La erosión de intereses y valores entre las dos orillas del Atlántico, reflejada en la crisis de Groenlandia, anticipa el colapso funcional de la OTAN. Europa está descubriendo que el paraguas de seguridad americano tiene hoy más agujeros que tela. Hoy en día el imperialismo unilateral y monroviano de los Estados Unidos —que no es exclusivo de Donald Trump, sino una tendencia estructural de su electorado— requiere, de la Unión Europea (UE), la adopción de una decisión histórica. La dependencia de terceros para la defensa propia es la antítesis de la autonomía estratégica europea. Es preciso dotarnos de una arquitectura de defensa propia, como ya escribimos en estas mismas páginas, con menos evidencias, en marzo de 2025.
La actual fragmentación es una gravísima ineficiencia que no nos podemos permitir. Según datos del Servicio de Investigación del Parlamento Europeo (EPRS), la falta de cooperación entre los Estados miembros (EM) de la UE en la defensa supone un coste de entre 25.000 y 130.000 M€ anuales, a causa de la duplicidad de sistemas de armamento y la falta de economías de escala. El ahorro real entre esas dos cantidades tan diferentes sería tanto mayor cuanto más se unifique la política de defensa europea. Solo una política única de defensa europea puede ser eficaz, eficiente y compatible con el mantenimiento e incluso el hundimiento del estado del bienestar que constituye, junto al imperio de la legalidad y los derechos fundamentales de las personas, las bases del sistema civilizatorio europeo.
En la actualidad, la UE opera con más de 170 sistemas de armas diferentes, mientras que los EUA operan con apenas 30. Esta balcanización técnica obliga a una dependencia tecnológica externa que drena recursos públicos sin generar un retorno industrial real en nuestro territorio. Una industria de defensa integrada, financiada con eurobonos o mecanismos de deuda conjunta, permitiría optimizar el gasto. Si las compras se realizan en un mercado único de defensa europeo, el multiplicador económico quedaría en casa, fomentando el I+D+i y el empleo cualificado desde Galicia hasta Polonia. Porque una defensa integrada reduciría el gasto agregado de los presupuestos estatales mediante la eliminación de duplicidades. Al centralizar las capacidades (inteligencia satelital, transporte estratégico, ciberdefensa…), se liberan recursos que hoy se pierden en la ineficiencia burocrática de 27 ejércitos estancos. Si la inversión en defensa no se canaliza a través de las estructuras europeas, mediante un sistema único de defensa, estaremos regando el complejo militar-industrial norteamericano mientras aquí recortamos en sanidad, educación y servicios sociales.
La UE debe caminar hacia una mutación constitucional que transforme la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) en una verdadera estructura federal
Esta UE de la Defensa requiere de reformas normativas para superar la actual arquitectura de mínimos del actual Tratado de la Unión Europea (TUE). La UE debe caminar hacia una mutación constitucional que transforme la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) en una verdadera estructura federal. Esto exigiría eliminar la necesidad de unanimidad en el Consejo para decisiones operativas, evitando que un solo EM (como sucede hoy con Hungría en diversos asuntos) pueda vetar la capacidad de respuesta del bloque. Esta mutación constitucional podría basarse, de conformidad con los artículos 42.6 y 46 TUE, como “cooperación estructurada permanente (PESCO)”, de forma que los EM que lo decidan puedan iniciar pronto una cooperación militar muy estrecha mediante el desarrollo de protocolos de integración orgánica, creando, en el operativo, unidades de combate con mando único europeo, y en lo comercial, una Agencia Europea de Defensa con potestades reguladoras reales sobre el mercado de armamento, funcionando como una autoridad de competencia militar.
El mantenimiento y hundimiento del estado de bienestar y el éxito de esta nueva política de defensa requiere de un Fondo Europeo de Defensa, sustancialmente parecido al NextGenerationUE, que emitiese deuda conjunta europea para no reducir los fondos estatales, nacionales y locales destinados a la sanidad, educación, servicios sociales o dependencia, con el fin de financiarnos la transición hacia una autonomía estratégica europea.
Este proceso debe respetar el principio de subsidiariedad, permitiendo que naciones con capacidades industriales específicas, como Galicia y Catalunya sean actores directos en esta nueva cadena de valor, sin pasar por el filtro centralista del Estado español. Así, el paso de una economía de defensa balcanizada que compra a los EUA a una de desarrollo propio europeo beneficiaría directamente al tejido empresarial gallego, catalán (y para el caso, también vasco, muy especializado en motores y componentes de alta precisión de aeronaves que la industria aeroespacial podría ensamblar en la ciudad occitana de Toulouse), contribuyendo a financiar los servicios públicos mediante una base fiscal más sólida y tecnológica.
En concreto, Galicia aportaría el “hub” naval de Navantia en Ferrol, experto en fragatas inteligentes de última generación y en la digitalización del astillero, que aporta una especialización que no tienen los astilleros bretones de Lorient y Brest. También aportaría el hub aeronáutico especializado en drones del aeródromo de Rozas-Lugo.
En cuanto a Catalunya, podría asumir un papel crucial en i) ciberseguridad e inteligencia artificial. Barcelona es un hub tecnológico europeo que podría aportar la protección contra ataques híbridos y la gestión de datos de satélites (estrategia NewSpace). ii) supercomputación, usando el MareNostrum 5 del Barcelona Supercomputing Center como herramienta para usar en simulaciones de combate y desarrollo de nuevos materiales sin necesidad de hacer pruebas costosas y iii) microelectrónica, usando el PERTE de Microchips como instrumento para ser la sede del diseño de semiconductores de Europa, rompiendo la dependencia china y taiwanesa en defensa de la autonomía tecnológica de Europa. Catalunya no puede competir en hardware de defensa con la Baviera de la Siemens, que es una de las sedes de Airbus Defence y fabrica los radares de Hensoldt. Pero sí puede liderar el software a integrar con ese hardware bávaro.
Por ello, para Catalunya o Galicia la defensa única europea es una gran oportunidad para superar la centralización estatal dependiente del presupuesto público que opacamente gestiona Madrid y coliderar procesos tecnológicos e industriales de dimensión europea que incluso serán susceptibles de reducir drásticamente el tamaño de una Administración del Estado progresiva, pero inexorablemente despojada de sus competencias en defensa y diplomacia exterior.
