¿Se ha resuelto la crisis que comenzó el conseller Baiget con toda la intención del mundo? Aparentemente, sí. Y si se demuestra que no fue una falsa salida, con más motivo. Anteayer, sábado, el Consejo Nacional de los demócratas escenificó la catarsis de la unidad. Menos Baiget, que no asistió a la reunión, todos los implicados en la resolución del conflicto quisieron dejar claro que iban a la par. Que desautorizaban las especulaciones sobre el PDeCAT y las divisiones internas.

Pero en el partido que dirige Marta Pascal sigue abierta la pregunta inicial. El PDeCAT vive la misma paradoja que vivió Artur Mas cuando se fue decantando hacia el independentismo. Lo hizo despacio, con muchas vacilaciones, dando volantazos que le hacían ir de aquí para allá y, cuando recibía las consecuencias de la maniobra, viraba de nuevo sin calcular que el giro podía provocar un accidente de daños irreparables. Mas jamás dispuso de una estrategia, simplemente fue reaccionando ante lo que pasaba, como quien, de golpe y porrazo, se da cuenta de que ha invadido el carril contrario y tiene que maniobrar si no quiere ser embestido por el coche que le viene de cara.

El PDeCAT vive la misma paradoja que vivió Artur Mas cuando se fue decantando hacia el independentismo

Prever solo los efectos negativos procedentes del futuro inmediato no quiere decir que se haya diseñado una estrategia digna de este nombre. Reaccionar ante un hecho es solo una medida preventiva. La estrategia es un arte. El arte de coordinar las acciones de un grupo, de un movimiento o de un Estado en el momento de maniobrar para conseguir el objetivo planteado. No se pueden tener dos estrategias a la vez, en especial si son incompatibles. Para entendernos, no se puede encarar la preparación del 1-O al mismo tiempo que ya se está pensando cómo sobrevivir a la derrota. En su famoso libro sobre el arte de la guerra, Sun Tzu, advierte que cuando tus tropas están diseminadas, las armas están embotadas, agotadas tus fuerzas y los suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovechan de tu debilidad para sublevarse. Entonces no hay quién te salve. Por lo tanto, primero hay que ser extremadamente fuerte y estar convencido de adónde vas y con quien quieres hacer el trayecto.

La acción política no puede ser bipolar. No se puede querer ser “revolucionario” y al mismo tiempo no tener las agallas suficientes para cambiar las cosas hoy mismo. Así es cómo actúan en estos momentos los comuns, convertidos en uno de los puntales del régimen del 78. Pero también es fácilmente detectable en algunos responsables del PDeCAT. Si bien los efectos sean ciertamente revolucionarios, el independentismo es una política legítimamente reformista. Y la fuerza de este reformismo, porque estamos en esta fase, solo se puede medir en cuanto que los “valientes” avanzan juntos y aplican la estrategia que han diseñado para echar a los enemigos y neutralizar a los “timoratos”. Volviendo a las enseñanzas de Sun Tzu sobre la guerra, en un caso como ese ni los valientes avanzan solos ni los timoratos huyen de uno en uno.

Si la estrategia de Artur Mas fue un work-in-progress permanente, lo que me provocó bastante zozobra, Marta Pascal cae en la misma trampa. Es por eso que un día acierta y al cabo de quince días le tiran una coz que es incapaz de resistir con la profesionalidad de los grandes políticos. Los líderes de verdad necesitan tener a su lado a personas extremadamente críticas y no a aduladores. Necesitan gente que les facilite el trabajo y que no ahuyente a los aliados. Richard Holbrooke (1941-2010), el diplomático norteamericano que intervino en la pacificación de los Balcanes, explica en sus memorias que lo más importante para un político es saber elegir a sus colaboradores en el momento de tomar posesión de un cargo. Quien no acierta en la elección lo acaba pagando. Ya se ha visto en el caso de Trump, con destituciones a chorros nada más empezar, y que ahora solo confía en la familia.

La acción política no puede ser bipolar. No se puede querer ser “revolucionario” y al mismo tiempo no tener las agallas suficientes para cambiar las cosas hoy mismo

Si en el PDeCAT alguien se siente molesto por cómo se construye el relato de la convocatoria del referéndum, lo primero que debe hacer es detectar cuáles son sus propios errores. Les pongo un ejemplo, muy vistoso. El día en que el bloque soberanista presentó la ley que regulará el referéndum, Junts pel Sí cometió dos pifias monumentales. Primera, aceptar la paridad entre Junts pel Sí  y la CUP en la mesa presidencial, con cuatro representantes por cada grupo. La mayoría parlamentaria soberanista tiene una proporción de 6 a 2, en todo caso. Segunda pifia, dejar que fueran los diputados y diputadas de la CUP los que delimitaran el discurso político. Ya sé que hay quien lo defiende con el argumento de que se tuvo que hacer de esa manera porque los de la CUP amenazaban otra vez con lanzar la bomba atómica. A estas altura ya deberíamos haber aprendido que los cupaires actúan como Kim Jong-un, el jefe de la monarquía comunista de Corea del Norte, que a menudo está más ansioso por mostrar su poder y su fuerza militar que por ejercerlo de verdad.

