El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha admitido que no está “contento” con el nombramiento de Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo de Irán, tras la muerte de su padre, Ali Khamenei. A pesar del malestar, el mandatario estadounidense ha evitado explicar cuál podría ser la respuesta de Washington ante este cambio al frente del régimen iraní. En una conversación con el New York Post, Trump ha reconocido abiertamente su disconformidad con la designación del nuevo líder, de 56 años. Preguntado sobre qué planes tiene respecto a Mojtaba Khamenei, el presidente de EE. UU. ha respondido: “No te lo diré. No te lo diré. No estoy contento con él. No durará mucho”.

Su reacción llega después de que durante los últimos días hubiera advertido que el sucesor del líder iraní debía contar con su visto bueno. Sin embargo, en esta ocasión Trump no ha repetido la amenaza anterior de actuar contra cualquier sucesor que asumiera el poder sin su aprobación.

El presidente de los Estados Unidos también ha rebajado las especulaciones sobre una posible operación militar terrestre en Irán para asegurar material nuclear en una instalación subterránea situada cerca de Isfahán. Varios medios norteamericanos habían informado que la opción estaba sobre la mesa después de los ataques contra instalaciones nucleares iraníes. Trump ha insistido en que, de momento, esta posibilidad es lejana. “No hemos tomado ninguna decisión sobre esto. Ni siquiera estamos cerca”, ha afirmado. Sin embargo, el mandatario ya había dejado claro en declaraciones previas que no descarta desplegar tropas si lo considera necesario. “No tengo ningún problema con enviar tropas sobre el terreno. Todos los presidentes dicen: ‘No habrá tropas sobre el terreno’. Yo no lo digo”, había asegurado la semana pasada.

Mojtaba Khamenei ha asumido el cargo tras la muerte de su padre en un ataque aéreo de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero. Según diversas informaciones, en el mismo bombardeo también habrían muerto su esposa, su madre y uno de sus hijos. Considerado un dirigente de línea dura y con estrechos vínculos con la poderosa Guardia Revolucionaria iraní, el nuevo líder supremo llega al poder en un momento de fuerte tensión con Washington, que mantiene la presión sobre el programa nuclear de Irán y sobre la evolución política del país.