Nadia Padovani ha intensificado los esfuerzos para asegurar la continuidad de Álex Márquez en el equipo Gresini más allá de la próxima temporada. La dirigente italiana ha mejorado la oferta inicial con el objetivo de retener a uno de los pilares deportivos de la estructura. Sin embargo, el futuro del piloto español se decide en un escenario mucho más amplio que el puramente económico.

Álex afronta su cuarto año con Gresini en una posición muy distinta a la de su llegada. Su evolución ha sido constante y su rendimiento le ha consolidado como un valor seguro dentro de la parrilla. La estabilidad técnica, la confianza mutua y el crecimiento compartido forman parte del vínculo construido con el equipo. El propio piloto ha reconocido que la parte sentimental pesa en la balanza, consciente de que con Gresini ha creado algo importante a nivel deportivo y humano.

Aun así, el momento actual exige una decisión estratégica. El nuevo reglamento previsto para 2027 introduce una variable determinante en el mercado. En un cambio de ciclo técnico, los proyectos oficiales adquieren un valor añadido, ya que permiten influir directamente en el desarrollo desde la base. Para un piloto en plena madurez competitiva, ese factor puede resultar decisivo.

Una decisión más allá del sentimiento

Las declaraciones recientes de Álex dejan claro que la elección no será precipitada. Quiere analizar todas las opciones, comprender cada propuesta y elegir aquella que le ofrezca mayor solidez y proyección. Ha insistido en que es el momento de arriesgar o de dar un paso diferente, especialmente ante el horizonte reglamentario que redefinirá el campeonato.

Àlex Márquez saludando / Foto: EFE

No es ningún secreto que Gresini desea retenerlo como referencia deportiva. La mejora de la oferta refleja esa voluntad. Sin embargo, la estructura satélite, por muy competitiva que sea dentro del ecosistema Ducati, no puede ofrecer el mismo grado de influencia que un equipo de fábrica en la construcción de una nueva moto bajo normativa inédita.

El propio Álex ha admitido que incluso ha hablado de la situación con Marc. Ambos han vivido escenarios similares en el pasado y entienden la importancia de elegir el proyecto adecuado en el momento justo. La decisión no se limita a 2026, sino que condiciona el posicionamiento de cara a 2027 y al nuevo ciclo técnico.

KTM emerge como opción estructural

En este contexto, todo apunta a que KTM se perfila como la alternativa más coherente con esa ambición de crecimiento. La marca austriaca trabaja para consolidar su estructura oficial y reforzar su alineación con pilotos capaces de liderar el desarrollo en la nueva era reglamentaria. Un asiento de fábrica ofrece recursos, capacidad de decisión y un papel central en el proyecto.

Cabe destacar que la elección final no dependerá únicamente del factor económico. Álex ha subrayado que priorizará la propuesta más sólida o aquella en la que se sienta más cómodo y agresivo en pista. Esa combinación de estabilidad técnica y confianza personal será clave para inclinar la balanza.

Lo destacable en este caso es que la oferta mejorada de Gresini demuestra el reconocimiento a su rendimiento, pero el contexto invita a pensar en un salto estructural. Con el cambio reglamentario como telón de fondo, asegurar un puesto en una moto oficial representa una apuesta estratégica a medio plazo.

La decisión se anunciará cuando el piloto considere que todas las piezas encajan. Mientras tanto, el mercado se mueve y las fábricas ajustan sus planes. Si finalmente KTM confirma su interés y concreta la propuesta, el futuro de Álex Márquez podría pasar por liderar un proyecto oficial en plena transición hacia la nueva MotoGP.