Del excelente documental Llenguaferits del 30 minuts del pasado domingo, la turba de Twitter y toda cuanta red-donde-perder-el-tiempo ha viralizado un fragmento en el que nuestro grandísimo viquipedista Àlex Hinojo situaba la necesidad de poder dirigirse en catalán a máquinas y cachivaches como una garantía indispensable del futuro de nuestra lengua. Kippelboy lo ejemplificó con una tostadora para resultar más entendible, pero la idea se podría ejemplificar con cualquiera de los dispositivos con los que nos dirigiremos verbalmente en un futuro no muy lejano y a los que, sólo faltaría, deberíamos poder conversar en catalán. La idea parecería sensata hasta a un bebé; a saber, los idiomas deben adaptarse y ser utilizados con naturalidad al afrontar cambios en los medios de uso. Pero en el país de la memez perpetua, ya ve usted, todo es más complicado.

Que una gran parte del españolismo (incluida la izquierda chupiguay que se indigna al ver morir injustamente una foca, pero a quien atender a la salud y a la pervivencia de una lengua le resulta una cosa de rurales o, como diría mi querido amigo Bassets, “del catalán de payés”) se haya dedicado a chotearse de Àlex indica lo adecuada que ha sido la programación de este, insisto, magnífico espacio. Porque bajo la broma crítica a lo que dice Àlex, que como todo lo que afirma es de una gran inteligencia, subyace la sempiterna noción según la cual las lenguas minoritarias no deberían tener acceso a los mecanismos técnicos, dispositivos y comunicativos del mundo global. Dicho con menos pedantería, que esto del catalán debería usarse para hablar del tiempo, pero que en lo que toca a la física cuántica o a la ética aristotélica uno debería pasarse siempre y sin rechistar el español.

Àlex Hinojo situaba la necesidad de poder dirigirse en catalán a máquinas y cachivaches como una garantía indispensable del futuro de nuestra lengua

De hecho, la tostadora de Àlex ejemplifica una de las mejores ideas de este Llenguagerits. En Catalunya, el uso del catalán en ámbitos de la cultura especializada como el de las editoriales independientes o el teatro tiene una salud envidiable y robusta. Pero es en los productos y emisores de consumo masivo, como Youtube o los memes, donde el catalán resulta prácticamente invisible. ¿Fallamos siempre? Pues no, porque la Viquipèdia en catalán (precisamente gracias a gente como Hinojo) ya tiene más de 600.000 entradas y está en el Top 20 mundial de lenguas más utilizadas en la Wikipedia. Blanco y en botella, ello implica que donde el catalán puede correr sin muros, restricciones, ni el asedio de la administración española, puede competir sin ningún problema con las primeras lenguas del mundo. Todo ello, insisto, gracias al trabajo de sus autores anónimos.

Àlex Hinojo ha iniciado 12.000 de estos artículos y colaborado en más de 60.000 y, de hecho, no pasa un solo día sin crear uno de nuevo cuando ve que a la Viquipèdia le falta un concepto o un nombre interesante para el saber colectivo. Este curro titánico es de una importancia vital, habida cuenta del número ingente de adolescentes, jóvenes y profesores que ya no consultamos las enciclopedias consuetudinarias –en papel– sino que viajamos directos a chez Google para que nos resuelva dudas. Hinojo, en un país normal, acumularía muchos más bustos que chistes. Y creedme, si yo fuera el propietario de una editorial, de una empresa de marketing o de comunicación, lo primero que haría es ficharle como directivo y pagarle todas las tostadoras que necesite. Un objeto que por cierto, y como no podría ser de otra forma, tiene su respectiva entrada en la Viquipèdia.

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