La invasión rusa de Ucrania se ha convertido en el conflicto más mortífero en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Cuatro años después del inicio de la ofensiva a gran escala, el balance humano y económico dibuja una guerra de erosión con una factura que supera cualquier precedente reciente en el continente.

Según estimaciones del Centre d’Estudis Estratègics i Internacionals (CSIS), las fuerzas rusas habrían sufrido aproximadamente 1,2 millones de bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos. De este total, alrededor de 325.000 serían soldados muertos en combate. Por su parte, Ucrania habría registrado entre 500.000 y 600.000 bajas militares, con una horquilla de entre 100.000 y 140.000 muertos.

El número de víctimas civiles confirmadas supera las 15.900 personas, según la Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania, aunque el organismo admite que la cifra real podría ser muy superior, especialmente en los territorios ocupados, donde no tiene acceso directo. Más allá de las muertes, la guerra ha dejado una huella psicológica profunda: encuestas recientes indican que cerca del 80% de la población ucraniana vive bajo estrés y ansiedad constantes. La primera dama, Olena Zelenska, ha definido la situación como un “trauma psicológico colectivo”.

El coste de la guerra

El coste económico es igualmente colosal. La interrupción de la actividad productiva, la destrucción de infraestructuras y el gasto militar acumulado han supuesto pérdidas estimadas en 2,2 billones de euros entre los dos países. Es, en términos financieros, la guerra más cara en Europa desde 1945.

Ucrania EFE (7)
EFE

Durante los tres primeros años del conflicto, antes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, Ucrania y sus aliados occidentales habían comprometido más de 267.000 millones de euros en ayuda militar, financiera y humanitaria. Los Estados Unidos fueron el principal donante individual, con unos 118.000 millones de euros, mientras que el conjunto de países europeos e instituciones de la Unión Europea aportaron aproximadamente 168.000 millones.

Sobre el papel, esta ayuda combinada superaba el gasto oficial en defensa de Rusia durante el mismo período, estimada en unos 331.000 millones de euros. Sin embargo, varios centros de análisis apuntan que el coste real de la maquinaria militar rusa es difícil de medir con parámetros occidentales. El menor coste de la mano de obra, la logística y la producción de armamento hace que, en términos comparativos, la capacidad militar efectiva de Moscú sea superior a la que indican las cifras brutas. El presupuesto ruso de defensa para 2024, ajustado a este diferencial de costes, equivaldría a unos 425.000 millones de euros, por encima del total de la ayuda occidental a Kiev e incluso de los presupuestos de defensa combinados de todos los países europeos ese año.

¿Los EE. UU. condicionan la guerra?

El cambio político en Washington ha alterado el equilibrio financiero del apoyo a Ucrania. Después de su regreso a la presidencia, Trump suspendió la asistencia económica directa y trasladó el peso de la financiación a Europa. En virtud de un nuevo acuerdo, los aliados europeos asumen el coste de las armas estadounidenses enviadas a Ucrania, además de las que producen ellos mismos.

ucraina efe (8)
EFE

Esta nueva realidad presiona aún más las finanzas europeas. Hungría, bajo el liderazgo de Viktor Orbán, ha utilizado reiteradamente su derecho de veto para condicionar paquetes de ayuda comunitarios. Recientemente, Budapest ha bloqueado un préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Kyiv. Sin este mecanismo, también peligra un apoyo adicional del Fondo Monetario Internacional, vinculado a la aprobación europea.

Los dineros que necesita Ucrania para la guerra

Ucrania afronta un déficit presupuestario inminente y necesita unos 60.000 millones de euros adicionales en los próximos dos años. Solo el mantenimiento del ejército en 2026 costará unos 110.000 millones, la mitad de los cuales deberán provenir del exterior.

A pesar de la retirada de la financiación directa, Estados Unidos mantiene una influencia decisiva. Washington continúa proporcionando inteligencia estratégica, datos de objetivos, imágenes por satélite y sistemas clave como los misiles Patriot o los lanzadores HIMARS, que Europa no puede sustituir plenamente. También controla el acceso a Starlink, la red satelital esencial para las comunicaciones militares ucranianas.

Sobre el terreno, Rusia controla actualmente cerca del 20% del territorio ucraniano. Después del avance inicial de 2022 y la posterior contraofensiva ucraniana, el frente se ha estabilizado en una guerra de avances lentos. En 2025, Moscú ha ganado una media de 443 kilómetros cuadrados al mes. Si esta dinámica se mantiene, unos 15.000 kilómetros cuadrados podrían caer bajo ocupación rusa en tres años.

Cuatro años después, el conflicto no ha redefinido completamente las fronteras de Europa, pero sí que ha redibujado la geopolítica del continente y ha dejado una factura humana y económica que marcará una generación.