Donald Trump ha vuelto a sacudir el tablero diplomático europeo con unas declaraciones que desentonan abiertamente con el relato dominante en las capitales occidentales. En una entrevista exclusiva con Reuters en el Despacho Oval, el presidente de los Estados Unidos ha afirmado que no es Rusia, sino Ucrania, quien está bloqueando un posible acuerdo de paz para poner fin a la guerra. Según Trump, Vladímir Putin estaría “preparado para hacer un trato”, mientras que Volodímir Zelenski se mostraría reticente a avanzar.
“Creo que él está listo para llegar a un acuerdo”, dijo Trump en referencia al presidente ruso. “Creo que Ucrania está menos preparada”. Preguntado directamente sobre por qué las negociaciones lideradas por Estados Unidos no han logrado poner fin al conflicto más grave en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la respuesta del presidente estadounidense fue tajante: “Zelenski”.
Trump da crédito a Putin
Estas afirmaciones ponen de manifiesto la frustración creciente de Trump con el líder ucraniano, con quien mantiene una relación marcada por la desconfianza y los episodios de tensión. Aunque el tono entre ambos parece haber mejorado durante el primer año del nuevo mandato de Trump, el presidente estadounidense continúa mostrándose mucho más dispuesto a dar crédito a las promesas de Putin que sus aliados europeos.
En Bruselas, Berlín o París, la lectura es radicalmente diferente. Los gobiernos europeos insisten en que Moscú no ha renunciado a sus objetivos bélicos y que cualquier alto el fuego sin garantías sólidas solo serviría para dar tiempo al Kremlin. De hecho, informes recientes de la inteligencia estadounidense –publicados también por Reuters– alertaban de que Putin mantiene intacta su ambición de controlar toda Ucrania e incluso recuperar zonas de la antigua esfera soviética. Una tesis que la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, puso en duda públicamente.
Las negociaciones, con múltiples interrupciones y reinicios, se han centrado las últimas semanas en las garantías de seguridad para una Ucrania de posguerra. Washington ha presionado a Kyiv para que acepte concesiones territoriales, especialmente en la región oriental del Dombás, una línea roja para el gobierno ucraniano. Zelenski ha reiterado que la constitución del país no permite ceder territorio, ni siquiera como parte de un acuerdo de paz.
EE. UU. presiona a Ucrania
Los contactos están liderados, por parte norteamericana, por el enviado especial Steve Witkoff y por Jared Kushner, yerno de Trump, una elección que ha generado recelos en algunos círculos diplomáticos europeos. Varios funcionarios del continente han expresado dudas sobre la disposición real de Putin a aceptar los términos que se están discutiendo entre Washington, Kyiv y los aliados europeos.
Trump, preguntado sobre una posible reunión con Zelenski en el Foro Económico Mundial de Davos, no confirmó ningún encuentro, a pesar de asegurar que él estará allí. Sobre por qué cree que el presidente ucraniano frena las negociaciones, evitó entrar en detalles: “Creo que le está costando llegar a ello”.
Más allá de la literalidad de las palabras, el mensaje es claro. Trump está redefiniendo el marco del conflicto, desplazando la presión de Moscú hacia Kiev. Un giro discursivo que no solo incomoda a Europa, sino que reabre una pregunta fundamental: hasta qué punto la paz que propone Washington se parece a una paz para Ucrania –o solo a una salida política para los Estados Unidos–.