Decenas de mujeres ucranianas han roto el silencio para explicar lo que muchos activistas y observadores internacionales definen como una forma de violencia de guerra sistemática: violaciones, torturas y humillaciones perpetradas por soldados rusos durante ocupaciones de territorios civiles. Sus voces, recogidas y publicadas por The New York Times, ofrecen un relato crudo que va mucho más allá de los datos estadísticos y se convierte en una llamada urgente de reconocimiento, apoyo y justicia.

En medio del avance y la retirada de líneas militares, muchas mujeres fueron atrapadas por los soldados. Algunas fueron violadas repetidamente, obligadas a servir como esclavas sexuales por grupos enteros de soldados, o sufrieron tortura física y psicológica en condiciones de prisión improvisadas. Estos actos no fueron casos aislados, sino testimonios de patrones que muchas expertas definen como violencia relacionada con el conflicto, una de las formas de crímenes de guerra más devastadoras y con repercusiones de largo alcance.

Los testigos del horror

Uno de los relatos más impactantes es el de Svitlana, de 31 años. Después de ser violada y amenazada con la desaparición de su bebé, Svitlana descubrió que estaba embarazada meses más tarde. Cuando acudió al hospital para interrumpir el embarazo, los médicos le dijeron que ya era demasiado tarde para un aborto legal. Aquella decisión, forzada por circunstancias extremas, la marcó profundamente, y hoy combina sentimientos de dolor, responsabilidad y amor por un hijo que simboliza una vida a través de una experiencia traumática.

Otros testimonios hablan de órganos de prisión e interrogatorios donde la violencia sexual fue usada como herramienta de dominación. En Berdiansk, una mujer activista fue capturada y sometida a abusos sexuales y torturas en una prisión improvisada. Estas agresiones no solo causaron heridas físicas, sino traumas duraderos que afectan la salud mental y la capacidad de reconstruir vidas normales después de la liberación de territorios ocupados.

Este fenómeno no ha sido ignorado por organismos internacionales. Organizaciones de derechos humanos y grupos de investigación han documentado cientos de casos de violencia de género en contextos de guerra en Ucrania desde el inicio de la invasión en 2022. Aunque muchos casos no se denuncian formalmente por miedo, estigma o falta de protección legal, las instancias oficiales subrayan que estos actos constituyen crímenes de guerra bajo el derecho internacional humanitario.

El 25% de las mujeres ha sufrido violencia física o sexual

Más allá del estadio militar, muchas mujeres que huyeron de la guerra y ahora viven como refugiadas se enfrentan a riesgos continuos: violencia física, explotación y acoso, tanto dentro como fuera de Ucrania. Un informe reciente indica que una de cada cuatro mujeres ucranianas ha sufrido violencia física o sexual desde el inicio del conflicto, incluyendo situaciones vividas durante el éxodo hacia otros países.

Estas experiencias, narradas con identidades protegidas para asegurar la seguridad de las supervivientes, hablan no solo de dolor, sino también de resiliencia y valentía. Muchas han optado por hablar públicamente para romper el tabú que tradicionalmente rodea la violencia sexual, para exigir que los crímenes sean investigados y para presionar para que haya reparación y responsabilidades legales.

Hasta que estas voces sean escuchadas y reconocidas internacionalmente, el debate sobre justicia y protección de las víctimas sigue siendo uno de los retos más difíciles del contexto de la guerra en Ucrania — y un recordatorio pendiente de que, detrás de las estadísticas, hay historias humanas que merecen ser contadas y dignamente atendidas.