Hoy, definitiva prueba del algodón para demostrar la mutación que han sufrido las manis indepes. El último 11 de septiembre fue exactamente hace dos meses. Sólo hace dos meses. Y desde entonces han pasado tantas cosas que en una mani independentista como la de hoy, en la calle Marina de BCN, no se ha gritado a favor de la independencia. Nunca más nada será igual. Las manis tampoco.

Hoy los dos gritos que más han resonado han sido "Llibertat presos polítics" y "Llibertat, llibertat". El soberanismo ahora vive pendiente de que su gente salga de la prisión y vuelva del exilio. La independencia que animaba los 11 de septiembre y las manis indepes en general ha quedado en un segundo plano. Y sí, somos capaces de caminar y comer chiclé a la vez, pero las prioridades son las que son.

El independentismo vive en una especie de juego de obstáculos permanente donde cada día delante de sus narices sitúan una selva. Y cuando consigue abrirse un camino entre los troncos, las ramas y las hojas, le aparece otra selva. Y cuando la supera, aparece otra. Y cuando eso pasa, la gente vuelve a sacar la navaja suiza y nuevamente se abre camino. Con paciencia. La independencia está al final del camino, donde siempre ha estado, pero ahora hay que estar centrados en ir superando los impedimentos que van surgiendo.

La mani de hoy no era fácil. Había riesgo de desmovilización. Sólo hace dos semanas los indepes estaban desmoralizados, abatidos, tristes, sin líderes y con el horizonte de unas elecciones que no eran las suyas. Pero el Estado español, siempre atento a hacer lo que sea para reavivar la llama, ha conseguido que la gente recupere la moral y vea que las elecciones son una oportunidad. Para el país y para los presos.

La mani indepe pero no independentista, al contrario del resto de las realizadas hasta ahora, no ha sido festiva. Ha habido algún momento para la distensión, con gritos del tipo "Los catalanes hacen cosas", o como un señor que tenía cerca y que repetía, sin que nadie lo siguiera, "Mariano Rajoy, que sepas que me voy". También el clásico "Premsa espanyola manipuladora", expresado cada vez que una TV conectaba desde alguna de las tarimas situadas a lo largo del recorrido.

Pero no se ha agredido a nadie. Ni se ha amenazado a nadie. No ha habido violencia. Ni violentos. Los indepes, estos que ya no se manifiestan por la independencia sino a favor de la libertad de su gente que está en la cárcel por sus ideas, y a diferencia de quien se manifiesta por la unidad de España, no tienen este problema. Eso sí, tienen otros. Mucho peores. Por ejemplo que para justificar enviar a esta gente a prisión, cierta justicia española argumente que manifestaciones como la de hoy son violentas. Y "tumultuosas".

Y podrían tener peores problemas si algún agente del CNI ha visto lo que he visto yo. Porque si ha sido así, mañana ya tenemos portada en la prensa sorayista con un titular del estilo: "Los yihadistas y los terroristas más sanguinarios rechazan a los catalanes por violentos". Y ahora usted me preguntará: ¿Pero, qué ha visto? ¡Una cosa terrible!

Resulta que en la calle Marina, a la altura de la calle Pujadas, hay una mediana que separa el carril de subida del de bajada. Y en esta mediana hay césped. Pues bien, la gente no sólo lo ha pisado sino que... en uno de los trozos cerca de la esquina con Llull... ¡¡¡había una planta!!! Borde, pero planta. De aquellas que le salen una especie de flores amarillas horrorosas, pero planta. De aquellas que si hubiera pasado el servicio de parques y jardines la habría arrancado porque era un hierbajo, pero planta. Una planta que... HA SIDO PISADA REPETIDAMENTE por la gente porque, pobrecita, no la veía (pobrecita la planta, no la gente). Nunca más se podrá decir que en una mani indepe no se ha pisado ni una flor. Por suerte, podremos mantener aquello de que "no se ha tirado ni un papel al suelo".

Para intentar superar este momento violento que provocará la envidia de los ultras que van a otras manis, comparto con usted algunas cosas vistas durante las dos horas y tres cuartos de mani:

- Aparte de los dos helicópteros habituales, hoy también ha pasado una avioneta amarilla sin ningún distintivo que no hacía ruido y a la cual no he sabido verle ninguna hélice.

- No deja de ser curioso ver como en medio de una mani, de repente, se abren paso más de un centenar de abogados con toga en dirección a la cabecera.

- La gente que canta L'Estaca tendría que repasar la letra. No puede ser que en la misma estrofa los unos canten “Si tu l'estires fort per aquí i jo l'estiro fort per allà...” y los otros  “Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà...”. Catalanes, somos un pueblo de orden y yo y tú (o tú y yo) no podemos estar estirando a la vez por el mismo lado. Si yo estiro fuerte por aquí, tú no puedes estar estirando fuerte por aquí porque tienes que estar estirando fuerte por allá. ¡Por favor!

- Cambiar el paseo de Gràcia por la calle Marina desmonta aquello del millón de manifestantes. Todo el mundo sabe que en el paseo de Gràcia, entre la Gran Via y los Jardinets no caben un millón de personas ni haciendo 250 mil pilares de cuatro, pero todo el mundo ha convenido que esto es posible. En cambio en Marina, desde el mar a Gracia, sólo caben 750 mil personas. Interesante.

- No entiendo por qué los parlamentos de los consellers que están en el exilio no los ha cerrado el mensaje del president de la Generalitat. De hecho, no entiendo por qué el suyo no ha sido el último parlamento de todos.

- Y una última cosa para quién esté hasta las narices de ir a manis. Tengo una mala noticia: esta no será la última.

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