Por las cosas que tiene la vida, el referéndum acordado, pactado, requetelegal, legítimo y con todas las garantías del mundo mundial y extraplanetario para que los catalanes decidamos sobre eso de la independencia (si puede ser, sin que la policía nos casque a palos) ha caído como por arte de magia de la agenda política de Podemos en el primer minuto de la flamante coalición gubernamental Pedropablo. De hecho, Catalunya ha tenido el privilegio indiscutible de ejercitar el arte de la palabrería de los autores de este nuevo pacto de izquierdas que asegura “tener como prioridad la convivencia en Catalunya y la normalización de la vida política. Con esta finalidad, dice el Gobierno amigo de ERC, se fomentará el diálogo en Catalunya buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución”. Vaya, que Podemos y los comunes no sólo han renunciado al referéndum, sino que comparten la tesis del Club 155 según la cual Catalunya sufre un problema convivencial y que la vida política no es nada normalita. Realmente, los españoles cada día son más creativos insultando a la colonia.

Pero bien, todo esto sabíamos que pasaría tarde o temprano, como también podemos esperar una auténtica cascada de creatividad de los diputados republicanos en el Congreso cuando toque abstenerse en la investidura de Sánchez apelando a vete tú a saber qué mal menor (y de paso olvidando la represión policial que hemos vivido estos últimos meses). Afortunadamente, tanto la izquierda española como la catalana tienen un espantajo perfecto para justificar este pacto entre los que hasta hace poco no conciliaban el sueño y aquellos quienes les llamaban carceleros: la emergencia de Vox y el auge de la ultraderecha será la excusa perfecta para que los indepes más farsantes olviden los cien años de prisión de sus compañeros, el dolor del exilio y etcétera. Cualquier crítica a la futura moral de saltimbanqui, no lo dudéis, será respuesta con la idéntica cancioncilla: somos independentistas pero también estamos escandalizados con la subida del fascismo en España, antes Sánchez con Podemos que no Abascal. Como dicen los cursis, entramos en la era de las luchas compartidas.

La emergencia de Vox y el auge de la ultraderecha será la excusa perfecta para que los 'indepes' más farsantes olviden los cien años de prisión de sus compañeros, el dolor del exilio y etcétera

La jugada tiene una gracia enorme, porque de hecho uno de los responsables del crecimiento de Vox ha sido Pedro Sánchez quien, con una irresponsabilidad superlativa que no ha tenido ningún otro presidente de la UE, ha publicitado a los de Abascal con la simple intención de perjudicar al PP (¡cabe recordar que el líder socialista incluso pidió la presencia de Vox en los debates electorales el pasado abril!). Con la pésima campaña abstencionista de Susana Díaz y la actitud del presidente español, la ultraderecha lo ha tenido todo a favor para campar libre y más todavía cuando el conservadurismo de Madrid ya no necesitaba para nada a Albert Rivera. El espantajo, en definitiva, se lo han creado ellos solitos, como el PSOE y Podemos han perdido casi un millón y medio de votos por su propia ineptitud pactista, alimentando de pasada un clima antipolítico que puede devenir peligroso. Ellos han creado al monstruo y, de hecho, todavía pueden ser más idiotas como para alimentarlo conviertiéndolo de facto en el primer partido de la oposición en el Congreso.

Pero bien, todo esto es un problema para los españoles y ellos sabrán. A mí, que como sabéis soy un hiperventilado y un frívolo, me preocupan otras cosas tan absurdas como tener partidos independentistas que ayudarán a investir administraciones y presidentes que encarcelan a sus propios líderes y que asumen felizmente la ocupación policial del país que dicen representar. Son cosas mías, no me hagáis caso: seguro que en breve tendremos un relator que nos lo solucione todo…