Huele a verano, a vacaciones. Y en estas fechas, muchos conductores se preocupan por el precio del combustible, buscan gasolineras más baratas y tratan de conducir de forma eficiente. Sin embargo, existen detalles muy sencillos que a menudo pasan desapercibidos y que pueden aumentar notablemente el gasto de gasolina. Por ejemplo, los neumáticos, el único elemento del vehículo que mantiene contacto directo con el asfalto y que influye tanto en la seguridad como en el consumo.
Antes de emprender un viaje largo conviene dedicar unos minutos a revisar el coche. Los niveles de aceite, el líquido limpiaparabrisas o el combustible suelen recibir toda la atención. Sin embargo, numerosos profesionales del sector recuerdan que comprobar la presión de las ruedas es igual de importante. Una presión incorrecta puede afectar al comportamiento del vehículo y aumentar la distancia de frenado.
La presión de los neumáticos es clave en el ahorro de combustible
Existe la creencia de que todos los neumáticos deben circular a 2,5 bares, pero la realidad es muy distinta. Cada fabricante establece unos valores concretos según el modelo, la carga transportada y las condiciones de uso. En muchos turismos las cifras habituales rondan entre 2,2 y 2,3 bares, aunque estos valores pueden variar dependiendo de cada vehículo.
Cuando se viaja con varios ocupantes y el maletero cargado, los expertos recomiendan aumentar ligeramente la presión. De esta forma se compensa el peso adicional que soportan las ruedas. Muchos fabricantes incluyen una tabla informativa en el marco de la puerta del conductor donde aparecen las presiones recomendadas para distintas situaciones de carga.
En el caso de los SUV, debido a su mayor tamaño y peso, es habitual encontrar valores próximos a los 2,4 bares. No obstante, la referencia válida siempre será la indicada por la propia marca. Seguir estas recomendaciones ayuda a mejorar la estabilidad, optimizar el desgaste de los neumáticos y reducir el esfuerzo que realiza el motor durante la marcha.
La seguridad también tiene mucho que ver
Otro aspecto fundamental es comprobar la presión con los neumáticos fríos. Tras circular varios kilómetros, el aire del interior se expande por efecto de la temperatura y la medición puede resultar engañosa. Si es necesario realizar el control después de conducir, algunos especialistas aconsejan añadir entre 0,2 y 0,3 bares respecto al valor recomendado para compensar este fenómeno.
Más allá de la seguridad, el ahorro económico también es importante. Un neumático con poca presión aumenta la superficie de contacto con el suelo y obliga al motor a trabajar más. Diversos estudios estiman que el consumo puede incrementarse hasta un 5%. Por el contrario, llevar las ruedas excesivamente infladas también resulta perjudicial, ya que reduce la adherencia y puede comprometer la estabilidad.
