La cosa va del abuso y de la manipulación del relato en beneficio propio y de los intereses particulares, aunque eso tenga efectos muy perjudiciales, o bien para una institución, o bien para el conjunto de la ciudadanía. Dos ejemplos: la gestión que la directiva del Barça está haciendo de la moción de censura y la del PP en la Comunidad de Madrid con la pandemia. La una destruyendo la imagen de una institución privada como el Barça, pero que guste o no es la imagen de la ciudad y del país en el mundo. La otra destruyendo vidas. El efectos no son comparables pero quizás son un síntoma. Y nos llevan a un mismo desenlace.

La directiva del Barça quiere ganar tiempo para no tener que afrontar el caos económico del club. Y se agarra a lo que puede. Ya fue memorable regalar jugadores para cuadrar los números, en un ejercicio de despatrimonialización de la entidad como no se recuerda. Y, como ni así, ahora aparecen unos personajes que parecen salidos de la casa de Mainat y a quienes no les comprarías ni una cafetera de segunda mano. Gente del club, que habla en nombre del club y gente contratada por el club que ofrecen una imagen que Joan Gamper ya está llamando desde su tumba a las oficinas del Español para hacerse socio. Gente que justifica haber ido a denunciar unos hechos a la Guardia Civil (¡¡¡a la Guardia Civil!!! ¡¡¡El Barça!!!) y que después dicen que no los han denunciado sino que "los han puesto en conocimiento". Gente que hablan de la falsificación de 300 firmas de la moción, que después son cinco y que al final no están claras ni estas. Gente que dice que tiene datos sobre la moción que no tendrían que poder tener y que cuando les preguntan de dónde las han sacado, cogen una flauta de pan y tocan "El cóndor pasa". En definitiva, gente muy extraña haciendo cosas muy extrañas.

Y de Madrid, que le puedo explicar a usted que no sepa ya. Con unas cifras de contagio fuera de carta todavía hoy se niegan a aceptar el estado de alarma y hablan de que esta medida se tendría que haber negociado. Sí, y también tendrían que haber negociado con el virus. "Señor virus, como son tres días de fiesta seguidos, pare un poquito y si de caso vuelve el martes con la calma". Y mientras Pedro Sánchez dando ejemplo, se va a Portugal con la mayoría de sus ministros a un cumbre hoy prescindible y aplazable a dentro de 15 días.

Pero vamos a los efectos que esta inmensa confusión puede provocar. Aquel "y si...". Vivimos unos tiempos muy extraños, de cambios muy profundos y estamos desbordados, desconcertados. Y lo peor de todo, no podemos planificar, prever. La crisis no es sólo económica sino de modelo y nadie sabe por dónde explotará. Y la respuesta del poder, en general y de manera universal, es hacernos trampas ante nuestras narices. Mentiras y manipulaciones dirigidas a la secta respectiva para inocularle la adhesión eterna y el odio eterno al enemigo. Que así es como se ganan ahora las elecciones. Las que sean. Hasta ahora les ha funcionado porque todos teníamos un plato en la mesa, podíamos comprarnos un móvil para colgar fotos nuestras a las redes pensando que le interesan a alguien y llenábamos el carro en el súper de una comida que el 70% es puro consumo y no alimentación. Pero ahora mucha gente esto ya no lo tiene garantizado. Y subiendo. Y además ve que en vez de ayudarla, el poder se pelea entre sí para, o bien seguir teniéndolo, o bien para tenerlo.

La COVID ha desnudado la parte más cínica del poder. Y el poder quiere decir la Comunidad de Madrid, el Barça o unos medios de comunicación que cada vez informan menos y cada vez adoctrinan más. ¿Y si al final la gente se enfada de verdad? ¿Y si la COVID le da un empujón definitivo a la crisis de un sistema del siglo XIX pero que lo hacen funcionar aplicando algoritmos del siglo XXI?

Y si...

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