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El presidente de EE.UU., Donald Trump, vuelve a tocar fondo. Solo un 33% de los norteamericanos aprueba su gestión como presidente, mientras que un 64% la desaprueba, según la encuesta Reuters/Ipsos publicada este lunes. Es el peor registro de Trump desde que volvió a la Casa Blanca y una señal inequívoca del desgaste político que acumula seis meses después de haber entrado en guerra con Irán.

El conflicto es uno de los principales factores que explican la bajada. El 80% de los encuestados considera que la guerra se alargará durante un periodo prolongado y solo aproximadamente uno de cada cinco norteamericanos cree que ha valido la pena. Incluso entre los republicanos, tradicionalmente más favorables a la política exterior de Trump, solo la mitad comparte esta opinión, según el mismo sondeo de Reuters/Ipsos.

Las promesas fallidas de Trump

La guerra, además, ha dejado de ser únicamente una cuestión de política exterior. El bloqueo del comercio de petróleo a través del estrecho de Ormuz ha contribuido a encarecer la energía y la gasolina en Estados Unidos. El Brent superó el lunes los 90 dólares el barril, mientras que el tráfico de barcos por el estrecho, una de las principales arterias energéticas del planeta, continúa fuertemente reducido, según Reuters.

Es precisamente aquí donde la política exterior empieza a convertirse en política doméstica. Trump volvió a la presidencia con la promesa de reducir el coste de la vida, pero la guerra está haciendo más difícil cumplirla. La inflación de los precios al consumidor se mantenía en el 3,4% interanual en julio, según los datos oficiales citados por Reuters.

El desgaste también afecta a uno de los terrenos donde los republicanos acostumbran a tener ventaja: la economía. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada el 7 de agosto mostraba que, por primera vez en aproximadamente una década, los norteamericanos consideraban a los demócratas ligeramente más capacitados para gestionar la economía: un 37% frente al 36% de los republicanos.

Los puntos fuertes de Trump

Trump todavía conserva puntos fuertes. Los republicanos mantienen ventaja en inmigración, aunque se ha reducido drásticamente: de 26 puntos en enero de 2025 a solo dos puntos ahora, según Reuters/Ipsos. Pero el problema para el presidente es que su principal promesa —hacer que Estados Unidos sea más fuerte y más próspero— empieza a topar con una realidad que no controla del todo.

Y la guerra no da señales claras de acabar. Este lunes, Trump afirmó que Irán probablemente no aceptará el acuerdo que Washington considera necesario para poner fin al conflicto y volvió a exigir que Teherán renuncie a sus ambiciones nucleares. Al mismo tiempo, las conversaciones diplomáticas continúan estancadas e Irán ha amenazado con adoptar una posición más ofensiva si no se recupera el acuerdo de alto el fuego, según Reuters.

Todo esto ocurre a menos de tres meses de las elecciones legislativas de noviembre. Los republicanos se juegan el control del Congreso y Trump, aunque no concurra directamente, estará inevitablemente en el centro de la campaña. La paradoja es incómoda para el presidente: la guerra que debía demostrar la fuerza de Estados Unidos empieza a poner a prueba su fuerza política. Y, de momento, los estadounidenses parecen menos dispuestos que Trump a pagar el precio.