Dentro de pocos días, Barcelona vivirá un momento histórico: la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Família por el papa León XIV en el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Por respeto a Gaudí, a su obra y al pueblo que la hizo y la hace posible, la bendición debería ser en catalán.
Antoni Gaudí es el representante de la cultura catalana más internacional que nunca hemos tenido. Una de las figuras más comprometidas con la lengua y la identidad catalanas. Nos podemos sentir profundamente orgullosos. Gaudí vivía Catalunya como una comunidad histórica, cultural y espiritual. Formaba parte de algunas de las entidades catalanistas más relevantes de su época: el Cercle Artístic de Sant Lluc, el Orfeó Català, el Centre Excursionista de Catalunya y la Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat.
Precisamente, en un acto religioso organizado por esta última entidad, Gaudí fue arrestado el 11 de septiembre de 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, por hablar en catalán. Tenía setenta y dos años. Era un arquitecto admirado y respetado en todas partes. Y, sin embargo, mantuvo su lengua ante la represión y protagonizó un acto personal de defensa del catalán que hoy sigue siendo uno de los episodios más conocidos de su biografía. Gaudí no llevaba dinero para pagar la multa y recuperar la libertad y escribió al rector de la parroquia de la Mercè pidiéndole 75 pesetas. La multa era de 50. Las 25 restantes las quería para pagar la sanción de un vendedor ambulante de fruta con quien compartía celda. Cuando aquel hombre le pidió una dirección para devolverle el dinero, Gaudí le contestó: "La caridad no se devuelve". Gaudí era un hombre profundamente religioso, caritativo y catalanista, y su obra está impregnada de estos valores.
El edificio más catalán del mundo es, a la vez, un templo destinado a toda la humanidad. La universalidad de la Sagrada Família nace de su arraigo en la tierra. La cultura y la lengua catalanas son las raíces de este templo que es como un árbol. Sus ramas crecen y sus frutos llegan a todo el mundo. Gaudí no llega al mundo a pesar de Catalunya. Llega a través de Catalunya. La Sagrada Família es catalana, es mediterránea, es cristiana y es universal.
Gaudí defendía el catalán no porque lo considerara superior a las otras lenguas, sino porque era su lengua
Gaudí defendía el catalán no porque lo considerara superior a las otras lenguas, sino porque era su lengua. Era la lengua con la que se expresaba, soñaba, rezaba y amaba. Era su realidad natural. Por eso su obra también habla en catalán. En la Sagrada Família, el catalán es mucho más que un idioma. Es una manera de entender la naturaleza, la luz, la religión, la belleza y la espiritualidad. La Sagrada Família se ha convertido en la gran embajadora internacional de la historia, el arte y la cultura catalanas. Millones de personas llegan cada año a Barcelona y muchas conocen muy poco nuestra tierra. Todavía hoy hay visitantes que desconocen que el catalán es una lengua propia y no un dialecto, pero se van habiendo descubierto una cultura, una historia y una manera de entender el mundo a través de una experiencia única. Visitar la Sagrada Família es, a menudo, una manera de enamorarse de Catalunya.
La Sagrada Família es la materialización más impactante de nuestra esencia colectiva. Hemos conseguido construir la iglesia más alta del mundo y, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí, Barcelona vivirá uno de los momentos más trascendentes de su historia reciente. Por todo ello, el texto de la bendición de la Torre de Jesús, por respeto, homenaje y reconocimiento a Antoni Gaudí y al pueblo catalán, debería ser en catalán. Gaudí llegó al mundo a través de Catalunya. Su obra también. La historia que escribiremos en Barcelona los próximos días merece ser explicada en la lengua de Gaudí.
