El ingenio para esquivar normas de tráfico vuelve a protagonizar un episodio llamativo tras conocerse la sanción impuesta a un conductor que circulaba por el carril VAO con un maniquí colocado en el asiento del copiloto. El objetivo era claro: simular la presencia de un segundo ocupante para cumplir aparentemente con el requisito mínimo de ocupación exigido en este tipo de vías reservadas.
El vehículo fue detectado durante un control de vigilancia en el que los agentes comprobaron que el supuesto acompañante no era una persona real, sino una figura de tamaño humano vestida y colocada estratégicamente para aparentar normalidad desde el exterior. La maniobra fue considerada un uso fraudulento del carril, lo que conllevó la correspondiente sanción económica y la pérdida de puntos del permiso de conducir.
El carril VAO —Vehículos de Alta Ocupación— está diseñado para fomentar el uso compartido del coche y aliviar la congestión en accesos urbanos especialmente saturados. Para circular por él, es obligatorio cumplir con un número mínimo de ocupantes, generalmente dos o más, salvo excepciones específicas contempladas en la normativa de cada vía.
Una infracción con intencionalidad evidente
A diferencia de otros supuestos en los que puede existir confusión normativa, en este caso la conducta revela una voluntad clara de eludir el control. La colocación de un maniquí no responde a un error ni a una interpretación dudosa de la norma, sino a una estrategia deliberada para beneficiarse de las ventajas del carril reservado.
La sanción por utilizar el carril VAO sin cumplir las condiciones exigidas suele implicar una multa económica que ronda los 200 euros y la detracción de puntos del carné. No obstante, la presencia de un elemento fraudulento puede reforzar la gravedad de la infracción al evidenciar el propósito de engañar a la autoridad.
Cabe destacar que los controles en este tipo de carriles han evolucionado notablemente en los últimos años. Además de la vigilancia presencial, existen sistemas de cámaras capaces de identificar con mayor precisión la ocupación real del vehículo. Este refuerzo tecnológico reduce el margen para prácticas irregulares.
El uso indebido del carril VAO no es una cuestión menor. Estos espacios están concebidos para premiar a quienes optan por compartir trayecto, reduciendo el número de vehículos en circulación y mejorando la fluidez del tráfico. Cuando se accede de forma irregular, se distorsiona el equilibrio del sistema y se perjudica a quienes sí cumplen la norma.
Más allá de la picaresca
El episodio pone de relieve la presión que generan los atascos diarios en determinados corredores urbanos. El ahorro de tiempo que supone circular por el carril VAO puede ser significativo, lo que explica que algunos conductores intenten acceder a él por vías ilícitas.
Sin embargo, la colocación de un objeto voluminoso en el asiento del copiloto no está exenta de riesgos. En caso de frenada brusca o accidente, un maniquí sin sujeción adecuada puede desplazarse violentamente dentro del habitáculo, interfiriendo en la conducción o comprometiendo el funcionamiento de sistemas de seguridad como el airbag.
Llama especialmente la atención que este tipo de estrategias sigan apareciendo pese a la claridad de la normativa y a la creciente vigilancia. El carril VAO no admite interpretaciones creativas: la ocupación debe ser real, efectiva y comprobable.
El intento de ganar unos minutos en el trayecto puede terminar traduciéndose en una multa y en la pérdida de puntos, con un coste muy superior al beneficio buscado. La finalidad de estos carriles es fomentar una movilidad más eficiente y colaborativa. Cualquier uso fraudulento no solo supone una infracción administrativa, sino que erosiona la confianza en un sistema pensado para mejorar la convivencia vial y reducir la congestión en los accesos más saturados.
