El arranque del nuevo proyecto de Aston Martin ha dejado más dudas que certezas. El AMR26, concebido para aprovechar al máximo el nuevo reglamento técnico, no ha ofrecido el rendimiento esperado en las primeras evaluaciones y ha obligado al equipo a asumir que parte desde una posición retrasada. En ese análisis interno, el foco apunta con claridad hacia la unidad de potencia desarrollada por Honda.

Fernando Alonso no ha escondido su preocupación. El asturiano ha reconocido que el equipo debe aceptar que está por detrás y que el margen respecto a los líderes es considerable. La ilusión generada por la llegada del nuevo reglamento y por la implicación de una estructura técnica ambiciosa ha chocado con una realidad que exige correcciones urgentes. Y en ese contexto, el motor japonés aparece como el área donde más terreno se pierde.

El motor como epicentro de las dudas

El nuevo marco técnico obliga a una integración absoluta entre el propulsor térmico y los sistemas eléctricos. La eficiencia energética, la entrega de potencia y la gestión electrónica deben funcionar como un bloque perfectamente sincronizado. Si uno de esos elementos no rinde al nivel esperado, el conjunto entero se resiente.

En el caso de Aston Martin, la sensación es que la unidad de potencia todavía no ha alcanzado el grado de competitividad necesario para situarse a la altura de los equipos punteros. Alonso ha sido autocrítico con el rendimiento global, pero también ha señalado que el déficit principal se encuentra en el motor. El equipo trabaja intensamente tanto en Silverstone como en Japón para reducir esa brecha, aunque el tiempo juega en contra.

Fernando Alonso pensativo / Foto: Europa Press

Lo destacable en este caso es que el piloto no transmite plena confianza en una solución inmediata. Reconoce que aún hay margen antes del inicio del campeonato, pero el tono deja entrever cierta frustración. La diferencia respecto a los mejores no es marginal, y eso obliga a replantear prioridades técnicas en pleno proceso de desarrollo.

Un pasado que vuelve al presente

La tensión adquiere una dimensión especial si se tiene en cuenta la historia entre Alonso y Honda. Su etapa en McLaren estuvo marcada por la falta de rendimiento del motor japonés y por una relación deteriorada que dejó declaraciones contundentes y episodios de evidente desencuentro. Aquellos años fueron especialmente duros para el asturiano, que vio frenadas sus aspiraciones deportivas por problemas de fiabilidad y potencia.

Ahora, el reencuentro con Honda se produce bajo una estructura diferente, pero con algunos protagonistas comunes en la dirección técnica. Koji Watanabe lidera el proyecto actual y su figura se convierte en clave para revertir la situación. Aunque públicamente se ha intentado cerrar las heridas del pasado, la memoria competitiva pesa cuando los resultados no acompañan.

No es ningún secreto que Alonso afrontaba esta nueva alianza como una oportunidad para redimirse junto a la marca japonesa y demostrar que el binomio puede ser competitivo. Sin embargo, el inicio complicado reabre viejas sensaciones. El bicampeón necesita un coche capaz de luchar en la zona alta y cualquier déficit estructural se percibe con especial intensidad en la fase final de su carrera.

Aston Martin dispone de recursos y margen reglamentario para evolucionar el conjunto, pero el desafío es inmediato. La relación entre Alonso y Honda vuelve a situarse en el centro del análisis, con la figura de Watanabe como responsable directo de un área que debe mejorar con rapidez. El desarrollo de las próximas semanas marcará si este nuevo capítulo es capaz de romper definitivamente con el pasado o si las tensiones históricas vuelven a condicionar el presente.