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La intensificación de los ataques rusos contra Kyiv está afectando cada vez más el estado de ánimo de la población. El miedo, el cansancio y la sensación de inseguridad se han convertido en una parte habitual de la vida cotidiana en la capital ucraniana, donde los habitantes se preparan para nuevos bombardeos mientras aumenta la preocupación por el próximo invierno.

Según explica The Guardian, la atmósfera en Kyiv ha cambiado durante los últimos meses a medida que los ataques rusos han vuelto a golpear con más intensidad la ciudad. Los misiles balísticos de alta velocidad son especialmente difíciles de interceptar y la falta de misiles Patriot ha dejado a la población con una sensación mayor de vulnerabilidad.

La vida en las estaciones de metro

Esta situación obliga a algunos ciudadanos a modificar completamente su rutina. Viktor, de 23 años, y Sofiia, de 18, explican al diario británico que hace tres semanas que duermen cada noche en una estación de metro de Kyiv con su perro, Teddy. Para ellos, el refugio subterráneo se ha convertido en un espacio habitual para protegerse de los ataques nocturnos.

La joven explica que anteriormente, cuando sonaba la alarma aérea, todavía había tiempo para recoger las pertenencias e ir hasta el refugio. Ahora, en cambio, asegura que pueden pasar solo unos segundos entre el aviso y las explosiones. Esta falta de tiempo para reaccionar contribuye a aumentar la angustia entre los habitantes.

La preocupación no es solo por la posibilidad de morir o resultar herido. Los ataques también dejan consecuencias psicológicas entre los supervivientes. Vitalii, un vecino de 42 años que encontró su coche gravemente dañado después de un ataque, explica a The Guardian que, a pesar de estar físicamente bien, ahora tiene más miedo. El problema, dice, ya no es solo económico, sino también psicológico.

Depresión y preocupación por el futuro

El mismo alcalde de Kyiv, Vitali Klitschko, considera que los ataques tienen un objetivo que va más allá de la destrucción material. Klitschko afirma que los bombardeos buscan "llevar a la gente a la depresión", es decir, provocar el desánimo y hundir psicológicamente a la población.

Esta presión se suma a la preocupación por el futuro. Aunque el verano todavía registra temperaturas elevadas, muchos habitantes ya piensan en el invierno y en la posibilidad de volver a sufrir cortes de electricidad y calefacción. Algunos residentes se han preparado con generadores, baterías y sistemas de calefacción alternativos, pero continúan preocupados por la posibilidad de que los ataques afecten servicios básicos como el agua.

La situación también se refleja en el aumento de las víctimas. Según datos de las Naciones Unidas citados, durante julio murieron 437 civiles en Ucrania y 2.610 resultaron heridos. Se trata del número mensual de muertes más elevado registrado desde mayo de 2022.

Además, los ataques son cada vez menos previsibles. Viktoriia Ruban, portavoz de los servicios de emergencia estatales de la región de Kyiv, explica al rotativo que los bombardeos ya no se concentran únicamente durante la noche: ahora pueden producirse por la mañana o durante el día y repetirse varias horas después.

En Kyiv, por tanto, la guerra no solo se mide en edificios destruidos o víctimas. También se manifiesta en una población que duerme bajo tierra, vive pendiente de las alarmas y afronta con incertidumbre los meses que vienen. La intensificación de los ataques está convirtiendo el miedo y el cansancio en una parte cada vez más presente de la vida cotidiana de los ucranianos.