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Salvador Illa ha dado esta semana su conferencia titulada "El futur és avui", que tenía por objetivo hacer balance de sus dos años de gobierno y presentar una especie de agenda pensando en la segunda mitad de esta legislatura y más allá. Por suerte, el president hace un tiempo que ha incorporado a su relato el término "prosperidad", sinónimo de progreso, una cuestión sobre la que he escrito bastante a lo largo del último año, contrarrestándolo con el crecer por crecer, tan arraigado en Catalunya.

En contra de los que esperaban concreciones de proyectos y pistas sobre hacia dónde quiere llevar el país, su conferencia fue, fundamentalmente, política y llena de generalidades. El norte político que él asigna a Catalunya es ampliamente conocido (convivencia, solidaridad, hacerse perdonar por ser catalanes, etc.). Como economista, no tengo nada que decir, ya que una parte de la sociedad catalana le compra el objetivo y el relato, y porque hay partidos que le apoyan y aceptan que gobierne con este norte. Sin embargo, en su conferencia dijo algunas cosas que afectan directa o indirectamente a la economía y el bienestar de los catalanes, a la vez que omitió referirse a cosas trascendentales. Veámoslo.

En el terreno económico, Illa destacó que Catalunya debe elevar su ambición económica y potenciar las infraestructuras. Perfecto, si no fuera porque pone sobre la mesa inversiones estratégicas, como la ampliación de El Prat y las de las estaciones de Sants y La Sagrera. Sobre el aeropuerto, algunas preguntas: ¿por qué la Generalitat facilitará a Aena el aumento de capacidad en grandes aeronaves cuando ya tiene la infraestructura de pistas para hacerlo? ¿Por qué la Generalitat debe facilitar que el aeropuerto low cost pueda crecer en 30 millones de pasajeros y alimentar todavía más un sector turístico sobresaturado? ¿Por qué la Generalitat dice amén a un PowerPoint de Aena sin un análisis técnico independiente, extenso y riguroso sobre la necesidad y el coste/beneficio de hacer crecer un aeropuerto enorme en un territorio saturado? ¿Por qué la Generalitat avala un proyecto que usa como justificación una volada de palomas para no hacer de Barcelona un hub? ¿Por qué la Generalitat se pone al servicio de Aena, que no tiene otro objetivo que aumentar el volumen de pasajeros y de negocio? Decepcionante que el interés general se gestione plegándose al interés de una empresa pública dominada por los inversores privados. Y que Illa lo ponga entre sus proyectos, cuando es Aena quien hace la inversión, es una maniobra de distracción.

Respecto a las inversiones ferroviarias, no tocaría colgarse ninguna medalla. Las de Sants y La Sagrera las hace Adif; la Generalitat solo es sujeto pasivo. En las inversiones en Rodalies, que afecta a 130 millones de pasajeros anuales, pasa lo mismo: quien invierte es, discrecionalmente, Renfe, a pesar de la titularidad del servicio por parte de la Generalitat. ¡Qué diferencia con Ferrocarrils de la Generalitat, que transporta 100 millones de pasajeros anuales, con buena calidad de servicio! Aquí sí que se han hecho los deberes; por cierto, con recursos propios.

Illa no dice nada sobre las consecuencias de continuar con el modelo productivo actual de baja productividad, que determina el progresivo empobrecimiento de todos los catalanes

En un terreno cercano a la economía, el president ha anunciado un plan para climatizar 2.530 centros educativos y residencias públicas para personas mayores. Buena noticia, pero la profunda crisis del modelo educativo público catalán no viene de la falta de climatización, sino que tiene otros orígenes. La propuesta de alcanzar un gasto educativo equivalente al 6% del PIB (como prevé la ley) es un brindis al sol en el contexto de falta de dinero. Como también es un brindis político al sol la propuesta de trabajar para llegar a un gran pacto de país sobre la educación, dada la importancia estratégica del tema. Es una idea interesante, pero mucho me temo que este país no necesita hacer más pactos nacionales (por la industria, por la lengua…) que solo sirven para escenificar consensos y buenas intenciones, pero no para dotar a los ámbitos afectados de los instrumentos, los recursos y la autoridad política para transformar nada de forma efectiva.

Sobre un vector crítico como es el del cambio climático, el president se remite a una inversión como la citada antes, de climatizar las escuelas y las residencias, pero con eso no se frenará el cambio climático, si acaso mejorará el bienestar de las personas haciendo que pasen menos calor. Para luchar contra el cambio climático, lo que habría que hacer, más bien, sería no aumentar la actividad del aeropuerto, hacer que Rodalies funcionara correctamente o actuar sobre las saturaciones del transporte por carretera, entre otras. Y, aparte de eso, ¿qué hay de concreto para mejorar una sanidad pública desbordada? ¿Y sobre el problema de la vivienda?

Globalmente, de la conferencia del president se puede deducir su compromiso de seguir propiciando el crecimiento económico en Catalunya. Pero se detiene aquí, no dice nada sobre las consecuencias de continuar con el modelo productivo actual de baja productividad, que determina el progresivo empobrecimiento de todos los catalanes (La contradicción de crecer y empobrecerse). No ha hablado de la relación entre el tipo de crecimiento vigente y la incapacidad de prestar servicios públicos de calidad aceptable. Una pena, cuando lo que habría que decidir es hasta qué punto se puede crecer con el modelo actual y, sobre todo, sopesar si seguir así puede mejorar realmente la vida de los ciudadanos que ya viven en Catalunya. Illa también ha pasado por alto que la Generalitat no puede hacer frente adecuadamente a la demanda de servicios ni puede impulsar actividades de mayor productividad por culpa de un déficit fiscal estructural gravísimo que no se corrige ni mínimamente con el parche del modelo de financiación.

En resumidas cuentas, emulando el título de la conferencia del president, soy de la opinión de que, si seguimos así, el futuro de Catalunya ya lo tenemos aquí y que, con los mensajes que se nos dan, con todos los respetos, el futuro será peor. Es una situación similar a la del cambio climático, que, a pesar de algunos negacionistas, es evidente que ya lo tenemos aquí y que no hará más que empeorar.

Con este panorama, francamente, el país no pinta bien.