coda 3

Lo único que se le ocurre al presidente del Tribunal Supremo, Lesmes, es criticar las "descalificaciones" de responsables públicos a la sentencia de la Manada. Entiende que "compromete gravemente la confianza que nuestro sistema de justicia merece de los ciudadanos". Ninguna mención a una mejora del sistema judicial y ninguna enmienda hacia la víctima.

Coda 4

En un momento altamente sensible por la no muy lustrosa imagen de la justicia española, la proyección a las opiniones públicas extranjeras no puede ser más nefasta. Por ejemplo, el mismo día en que se hizo pública la sentencia, por la tarde del jueves, el Frankfurter Allgemeine Zeitung se preguntaba si la cultura del machismo (die Macho-Kultur) no desaparecía de España. Al día siguiente, The New York Times, de la mano de una excelente crónica de su corresponsal, Raphael Minder, se refería al grupo abusador como wolf-pack (manada de lobos) y daba cuenta largo y tendido de las manifestaciones subsiguientes al conocimiento de la sentencia.

Esperemos que en apelación se ponga recto lo que ahora está torcido.

Jordi Galves
República Belga (75) Matar a un ruiseñor Jordi Galves