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Mientras navego en el universo de los digitales para encontrar algún desecho que renazca en forma de artículo, el malhechor que determina los anuncios del abrevadero virtual hace saltar un pop-up de la Generalitat donde se dice que "Fumar és una merda". Como os podéis imaginar, el cebo de este eslogan cutre lleva directamente a una campaña del Canal Salut del departamento de la bata blanca donde se encuentran tips como "Diez pequeños consejos prácticos para dejar de fumar" (la mayoría de ellos absurdos, como "cuenta a tus amistades que estás dejando de fumar" o "cuando sientas el deseo de fumar, distráete con una actividad que te guste") y una lista de fármacos que nos pueden ayudar a matar el vicio. Mientras los repaso, pienso enseguida que hay cosas infinitamente más mierdosas que fumar, como oír hablar castellano en el Jardí de l'Ateneu, vivir a la espera del tren orbital, o tener a Lluís Pasqual de nuevo en los noticiarios.

Entiendo que una de las prioridades de los agentes de la cosa pública sea la de alargarnos la existencia tanto como se pueda, puesto que así podremos malvivir un montón de años para entregar gran parte del jornal al Estado enemigo y consecuentemente, eso dicen, asegurar el asilo a nuestros yayos. Pero diría que la práctica totalidad de los fumadores catalanes sabemos perfectamente los peligros implica que el tabaco e incluso me atrevería a asegurar que la mayoría de nosotros ya hemos hecho una ecuación bastante estoica entre el inmenso placer que nos regala fumar un purito y el cáncer de pulmones que nos joderá en la tumba. Pero, fumemos o no, deberíamos exigir un mínimo rigor a nuestros mandatarios, también para recordarles algo básico: fumar no es una mierda. Al contrario, es una de las actividades más útiles de cara a preservar no solo la salud mental, sino también el equilibrio general del cuerpo, condición fundamental de la beata vida.

Fumar no es una mierda, queridos gobernantes. Es la única condición que pido para seguir escribiendo y para atreverme a pensar sobre las cosas humanas sin que me broten las lágrimas

Sin la ayuda de mis puros Davidoff ni de las caladas de los cigarros que me fumo después de comer y antes de acostarme (ahora trago mierda de Nicaragua o de Honduras, porque los chinos nos han robado todo el material cubano y lo que nos llega aquí va a precio de colmenillas) hace tiempo que estaría muerto. Fumar el humo del tabaco directamente, sin boquillas ni otras mandangas, es aquello que me aleja de los malos pensamientos, me impulsa a acabar el día y, al límite, me aparta del suicidio. Sé perfectamente que, a base de inhalar esta droga, las probabilidades de que acabe canceroso, tullido o cojo son altísimas... pero la satisfacción y los adjetivos que me ha ayudado a encontrar este vicio resultan infinitamente superiores a cualquier mal. Fumar no es una mierda, panda de burócratas, porque sin el humo... ¿cómo cojones creéis que aguanto el autonomismo? Si no tengo el tabaco bien cerca, ¿cómo queréis que resista vivir en una nación ocupada?

Dicen los socialdemócratas que tenemos que dejar de fumar porque nuestro vicio de hoy es el colapso de la sanidad del futuro. Este es un argumento pérfido, no solo porque nos trata como usuarios y no como ciudadanos, sino porque hay muchas cosas por las cuales podemos acabar hospitalizados, locos o directamente muertos, como el turismo que ensucia las bellísimas calles del Gòtic, la espantosa forma de pronunciar la lengua catalana de la mayoría de nuestros actores, o la nauseabunda tendencia de la tribu de construir entidades cívico-culturales y no más tanques o misiles. Los fumadores hemos pagado mucho más dinero que el peso monetario de nuestra cura y, a diferencia de otros ciudadanos, sufrimos un apartheid rabioso en muchos restaurantes, bares y —gracias a los comunistas— muy pronto también en el oasis de una terraza.

Fumar no es una mierda, estimados gobernantes. Es la única condición que pido para continuar escribiendo y para atreverme a pensar sobre las cosas humanas sin que me broten las lágrimas. Si alguien os pide ayuda para dejarlo, ¡faltaría más!, poned todo el esfuerzo en la curación. Pero a los fumadores dejadnos trazar la propia muerte como nos dé la gana y, os lo ruego, no me fastidiéis mientras busco tema para el artículo de los lunes... que hoy llevo los mismos párrafos y el doble de puros.