Cuando era adolescente, me encantaba (y todavía me gusta) leer novelas negras en las que había que resolver quién había cometido el asesinato y por qué. Tengo una amiga que tenía toda la colección de obras de Agatha Christie, y la "devoré" entera. De mis obras preferidas recuerdo perfectamente la trama y cómo me mantenía en vilo mientras intentaba averiguar quién era el asesino o asesinos. A diferencia de otras novelas en las que los asesinatos suelen ser truculentos y utilizar violencia física, uno de los métodos para asesinar más utilizados en las obras de Christie es el veneno. Y no un veneno cualquiera, como arsénico o cianuro, sino todo un arsenal de venenos diferentes, muchos de ellos obtenidos a partir de plantas, ya que la autora tenía conocimientos precisos de toxicología y farmacia. Sabía si eran sólidos o líquidos, si tenían sabor u olor y cómo se podían administrar, porque durante la Primera Guerra Mundial había sido voluntaria como ayudante de boticario. Podía describir perfectamente los diferentes síntomas de cada veneno, lo cual daba veracidad a las descripciones de sus efectos en sus obras. Hay libros y artículos de divulgación sobre la gran diversidad de venenos usados en sus novelas. Incluso, se han salvado vidas humanas gracias a la excelente descripción que hacía de los síntomas. A finales de los años setenta, una niña llegó al hospital con signos de envenenamiento y la enfermera, que acababa de leer una de las historias de la autora, comentó que los síntomas que presentaba eran muy similares a los del envenenamiento por talio (un elemento químico muy tóxico, usado en raticidas) descritos en la novela, como efectivamente se demostró.

El veneno es un método para librarse de personas "molestas" que tiene un cierto halo de misterio, porque la acción sobre las células de nuestro cuerpo no es visible a simple vista. Ha habido épocas históricas en que el veneno ha sido un arma sin brazo, desde el Imperio Romano a la época de los Borgia, con familias de envenenadores casi profesionales. El miedo a morir por envenenamiento era tan alto que muchos monarcas y nobles tenían un criado para que hiciera de "catador de la comida", personas entrenadas para detectar el sabor de algunos venenos depositados en la comida y bebida, y también, para que si había efecto inmediato, pudieran dar la voz de alarma, al sufrir las consecuencias. No todo es negativo en los venenos, y algunos pueden tener efectos potentes sobre nuestro organismo y son usados como medicamento. Paracelso ya dijo que lo más importante en un veneno es la dosis, ya que en dosis más bajas puede tener un efecto terapéutico.

Aquellos que piensan que el envenenamiento es un método arcaico de matar no se han dado cuenta de que los humanos seguimos usando veneno para eliminar humanos, como arma de guerra. El gas mostaza se usó durante la Primera Guerra Mundial (un agente irritante y, además de ser muy doloroso, lesiona el DNA, por lo cual es mutagénico y favorece la aparición de cáncer). Mientras buscaban pesticidas más potentes, en los años treinta, en unos laboratorios alemanes se sintetizaron cuatro gases que demostraron ser neurotóxicos muy potentes, de aquí que se les denominara de forma genérica gases nerviosos. Son considerados arma de destrucción masiva por la ONU. El más potente y letal de estos gases es el gas sarín (el nombre es un acrónimo de los cuatro científicos alemanes que lo descubrieron), que, de hecho, es un líquido que no tiene ni olor ni color. Quizás os suena, porque fue utilizado por Saddam Hussein contra los kurdos en los años ochenta, y en un ataque terrorista al metro de Tokio en 1994. Más recientemente, se considera que el gobierno sirio usó gas sarín (o un gas nervioso similar) contra su población civil en varias ocasiones, con efectos devastadores innegables. Para que os hagáis una idea, el gas sarín es 81 veces más letal que el cianuro y 28 veces más letal que el gas mostaza.

En los años setenta y ochenta, el gobierno soviético sintetizó nuevos inhibidores de la enzima acetilcolinesterasa, son los Novichok, más potentes, más estables e indetectables por los estándares de la OTAN

El gas sarín y otros gases nerviosos, así como otros venenos neurotóxicos más antiguos, como la eserina o fisostigmina (Agatha Christie utilizó este compuesto, obtenido del haba de Calabar y usado para tratar glaucoma, en La casa torcida y Telón), comparten el mismo mecanismo de acción, son inhibidores de la acetilcolinesterasa, una enzima muy importante en la transmisión nerviosa neuromuscular. En estas sinapsis, las neuronas liberan acetilcolina, el neurotransmisor que es recibido por receptores en la membrana de la célula muscular a fin de que esta se contraiga. Este neurotransmisor se tiene que destruir una vez ha hecho su trabajo. Si no, se acumula la acetilcolina en el espacio sináptico y hace que los músculos queden permanentemente activados. Pues bien, en los años setenta y ochenta, el gobierno soviético sintetizó nuevos inhibidores de esta enzima, son los Novichok ("novatos", en ruso), más potentes, más estables e indetectables por los estándares de la OTAN. Al menos hay siete Novichoks, diferentes y exquisitamente neurotóxicos. No se sabe mucha cosa de ellos, porque cuando en los años noventa un químico ruso reveló algunos detalles, los Estados Unidos y el Reino Unido lo declararon secreto de estado.

En teoría, estos agentes químicos no se han utilizado nunca en la guerra, pero sí que se han usado para envenenar opositores o disidentes rusos. Hace dos años, el exespía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, residentes en Salisbury (Reino Unido), fueron envenenados con el Novichok A234. Pueden ser usados en cantidades ínfimas, en polvo o líquido, pongamos por caso en una colonia o crema para la piel. En este caso, Skripal y su hija estuvieron muy graves, pero no murieron. No tuvo tanta suerte una mujer que usó el perfume donde estaba el veneno, que murió posteriormente. El escándalo del envenenamiento en Salisbury hizo salir los Novichoks de la sombra. Se han declarado como armas químicas altamente tóxicas y, actualmente, se están buscando antídotos y tratamientos.

A finales de agosto hemos oído en las noticias como el opositor político de Putin Aleksei Navalny fue trasladado a Berlín con sospechas serias de que había sido envenenado. Parece que el veneno se encontraba dentro de un té que Navalny se tomó en el aeropuerto siberiano de Tomsk, mientras esperaba para coger un vuelo hacia Moscú. Sufrió náuseas, problemas de respiración y convulsiones y, finalmente, coma, todos síntomas claros de envenenamiento por agente neurotóxico. Esta semana, se ha confirmado que Nalvany fue envenenado con uno de los agentes Novichok. A diferencia del gas sarín, que se degrada en las primeras horas después del envenenamiento, los Novichoks se unen de forma irreversible a la enzima acetilcolinesterasa y son más estables. Con una muestra de sangre de la persona afectada se puede comprobar la presencia de Novichoks de diferentes maneras: la membrana de los glóbulos rojos contiene la enzima acetilcolinesterasa, además, los Novichoks también se unen a la albúmina y a otras proteínas que circulan en sangre. Se pueden separar estas proteínas unidas a Novichok, y detectar su presencia por métodos de análisis químico de alta resolución, como la espectrometría de masas. Teniendo en cuenta que la canciller alemana Angela Merkel es química de formación, seguro que ha comprendido la relevancia y fiabilidad de los análisis realizados en un laboratorio militar de Munich. Una mezcla de novelas de Agatha Christie y la mejor película de espías, sin embargo, desgraciadamente, es real. A, de arsénico. N, de Novichok.

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