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No son, ni fueron, Robert Redford y Paul Newman, ni nunca tendrán, cuando Dios los tenga en la gloria, el aura mitológica de Butch Cassidy y Sundance Kid, pero se especializaron en la apertura de puertas giratorias, como lo hacen los ladrones de guante blanco, mucho antes de que la decrepitud les otorgara el aura mesiánica de los que se creen unos elegidos. Se han hecho mayores, pero todavía se creen, con razón, los prohombres de una verdad que tiene, como destino, mantener firme el chiringuito. Nada es casual, ya que ellos fueron los creadores e ideólogos de lo que hoy se conoce como Madrid D.F., comedero del que estos dos veteranos de las cloacas políticas nutren sus cuentas bancarias y también su inmoralidad difundida en conferencias llenas de una claca servil profundamente borbónica. A estos dos conspiradores de despacho y eyaculadores de misivas golpistas del tipo "el que pueda hacer, que haga", a uno lo llamaremos Señor X, letra que le favorece, y al otro, Señor Y, letra que simboliza una acción que se repite indefinidamente como las malas digestiones.

Abogado de profesión, el Señor X se hizo con el liderazgo del PSOE y renegó del marxismo en favor de un socialismo grouchista. Antes de convertirse en presidente del Gobierno, al Señor X se lo vinculó con los entramados de un golpe de Estado blando —con el supuestamente siempre como visado de exculpación—, pronunciamiento que se vio sepultado antes de tiempo por otro golpe de Estado interpretado por golpistas chusqueros. Ganadas las elecciones de 1982, no necesitó una insurrección militar para construir la España que soñaba, la del café para todos, o para hacer entrar a España en la OTAN bajo la sombra de ser uno de los hombres viciados por la CIA al final del tardofranquismo y durante la Transición. Y una vez en la Moncloa, el Señor X se sintió como el patriarca, primero primerizo, después otoñal, estado onírico que empleó para crear un entramado de contactos que le permitieran abandonar la política por la puerta de atrás, eso sí, acorralado por el "Sindicato del Crimen" y con la sombra, presuntamente, de ser el inductor y jefe de los GAL, terrorismo de Estado parapolicial destinado a matar etarras. Él lo negó y continúa negándolo como ciudadano corriente que dispone de una cuenta corriente alimentada por un lobby o entramado que lo ha llevado a ocupar poltronas en consejos de administración de empresas gasísticas o a ser invitado a las mesas familiares de los principales oligarcas latinoamericanos. En política, los favores se pagan. El Señor X ha sido uno de los grandes desengaños de los socialdemócratas, que han asistido a la involución de un estadista que iba, primero de marxista, después de socialista y ahora de hombre lobo de la derecha con piel de oveja socialista. Él, que se autodenominó jarrón chino como expresidente en barbecho, se ha convertido en una de las infamias más dolorosas de la izquierda, y el ejemplo fehaciente de lo que es un traficante profesional de influencias marca España.   

Inspector de Finanzas del Estado, el Señor Y se hizo con el liderazgo del PP con la ayuda de un especialista en lawfare llamado Miguel Ángel Rodríguez. Nadie ha acabado de entender, si no es por un golpe de calor o por una bocanada de Soberano, cuál fue la potencialidad política que le entrevió MAR al Señor Y, un tipo tan triste de espíritu que uno de sus sueños cumplidos fue el de disfrazarse de mio Cid por las tierras de Castilla y León, comunidad de la que entonces era presidente. Nunca ha habido un político con menos poliedros que el Señor Y y con una capacidad de oratoria más pobre, metafóricamente hablando. El Señor Y relevó al Señor X en la Moncloa ayudado, naturalmente, por el perseverante "Sindicato del Crimen", una agrupación que es como la RAE: cuando un miembro muere, se lo sustituye por otro "sindicalista" de corbata. MAR, el doctor Frankenstein, construyó su bestia para conseguir la España que soñaba. Después de ganar las elecciones, el Señor Y tuvo que mover dos fichas desagradables: primero, pactar con "Pujol guaperas, habla lo que quieras"; después, llegar a un acuerdo con los vascos refiriéndose a ETA como "movimiento vasco de liberación nacional". Dos bajadas de pantalones que se las cobraría cuando consiguió una mayoría absoluta con la que podía remodelar, por fin, a la España radial, con las comunidades rebeldes sometidas a los deseos de Madrid D.F. Es una lástima que el poder te vuelva ciego, y más, si has defenestrado a MAR como consultor, acusado de fanatismo hiperbólico. Como el Señor X, el Señor Y cayó por su propia inercia megalómana; en su caso, típica de los que en la juventud fueron unos pagafantas. Hizo entrar a España en una guerra ilegal, y se lo llevó el río electoral cuando engañó al pueblo cargando a ETA los 191 asesinatos en el atentado yihadista de Madrid. Y ya como jarrón chino, se convirtió en conferenciante con ínfulas de cuñado intelectual, aceptó un cargo en Endesa a 200.000 euros la visita anual + contactos, y montó la FAES, la niña de sus ojos, una fundación dedicada al análisis y a los estudios sociales, brazo armado del Sindicato del Crimen 2.1.  

El Señor X y el Señor Y, especialistas en presunciones, han tenido la desvergüenza de denunciar el tráfico de influencias y de corrupción, la de los otros, con la finalidad de hacer caer al Gobierno sanchista

Es enternecedor comprobar cómo el Señor X y el Señor Y se han reencontrado ideológicamente en la vejez. Más bien es el Señor X quien ha hecho el viaje hasta el Mordor ideológico que representa el Señor Y, y lo han abrazado como en el anuncio de turrones El Almendro. La unión hace la fuerza para descabalgar a Pedro Sánchez y a su gente de confianza —algunos estropeados de fábrica— por orden del Washington trumpista y el sionismo internacional. El Señor X y el Señor Y, especialistas en presunciones, han tenido la desvergüenza de denunciar el tráfico de influencias y de corrupción, la de los demás, con el fin de hacer caer al Gobierno sanchista, que es como una piedra en el zapato de los anarcocapitalistas y ultraliberales que lideran el mundo. El Señor X y el Señor Y son la guinda del pastel de esta desinhibida conspiración mediática, política, económica y judicial.

Mirando tiernamente al pasado, capto que el matrimonio ideológico entre el Señor X y el Señor Y comenzó con el procés y se materializó con el 1 de octubre y la amnistía. Catalunya como problema; Madrid D.F. como solución. Gobernado, eso sí, por títeres como Isabel Díaz Ayuso, otro monstruo incomprensible creado por MAR. Dos conspiradores y un destino sería un buen título para una película protagonizada por dos presuntuosos que tienen el derecho de pernada de la presunción de inocencia para ir por el mundo como dos verdaderos perdonavidas jubilados.