El motor de un vehículo está diseñado para funcionar con una sonoridad determinada, fruto del equilibrio entre combustión, fricción y movimiento de sus componentes internos. Cuando ese sonido habitual cambia o aparece un ruido nuevo, la mecánica suele estar enviando una señal de advertencia. Entre todos los avisos posibles, hay uno que los profesionales consideran especialmente preocupante: el golpeteo metálico repetitivo.

Este tipo de ruido, que puede percibirse con mayor claridad al arrancar en frío o al acelerar con decisión, no debe confundirse con vibraciones normales o con el funcionamiento propio de ciertos motores diésel. Se trata de un sonido seco, rítmico y persistente que acompaña el aumento de revoluciones. No es ningún secreto que muchos conductores tienden a restarle importancia en sus primeras fases, pero los mecánicos advierten de que puede ser el síntoma de una avería seria en gestación.

Un sonido que apunta al interior del motor

El golpeteo metálico suele estar relacionado con anomalías en componentes internos sometidos a grandes esfuerzos. Bielas, cojinetes, pistones o elementos del sistema de distribución pueden estar detrás de este fenómeno acústico. En algunos casos, también puede deberse a detonaciones irregulares en la cámara de combustión, provocadas por una mezcla inadecuada o por problemas en la gestión electrónica.

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Cuando el aceite no lubrica correctamente o ha perdido sus propiedades, las piezas metálicas pueden entrar en contacto directo. Esa fricción genera un golpe repetitivo que aumenta con la carga del motor. Lo destacable en este caso es que el sonido tiende a intensificarse al acelerar, lo que confirma que el problema está vinculado al esfuerzo mecánico.

Otro escenario frecuente es el desgaste progresivo de los cojinetes de biela. Si estas piezas pierden tolerancia, el movimiento del conjunto genera un juego excesivo que se traduce en ese característico golpeteo. En fases iniciales puede ser leve y esporádico, pero con el paso de los kilómetros se vuelve más evidente y constante.

El riesgo de ignorar la señal

El principal peligro de este tipo de ruido es su evolución silenciosa hacia una avería mayor. Un componente interno deteriorado puede seguir funcionando durante un tiempo limitado, pero el daño tiende a propagarse. Una biela en mal estado, por ejemplo, puede acabar comprometiendo el bloque motor si no se sustituye a tiempo.

Cabe destacar que el coste de reparar un elemento concreto en una fase temprana es muy inferior al de reconstruir o reemplazar un motor completo. Cuando el golpeteo metálico se ignora y el vehículo continúa circulando con normalidad aparente, el desgaste se acelera y la factura final puede multiplicarse.

Además, no siempre se encienden testigos de avería en el cuadro de instrumentos. La ausencia de alertas electrónicas no garantiza que todo funcione correctamente. El oído sigue siendo una herramienta fundamental para detectar irregularidades que los sensores no siempre identifican de inmediato.

Los profesionales del sector insisten en que cualquier golpeteo metálico repetitivo, especialmente si aparece al arrancar o al acelerar, debe ser revisado cuanto antes en un taller especializado. No se trata de una simple molestia acústica, sino de una posible señal de anomalía interna.

En mecánica, la prevención resulta determinante. Atender a un ruido anómalo en sus primeras fases puede evitar daños estructurales y reparaciones de alto coste. El motor habla a través de sus sonidos, y cuando emite un golpeteo metálico persistente, conviene no ignorar el mensaje.