Volvamos al principio. El PDeCAT carece de una estrategia global. Va dando bandazos y no sabe qué discurso tomar ni el comportamiento que debe tener para representar al independentismo moderado. A los moderados les puede divertir escuchar de vez en cuando los disparates de Gabriel Rufián, pero de ninguna manera pueden intentar imitar las salidas de tono del diputado de ERC si quieren conservar al electorado que representan. Y el problema que tienen los diputados y diputadas del PDeCAT en Madrid es que unos quieren seguir siendo los diputados de la Minoría Catalana y otros sufren si no se significan compitiendo con Rufián. ¿Saben ustedes cuál fue el gran error del PDeCAT el día en que inhabilitaron a Francesc Homs? Aceptar la sentencia y desposeerlo de su condición de portavoz. Ahí perdieron una oportunidad. Homs debería seguir siendo el portavoz del PDeCAT en Madrid, por lo menos públicamente. Da igual quien fuese el portavoz dentro de la cámara, Homs todavía debería ser la cara visible de los demócratas, el portavoz que atendiese a los medios en nombre del PDeCAT para mantener viva la memoria de que la represión contra los soberanistas no podrá con ellos. Aprender a pensar acciones como esta no es fácil, pero estoy seguro de que si la hubiesen llevado a la práctica habría sido un golpe de efecto brutal.

El president Puigdemont tiene una estrategia y es por eso que arrastra y representa a los independentistas moderados, aunque alguno de ellos pueda tener dudas sobre qué se está haciendo y cómo

Alguien tendría que haber pensado en algo así, pero en el PDeCAT nadie piensa en esas cosas, mientras sigue confiando en gente que no es de fiar, que mantiene los privilegios de antes sin la lealtad debida. Y del mismo modo que pienso que nunca se debería haber asumido la inhabilitación de Homs, también pienso que el PDeCAT debería haber votado a favor de la moción de censura contra Rajoy —que es lo que quería el president Puigdemont, por cierto— sin dejar de vapulear sin piedad a Iglesias para marcar la distancia que separa a los demócratas de los populistas. Era la oportunidad de visibilizar el centro político sin charlotadas y desenmascarar a los partidos del régimen del 78, que son hoy los enemigos reales del soberanismo. “Debilita a tu enemigo aunque sea apoyándote en otro”, eso es lo que recomiendan los consultores que definen las estrategias de quienes aspiran a liderar algo.

El president Puigdemont tiene una estrategia y es por eso que arrastra y representa a los independentistas moderados, aunque alguno de ellos pueda tener dudas sobre qué se está haciendo y cómo. Si él no cede en su empeño, ¿por qué seguir a los que solo piensan en cómo sobrevivirán al día siguiente de un posible fracaso? El consejero Santi Vila lo ha entendido perfectamente. A este señor le han ofrecido de todo para que se baje del barco en plena travesía y provoque una crisis en el PDeCAT que difícilmente podría superar. Vila ha rehusado estas ofertas para alinearse junto al president Puigdemont porque sabe que si el 1-O no funciona será un golpe muy duro para todo el mundo. Él ha dado un paso al frente y se ha convertido en la garantía moderada del procés, lo que le proporciona alguna posibilidad de sobrevivir en un futuro si el 1-O no saliera bien. Otros no han querido dar este paso por falta de decisión, que no es la mismo que falta valentía. Los posibles sustitutos de Puigdemont son gente valiente pero poco decidida cuando se le ha ofrecido asumir una responsabilidad superior al actual.

El PDeCAT tiene que aceptar que es un partido en transición que ahora, además, tendrá que dejar la nueva sede de la calle de Provença porque es propiedad de CDC y este partido moribundo necesita cash para afrontar la que le va a caer encima cuando se dicte la sentencia del caso Palau. Del mismo modo que es necesario que el PDeCAT se mude de casa para adaptarse a su pérdida de hegemonía, también es necesario que prevea de antemano que llegará el día en que posiblemente tendrá que cambiar otra vez de marca, libre de peajes, para convertirse en los liberal demócratas catalanes, al estilo Macron, para poner en pie un nuevo partido favorable al mercado y a la colaboración publico-privada y socialmente progresista. Ustedes me dirán que el PDeCAT ya es eso. Es evidente que sí. Pero mientras el instrumento sea un esqueje borde de CDC, el invento no cuajará. Son necesarias nuevas ascuas e inventar una tradición que ayude a superar los años oscuros. Para resumirlo en pocas palabras, al nuevo espacio político le hace falta más Pallach y menos Pujol; más Trias Fargas y menos Roca i Junyent. La juventud que hoy está al frente del PDeCAT tiene derecho a equivocarse, pero no tiene derecho a equivocarse reiteradamente.

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