Como bien saben aquellos que acuden de forma habitual a las gasolineras en nuestro país, los precios de la gasolina y el diésel han bajado de forma notable en los últimos meses.
Tras un verano en el que tanto la gasolina como el diésel tenía una media de 1,8 euros el litro, actualmente la media de estos combustibles está en torno a los 1,5 euros el litro, una bajada importante que ha dado un respiro a los bolsillos de los españoles, especialmente aquellos que usan de forma habitual el coche y que, por lo tanto, hacen un consumo elevado de combustible.
En este sentido, cabe destacar que, si bien es cierto que los consumidores nada poder hacer en relación al precio de la gasolina, sí que se pueden llevar a cabo diferentes estrategias para acabar ahorrando combustible y, con ello, acabar gastando menos en gasolina o en diésel.
Dos de los mejores trucos para ahorrar combustible
Una de ellas es la de intentar llevar a cabo una conducción más eficiente. En este sentido, no se trata de ir más lento, sino de intentar conducir de tal manera que, especialmente en los coches manuales, donde más juegos se lo puede sacar al rendimiento del motor a través de los cambios de marcha, el coche vaya siempre a un nivel de revoluciones que sea óptimo para el consumo.
Así, si bien es cierto que ir con marchas demasiado elevadas a una velocidad muy baja puede acabar perjudicando a la mecánica por las vibraciones y acabar derivando en un consumo mayor en depende qué situaciones, intentar no revolucionar el motor en exceso acaba derivando en un consumo más bajo. Lo mismo ocurre con las aceleraciones y las cerradas, que si las hacemos de forma suave y anticipamos en muchos casos las frenadas, el consumo medio de nuestro coche irá bajando de forma constante.
Otra estrategia que también acaba derivando en un menor consumo es el de hacer un uso responsable de los sistemas de calefacción y climatización del coche. Así, si bien es cierto que las bajas temperaturas obligan en muchos casos a optar por poner la calefacción en el coche, hacerlo de una forma muy agresiva con temperaturas muy altas y a una potencia muy alta dispara el consumo, por lo que es mejor poner una temperatura media y a una velocidad baja para que a la larga el coche acabe cogiendo temperatura sin que el consumo sea extremadamente elevado.
