No hay ni un solo partido de los que ha gobernado Catalunya que se salve, ¡ni uno! (la CUP tampoco, a pesar de no haber gobernado nunca), porque gracias a todos ellos hemos llegado a la situación de decadencia en la que nos encontramos. Sin ellos no habría sido posible conseguir una sustitución lingüística y cultural en Catalunya; a pesar de que suelten frases épicas en defensa de la lengua y la cultura catalanas siempre que hay una cámara delante. Las palabras se las lleva el viento; nos ha quedado clarísimo, a los catalanes. De un español muy español declarado te puedes esperar que tenga ganas de hacer desaparecer del mapa nuestra lengua y cultura (o al menos dejarla como un souvenir para los turistas, que siempre queda bien parecer inclusivo), pero de alguien que en su programa electoral tiene la palabra independencia, no. Bueno, hasta ahora. Ahora ya no nos creemos nada. Nos hemos pillado los dedos demasiadas veces para seguir confiando en que nos van a llevar a la independencia: para declarar la independencia, primero se tiene que querer dejar de ser dependiente (sus actos hablan por sí solos).

En Catalunya se ha dado tanto la vuelta a la tortilla de la situación, que hemos llegado al punto de que los catalanes nos sentimos completamente desprotegidos ante las agresiones lingüísticas que sufrimos diariamente. Muchos jóvenes, gracias a las políticas anticatalanas, a la destrucción intencionada del sistema educativo (que empezó claramente cuando se implantó la ESO) y a la apuesta que hizo ERC de introducir en su partido a Gabriel Rufián para ensanchar la base del independentismo dejando de lado la lengua catalana (¡¿qué podía fallar?!), creen que la lengua propia de Catalunya es el castellano. Imaginaos la perversidad de todo ello: les han hecho creer que la lengua que se nos impuso con armas y una dictadura (el castellano) es la lengua propia de Catalunya y que los catalanes somos gente malvada por querer imponer el catalán en Catalunya. Esperpéntico. No saben que mucha gente mayor no sabe escribir en catalán porque en la escuela los obligaban a escribir en castellano, o que antes de la dictadura franquista había mucha gente en Catalunya que no sabía hablar en castellano. De hecho, su grado de ignorancia es tan grande que, cuando alguien les habla en catalán, suponen que también les tiene que poder hablar en castellano; no saben que el catalán también se habla en otros territorios como la Catalunya del Nord o el Alguer y que allí no se habla castellano, sino italiano y sardo (en el caso de Cerdeña) y —también por imposición, of course— francés (en el caso de la Catalunya del Nord).

Se empieza con una broma y se acaba defendiendo la unidad de España con uñas y dientes desde las izquierdas inclusivas

Es muy peligroso que el sistema educativo sea un sistema fallido como hasta ahora porque se convierte en una máquina de producción de jóvenes ignorantes, sin criterio propio, que no contrastan la información y que siguen a un líder (llámese Gabriel Rufián, llámese influenciador con 500K seguidores) que piensa por ellos y que les dice cómo tienen que pensar y actuar entre tiktok y tiktok, entre tuit y tuit y entre broma y broma. Así, cuando alguien dice ¡Viva España! en un encuentro de gente de izquierdas para salvar a España de la extrema derecha, siempre se puede decir que solo era ironía y reír un rato todos juntos. ¿Cuántos de estos 500.000 seguidores saben qué es la ironía y, en el caso de que lo sepan (¡que lo dudo!), saben diferenciarla de la literalidad y la manipulación? Porque, si has estudiado un poco de psicología o has leído a Freud y Lacan, o simplemente piensas un poco, sabes o puedes deducir que, si quieres provocar un cambio grande de pensamiento entre un grupo de personas, la mejor manera de hacerlo es poco a poco, sin que se note, tanteando el terreno, que no se perciba que haces un cambio, con humor y, siempre que se pueda, victimizando; es decir, empezando con una broma inocente que se escude detrás de la ironía para ver cómo reaccionan las víctimas y si encuentran tolerable este nuevo pensamiento o hay que disfrazarlo un poco más. Se empieza con una broma y se acaba defendiendo la unidad de España con uñas y dientes desde las izquierdas inclusivas, como ya estamos viendo actualmente con la excusa de salvar a España de la extrema derecha (Cree el ladrón que todos son de su condición). No hay derechas e izquierdas cuando se trata de defender la unidad de España. Pero esto, queridos lectores, no habría sido posible si antes no se hubiera llevado a cabo una sustitución demográfica en Catalunya, como ya expliqué en este artículo. El primer paso era reducir el número de catalanohablantes. Como he dicho hace un momento: poco a poco, tanteando el terreno, sin que se perciba el cambio… hasta que ya esté implantado y no haya marcha atrás posible.