Tal día como hoy del año 1462, hace 564 años, en Agurain (entonces una lengua de territorio de la Corona de Navarra que penetraba hacia el interior del condado castellanoleonés de Álava), se celebraba la entrevista entre los reyes Juan II de Catalunya-Aragón y regente de Navarra, y Luis XI de Francia, para negociar las condiciones de un préstamo de 200.000 escudos de oro que el francés concedía al catalán para financiar el ejército real. Cuando se produjo esta entrevista, hacía tres meses que había estallado el conflicto civil catalán (febrero, 1462), que enfrentaría, por un lado, la alianza formada por la corona, el partido urbano de los gremios, llamado Busca y el campesinado de remensa y, por el otro, la nobleza terrateniente feudal y las oligarquías urbanas, llamadas Biga.
Aquella guerra tendría una duración de diez años (1462-1472) y los bandos en conflicto causarían auténticas masacres, hasta el punto de que la frágil recuperación demográfica del país después de la Peste Negra y de sus rebrotes (siglo XIV) quedaría gravemente comprometida. También, aquella guerra sería el primer escenario bélico de la historia peninsular donde se haría uso generalizado de las armas de fuego, hasta entonces poco conocidas. Para dotar al ejército real de artillería de fuego y de infantería de fusileros, Joan II negoció el préstamo y presentó como prenda la soberanía sobre los condados del Rosselló y de la Cerdanya, que Luis XI de Francia ocuparía militarmente de forma inmediata como garantía de la amortización de la operación.
Concluido el conflicto (1472) Juan II no pudo devolver el préstamo y Luis XI confirmó el dominio sobre la prenda. No sería hasta 1492 cuando el rey Fernando el Católico —hijo y sucesor de Juan II— lograría la recuperación de los condados catalanes ultrapirenaicos. En el Tratado de Barcelona (1492), Fernando obtuvo el reintegro de estos condados a cambio del compromiso de no intervención de la Corona catalanoaragonesa en los planes expansivos franceses al norte de la península italiana. Sería precisamente en el transcurso de estas negociaciones cuando Fernando el Católico sufriría un atentado que casi le cuesta la vida (diciembre, 1492), en las escaleras del Palacio Real y a manos del remensa Joan de Canyamars.